
La Fragmentación del Peronismo: Internas, Alianzas y Desafíos en la Escena Política Argentina 2025
Desde el 1 de octubre de 2025, la relación entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof se encuentra en un punto de ruptura total. En esa fecha, el Gobernador visitó a la expresidenta en su domicilio en San José 1111, donde cumple con prisión domiciliaria, y desde entonces no han mantenido contacto alguno. La comunicación oficial se ha cortado, y la relación personal se mantiene en temperaturas bajo cero, marcando siete meses de vidas paralelas y silencios profundos.
Este distanciamiento se suma a la ruptura que también afectó a Kicillof y Máximo Kirchner, cuya última conversación data de la noche en que el peronismo sufrió una derrota electoral significativa. En esa oportunidad, en el salón del Hotel Grand Brizo en La Plata, ambos tuvieron que digerir una remontada libertaria que desdibujó las expectativas. El propio Máximo Kirchner habría expresado entonces, en confidencia, que “Axel empezó esta interna desde la provincia, Axel la tiene que cerrar”, señalando que un acuerdo electoral pasa por que Kicillof acerque posturas con Cristina y proponga una tregua.
El enfrentamiento con Sergio Massa fue aún mayor en su momento, pero en 2019 se lograron algunos acercamientos que, hasta hoy, mantienen una relación pragmática y basada en códigos políticos más que en vínculos personales. Como metáfora futbolera, algunos dirigentes comparan la situación con la enemistad entre Palermo y Riquelme, que sin dejar de odiarse, dieron todo por su equipo, Boca Juniors.
Desde el ámbito político, hay quienes expresan preocupación y esperan que Kicillof reflexione y tome la iniciativa de dialogar con Cristina, considerando que la polarización y los enfrentamientos internos no benefician al peronismo en su conjunto. En palabras de un dirigente cercano, “es hora de que Axel le caiga la ficha, reflexione y hable con Cristina. No tiene sentido lo que está haciendo”. La esperanza de recomponer el vínculo y fortalecer un acuerdo electoral en un momento de gran tensión política permanece latente en el liderazgo peronista.
El panorama político en la provincia de Buenos Aires refleja un escenario de márgenes acotados, aunque todavía existentes, en el que las negociaciones están marcadas por heridas del pasado que parecen imposibles de desenterrar. En el sector cristinista, la figura de Axel Kicillof enfrenta una serie de tensiones derivadas principalmente de decisiones que no han sido bien recibidas por el núcleo duro del kirchnerismo.
Uno de los puntos centrales de discordia es la falta de apoyo de Kicillof a la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner para la presidencia del Partido Justicialista Nacional. Además, su decisión de desconocer la conducción del partido, tras haberlo designado en 2019 como candidato a gobernador —una decisión que generó rechazo entre intendentes del conurbano—, ha profundizado las heridas. La relación se ha visto aún más tensa por acusaciones de ataque interno contra Máximo Kirchner, a quien algunos sectores consideran que fue víctima de un golpe dentro del gobierno bonaerense, en un episodio que dejó profundas marcas en la interna oficialista.
En el núcleo camporista, también hay reproches por la falta de atención a la ex presidenta durante su internación en el Sanatorio Otamendi, donde permaneció más de dos semanas por un cuadro de apendicitis que se complicó. La ausencia de Kicillof en ese momento fue interpretada como una muestra de desdén hacia Cristina, a quien anteriormente había apoyado como candidata. Estas expresiones de descontento se han expresado en declaraciones públicas y conversaciones informales, donde algunos dirigentes lo han tildado de “traidor” y “desagradecido”, evidenciando una relación cada vez más tensa y difícil de sostener.
Por su parte, en el entorno del gobernador, si bien reconocen que Cristina Fernández de Kirchner lo eligió como economista de referencia, destacan los logros alcanzados en su primera gestión, que le permitieron revalidar su mandato en un contexto de crisis interna a nivel nacional. Desde allí, intentan proyectar una visión de continuidad, rechazando cualquier idea de ruptura definitiva con la ex presidenta y señalando que, si bien Cristina puede participar en las próximas elecciones, no todo puede girar en torno a sus decisiones, reflejando un cambio de ciclo y una modificación en los roles políticos tradicionales.
En definitiva, la relación entre Kicillof y el kirchnerismo se presenta como una de las más complejas en el escenario político actual, marcada por heridas abiertas, disputas internas y una redefinición de roles que evidencia que, a pesar de la aparente estabilidad, el juego político sigue siendo profundamente inestable y en constante transformación.
Kicillof busca construir su proyecto político con autonomía, priorizando un acuerdo con Cristina Fernández de Kirchner sin someterse completamente a su liderazgo. Su estrategia consiste en formar una candidatura de consenso dentro del peronismo, evitando tanto la subordinación total a CFK como una confrontación abierta que podría debilitar su posición, emulando así la experiencia de Alberto Fernández. En sus declaraciones recientes, el Gobernador de Buenos Aires ha expresado su deseo de transitar un camino intermedio: “Ni subordinación ni una guerra. No quiero ninguna de las dos. Quiero algo lógico. Ir por el camino del medio. Que no jueguen en contra mío. Que no me maten a mí que soy el gobernador”, afirmó, reflejando un perfil que busca equilibrar intereses y evitar conflictos internos.
Actualmente, Kicillof mantiene una postura de distanciamiento estratégico de las internas más agresivas, concentrándose en fortalecer su proyecto nacional con apoyos en el interior del país y considerando las PASO como una vía para garantizar su independencia frente a los acuerdos de cúpula. Sin embargo, en el entorno del cristinismo persiste la percepción de que, tras su alejamiento de CFK, el Gobernador perdió la visión panorámica que la ex presidenta le aportaba, y que aún no ha encontrado un respaldo sólido en la interna.
Dentro del camporismo y sectores cercanos a Máximo Kirchner, existen comentarios críticos respecto a las declaraciones y decisiones de Kicillof, interpretando que su egocentrismo y su referencia a campañas pasadas, como la del 2019, reflejan una visión personal que puede generar resquemores y desconfianza. La tensión interna continúa latente, y algunos dirigentes consideran que, en el largo plazo, la relación entre el Gobernador y el kirchnerismo podría definir el rumbo del peronismo hacia las próximas elecciones.
Del “sin chistar” de Carlos Bianco al “si queres otra canción, yo te presto la mía”, del cancionero camporista. De lo que Kicillof considera que fue una intervención de su gobierno en el 2021, con el desembarco de Martín Insaurralde, a la batalla furiosa por el desdoblamiento que generó múltiples rupturas internas hacia dentro del kirchnerismo. Lo más pequeño, lo más grande, lo más político y lo más simbólico: todo tiene una injerencia desmedida en el vínculo tortuoso que han construido, desde el desacuerdo, el kicillofismo y el cristinismo. Y todo eso late, permanentemente, como el corazón del peronismo.
Si Kicillof es el candidato a presidente de la Nación, La Cámpora apoyará ese camino solo si CFK lo pide. La ex presidenta tiene limitaciones con su libertad pero no en su capacidad de influir en el armado electoral del peronismo. Muy cerca de ella dejan en claro que estará inmiscuida en los detalles del tiempo que viene. “Va a incidir en todo lo que pase”, sostienen. No se retira. No la retiran. El tiempo reflejará la realidad.
Claro está que para La Cámpora el candidato a presidente predilecto no es Kicillof. El camino es largo y pueden aparecer otros nombres. De los puros, solo hay uno que tiene credenciales y apoyo para ponerse al frente de una eventual candidatura: Eduardo “Wado” de Pedro. “Está preparado”, aseguran en la mesa chica de la organización. El mercedino es un verdadero soldado del pingüino.
De Pedro y Máximo Kirchner se mimetizan en una sola cabeza. Aunque “Wado” tenga, en casi todo el espectro político, el reconocimiento de ser un cultor del pragmatismo. Característica que lo desacopla del verticalismo camporista. El senador nacional posee una buena relación personal - aunque desgastada - con Kicillof, al que conoce desde su juventud. Tal vez por eso, y porque realmente lo cree, le dijo en la cara que se estaba victimizando en forma permanente respecto a la interna de poder. Eso es, en definitiva, lo que creen y dicen en La Cámpora a quien quiera escuchar.
En ese juego de equilibrio que hay entre el kicillofismo y el cristinismo, Sergio Massa es una pieza importante. Habla con las dos partes y sostiene esa mesa de tres patas que hoy mantiene unido al peronismo bonaerense. El último lunes, en la gobernación, el líder del Frente Renovador almorzó con Kicillof. Milanesas con puré mediante, habló sobre la situación económica y el tiempo que viene para la fuerza política. Le dejó en claro su postura sobre un tema central para la agenda del peronismo. Una bandera de la gestión libertaria que la sociedad no dejará que se baje. El déficit fiscal no se debe discutir más. Es un tema que la sociedad absorbió como parte del orden de la macroeconomía.
Massa reapareció en escena el domingo pasado cuando se mostró con un grupo de intendentes bonaerenses que tratan de caminar por el medio de la interna entre el Gobernador y los Kirchner. Entre otros estaban Federico Otermín (Lomas de Zamora), Federico Achával (Pilar), Nicolás Mantegazza (San Vicente) y Gastón “Gato” Granados (Ezeiza). Una generación que el ex ministro parece querer apadrinar.
El grupo AFA, como se los empezó a denominar en el mundillo político, están tratando de hacer pie en el medio de la provincia de Buenos Aires. En el partido del fin de semana, abrazos de por medio, le gritaron a Massa: “La tercera es la vencida”, para animarlo a una nueva candidatura presidencial. “Ojo que no hay dos sin tres”, les devolvió el ex funcionario, advirtiendo, con conocimiento de causa, que el camino está lleno de espinas y que el final, casi siempre, suele ser incierto. Hay complicidad y simbolismos que atraviesan ese vínculo político.
Ese sector de intendentes, más distanciado de Kicillof que de CFK, quiere poner en cancha un candidato a gobernador y dan señales de poner al ex ministro de Economía como un referente político al que seguir. Lo cierto es que están entrelazados y trabajando juntos. Massa es de los que cree que el peronismo tiene chances reales de ganar la elección del año que viene, pero que el pri
El panorama electoral en Argentina continúa en plena definición, con un debate central sobre la organización de las próximas PASO o, en su defecto, la posible implementación de una interna abierta. En el ámbito político, algunos actores consideran que la alternativa de las PASO es preferible para evitar el caos, mientras que otros ven en una interna una opción más viable para ordenar la oferta electoral.
Desde el peronismo, gran parte del dispositivo justicialista sostiene que si no se realiza una PASO, la alternativa sería una interna abierta, aunque aún existen dudas sobre la factibilidad de esta propuesta. En particular, no están completamente convencidos de que la candidatura de Sergio Uñac pueda consolidarse de manera efectiva en ese formato. Sin embargo, se percibe que el sanjuanino representa una jugada estratégica impulsada por CFK, con el objetivo de limitar el crecimiento de Kicillof en el escenario nacional. La ex presidenta ha avalado la candidatura de Uñac, cuyo respaldo inicial proviene de «Primero la Patria», un espacio que combina kirchnerismo y algunos peronistas del interior que buscan reconciliarse con la ex mandataria, como Juan Manuel Urtubey.
Por otro lado, en el entorno de Kicillof no ven con malos ojos que Uñac participe en la competencia por la candidatura central del peronismo. De hecho, Andrés “Cuervo” Larroque manifestó a Uñac durante una reunión en su departamento en Belgrano que esta estrategia busca, en definitiva, absorber y dividir el desgaste de las candidaturas adelantadas, que en el caso de Kicillof responde a la necesidad de consolidar su base territorial y objetivos políticos, mientras que Uñac busca elevar su perfil en la escena nacional ante la falta de reconocimiento fuera de San Juan.
El escenario se presenta como un juego de ajedrez donde cada movimiento apunta a definir quién liderará la oferta electoral peronista en un contexto de alta incertidumbre y competencia interna.
La foto futbolera fue leída, en primera instancia, como un guiño a una eventual candidatura bonaerense de Massa. El líder del Frente Renovador le bajó el pulgar a cualquier posibilidad de competir por la gobernación provincial, pero no ha emitido sentencia sobre la escala nacional. Aunque a algunos dirigentes que lo frecuentan les dice que es momento de otras caras. Nadie es capaz de descartarlo de la carrera por la presidencia ni de ponerle el sello de la sentencia.
Al igual que algunos intendentes, Massa tiene sus reparos respecto a la edificación política de Kicillof. No lo termina de ver como un jefe y está convencido de que se equivocó al poner su énfasis en la construcción del Movimiento Derecho al Futuro (MDF). “Se dedicó a construir una línea interna del peronismo, en vez de ser el candidato de todos”, advierte en sus múltiples charlas políticas, que divide entre las oficinas de Tigre, las de avenida Libertador y su casa. Está activo y con el teléfono abierto. Articula voluntades, necesidades y nombres en este tiempo de reconstrucción peronista.


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