El Presto, Uliarte y el relato que no prende

Análisis y Opinión 06 de octubre de 2022 Camilo Cagnacci Camilo Cagnacci
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El artículo 19 de la Constitución establece que "las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados". Sin embargo, en las últimas horas se ha convertido en un hecho noticioso que El Presto habría tenido una relación sentimental con una de las procesadas por el ataque a Cristina Kirchner: Brenda Uliarte.

La excusa invocada por los principales medios de comunicación para hacerlo fue que la Justica busca determinar si el influencer instigó a Uliarte a matar a la vicepresidenta, recordando que El Presto –a quien Página/12 definió como un "odiador serial de ultraderecha"– tuiteó contra CFK en septiembre de 2020, fue condenado en primera instancia por "hostigar" a Fabiola Yáñez en redes sociales y se fotografió con Patricia Bullrich. 

La enumeración no es casual. Apunta a construir un personaje que sea objeto de condena social, y a consolidar un relato que no prende: que detrás del ataque a Cristina Kirchner estuvo "la derecha".

Algo que no sólo no se trasluce en los audios que durante las últimas horas circularon por radio, televisión y redes sociales, sino que la Justicia ha descartado. Por lo menos en lo que respecta a El Presto.

Así las cosas, la difusión de estos audios representa un mensaje cuasi mafioso. Para El Presto, primero. Pero también para todo aquel que disienta con el kirchnerismo y esté dispuesto a manifestarlo públicamente. 

Sobre todo, teniendo en cuenta la creativa forma en que personajes especializados en lanzar bosta contra aspas de ventiladores –como Leopoldo Moreau o Rodolfo Tailhade– atan cabos para salir a cazar brujas, en un contexto donde el combate de los discursos de odio es utilizado como Caballo de Troya con el único propósito de acallar voces disidentes.

En conclusión: si El Presto se acostó o no con Brenda Uliarte es irrelevante. Lo grave es que se lo use para perseguir a quien piensa diferente, de la misma forma en que se usaron las agendas durante los oscuros '70.

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