Cuando una imagen no vale más que mil palabras

Las mentiras del intendente mano larga

Análisis y Opinión 19 de febrero de 2023 Luis Gasulla Luis Gasulla

Hace una semana, recibí un fragmento de un video en el que se observa a un intendente, hasta ese momento desconocido, acariciando los glúteos de una joven que se acerca a pedirle una fotografía. En medio de las cámaras de televisión que cubrían el carnaval de Concordia, el intendente Enrique Cresto saludaba cariñosamente a su seguidora que le pedía una especie de selfie.

El video no dejaba lugar a dudas. La identidad de la víctima de violencia simbólica -no es correcto que nadie le toque la cola a nadie sin su consentimiento, menos en un lugar público- ningún periodista la publicó. Me demoré algunas horas desde el momento en que recibí el video hasta publicarlo en redes sociales. Confirmé que se trataba del intendente de Concordia, busqué precisiones sobre la fecha del hecho e investigué, con media docena de fuentes, quién era el personaje en cuestión, desde su pasado a sus causas judiciales. 

Al día siguiente, los medios de comunicación más importantes del país, con excepción de los medios públicos, los estatales y paraestatales de c5n y Página 12, por citar los financiados por la plata sucia del kirchnerismo, no dijeron una palabra. Sí se ocuparon de reproducir la débil desmentida de un intendente que se basó en el descargo, guionado según la información que recibí, de su ocasional interlocutora en un carnaval, que trató de aclarar lo que era obvio: La mano estaba donde no debía estar. Fin.

Pero la joven olvidó borrar sus posteos anteriores que fueron capturados por decenas de nuevas fuentes de comunicación que empezaron a enviarme datos, documentos e información sobre lo que estaba pasando en Concordia -la localidad más pobre de la Argentina- con su intendente. Muchos de ellos, asustados, temían dar sus teléfonos personales por temor a ser interceptados por el "aparato de inteligencia" que "maneja la política en Entre Ríos". Parecía exagerado pero es lo mismo que contestan las víctimas de los Insfrán o Zamora del país.

En redes sociales, el fanático K pasó por varios estadios: Del chiste fácil: "Estás molesto porque el intendente no te tocó la cola a vos" a la amenaza "Ojalá te maten por ensuciar a la chica". Nadie la había amenazado. Las palabras de X, por miedo o conveniencia, no me provocaron la menor duda de la información que estaba chequeada desde el momento de su publicación. De Leonardo Fariña sentado con Jorge Rial a Federico Elaskar en América 24, no sería la primera ni última vez, que un testigo o víctima desdecía una denuncia periodística. También Cristina Kirchner insiste en su inocencia al igual que Julio De Vido, Lázaro Báez o Amado Boudou. Sólo el fanático les creen. A pesar de las evidencias fotográficas y fílmicas del choreo.

Si José López hubiese tenido asesores como los que contrató Cresto en su carrera, se hubiese defendido asegurando que la foto del convento no decía nada pues los bolsos estaban a unos centímetros de su mano. Pero muchos medios de comunicación, sin jamás consultar a este periodista, tomaron como válida la desmentida basada en una fotografía -a mí entender, tendenciosa- de un momento determinado de la noche que existió ... o no...

No deja de sorprenderme que los mismos que piden respeto por las familias de una mujer -víctima o no- sigan reproduciendo insultos e infamias sobre el difunto fiscal asesinado, Alberto Nisman. No tuvieron respeto alguno ante sus hijas que observaron en televisión fotos de su padre muerto con señoritas con juguetes sexuales en la mano. Los servicios de inteligencia argentina tenían preparado un compilado de fotos de la vida íntima del asesinado fiscal pero, hasta hoy, no aportaron un dato sobre sus asesinos. Su muerte era necesaria para los denunciados, o sea, el gobierno de Cristina Kirchner.

 Duele que algunos colegas desconfíen de periodistas que han demostrado, a lo largo de unos cuántos años, que los moviliza la verdad y que no publican noticias falsas como otros que ganan millones asegurando que Daniel Scioli es presidente de la Argentina, que Aníbal Fernández sacó 3 millones de votos más que Vidal, que Maldonado fue picaneado por Gendarmería y que se les murió después de una tortura, que lloran por el hambre en tele -ocasionalmente-, y que desinforman a diario sin ponerse colorados.

A todos ellos, les propongo que vean La Nación + este domingo.

Son los que publicaron que Agustina Díaz -una joven vinculada con los copitos- estaba en la puerta del edificio de Cristina Kirchner, en Recoleta, días antes del intento de asesinarla. Desde el primer momento aseguré que se trataba de otra persona y la justicia lo confirmó. Ubicaron a una persona en el lugar de un hecho gravísimo sin chequear un dato. No se disculparon. Tampoco lo hicieron con tantas otras mentiras que se dijeron de ese extraño suceso con el que Cristina alimentó su verso de "los discursos del odio".

Esta vez, la foto no vale más que 1000 palabras.

Porque mientras haya un segmento importante del país que crea que "no es abusado si el chico no se siente abusado" y que crea en desmentidas truchas de intendentes con un prontuario más que un currículum, la Argentina no tendrá salida. 

Seguirán triunfando los que buscan matar a la verdad a diario.

No será en este caso...

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