Los imperdonables: crónica de la caída

Análisis y Opinión 24 de noviembre de 2015 Luis Gasulla Luis Gasulla
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La directora del Jardín del hijo de un amigo no pudo festejar el triunfo de Cambiemos. Hoy temprano recibió el llamado de Vane, seño de la Sala de 5. “Los chicos lloran porque ganó Macri” le dijo a la directora que no salía de su asombro. “Les tuve que explicar que a veces se gana y otras se pierde, que en democracia hay alternancia”. “Mi abuela casi se muere cuando vio que ganaba Macri en TV”, me dijo un amigo chaqueño, “es que cree que le van a sacar la jubilación”.

Hoy más que nunca, decía un ex compañero de aventuras hoy embarcado en la locura kirchnerista, “hoy más que nunca hay que resistir en las calles”.

Del “con la democracia no se jode” pasamos a la cultura del aguante. No reconocen, al gobierno que asumirá el 10 de diciembre, como democrático. Es un juego peligroso el que están jugando los fanáticos kirchneristas.

En un patio de la escuela primaria de mi hija, los chicos se enojan con el que piensa distinto. No por una banda de rock o un equipo de fútbol. Por un partido político. “Me dijo mi papá que Macri va a cerrar el colegio y no vamos a tener más nada para comer” le dijeron a una nena de 8 años en su colegio.

Los imperdonables no tienen problemas en subir a la web un video de sus hijos o primos llorando un posible gobierno de Cambiemos o mandar a sus pequeños a escupir carteles con fotos de periodistas en Plaza de Mayo.

Los imperdonables no creen en la democracia. Creen que la democracia son ellos. Nada más. Punto. No sólo temen quedarse con los beneficios obtenidos durante la década ganada sino alejarse de esa nube de pedos que es el poder. Creen que desde el poder político se cuestione el relato, la verdad histórica, sus creencias.

Ya lo dijo Pilar Rahola para interpretar los ataques terroristas en París, Francia: “No es una cuestión religiosa sino ideológica”. El kirchnerismo parece una religión pero es una ideología totalitaria y, dentro de su lógica, no se permiten ni el disenso ni la crítica. El crítico es un traidor. El traidor no es la patria. El antipatria debe desaparecer, en estos tiempos, simbólicamente. Si la resistencia hubiese sido violenta, el ataque hubiese sido letal y físico. Para muestra hay un Nisman.

Los imperdonables quisieron arruinar la fiesta de anoche. Lo hicieron parcialmente. El grueso de la sociedad que votó a Cambiemos aún teme festejar. El miedo se instaló anoche con un recuento de votos extraño, singular, único en el mundo. Mientras que Macri bajaba Scioli subía, a pesar de haber reconocido su derrota, abultada según C5N. Medios marginales relataron cómo le robarían 3 a 6 puntos a Cambiemos. No era lo mismo ganar por 10 que por 3. Condicionar al gobierno próximo era la meta.

Los imperdonables quisieron ganar como sea. Esta mañana Aníbal Fernández habló de empate. No saben reconocer una derrota. No entra en su vocabulario. Raro empate que uno se quedó con el poder político, los cargos y los ministerios y el otro se fue a su casa.

¿Qué hará el próximo gobierno con los Imperdonables?

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