Dom. May 9th, 2021

Un juez sugirió que un preso por homicidio sea vacunado contra el Covid-19, a pesar de no ser paciente de riesgo

En plena segunda ola de contagios solicitó acceder al beneficio de prisión domiciliaria alegando motivos de salud que la Justicia no constató. Sin embargo un magistrado propuso que se lo inmunice.

Condenado a ocho años de prisión por un homicidio cometido en 2018, Santiago Raúl Servidio (41) es uno de los tantos presos que solicitó el beneficio de la prisión domiciliaria bajo el argumento de la pandemia. La Justicia se lo denegó. Sin embargo, el juez Carlos Blanco sugirió que reciba la vacuna contra el coronavirus, a pesar de que no integra grupo de riesgo.

Todo comenzó el año pasado, cuando Servidio intentó por vía judicial continuar con el cumplimiento de su condena en su casa alegando distintas afecciones. El 3 de julio de 2020, la Justicia hizo lugar de manera parcial al recurso de apelación interpuesto, y solicitó un «nuevo y amplio informe médico» que incluya «todos los estudios necesarios» para determinar «si las dolencias denunciadas configuran problemas que puedan afectar la salud del interno».

A partir de los informes del Área de Salud de la Unidad Nº 28, el juez integrante del Tribunal Criminal Nº 2 del Departamento Judicial de San Isidro, Esteban Andrejin, resolvió no hacer lugar a la aplicación de una «medida morigeradora” y valoró que el hombre de 41 años “se encuentra en buen estado de salud general, y destacó de la espirometría una leve obstrucción de las vías aéreas relacionada con su calidad de exfumador”.

“De tales informes surge que no padece patología médica alguna que lo incorpore en algún grupo de riesgo ante eventual contagio de COVID-19″, expresó el magistrado Gustavo Herbel, quien también rechazó la solicitud. “Se descartaron las patologías invocadas o cualquier otra afección relevante”, agregó y remarcó que el informe tampoco sugiere “que en la actualidad requiera algún tratamiento médico o padezca patología crónica”.

Servidio fue condenado el 5 de diciembre de 2019 a la pena de 8 años de prisión por resultar hallado de coautor de un homicidio ocurrido el 30 de diciembre de 2018. En este marco, su abogado defensor, Fabián Stillo, consideró que debería otorgársele el arresto domiciliario ya que “la pandemia causada por el virus COVID-19 es un riesgo cierto para la salud” de su defendido.

Insistió en que Servidio padecería serios problemas de salud, mencionó que hace un tiempo “tuvo tuberculosis y le dejo manchas en sus pulmones”, y relacionó su cuadro con “EPOC”. Además cuestionó la veracidad del informe médico e indicó que los problemas del preso en cuestión “fueron minimizados por el médico nuevamente”, por lo que peticionó que le practiquen nuevos estudios e informe otro médico.

El abogado justificó haciendo hincapié en las condiciones de “detención y hacinamiento”, en la situación de sobrepoblación carcelaria y en que el fallo no se encuentra firme por haber sido recurrido ante el Tribunal de Casación Penal. Habló de “violación a la presunción de inocencia” de su asistido. Por otra parte, agregó que Servidio “no posee antecedentes condenatorios, que su familia estaría dispuesta a recibirlo” y que mediante una pulsera electrónica se podría controlar que no halla riesgo de fuga.

En este contexto, la Justicia ratificó que Servidio deberá seguir cumpliendo su condena tras las rejas. Sin embargo, uno de los jueces firmantes -Carlos Blanco-, si bien adhirió a los motivos y fundamentos, sugirió “que se adopten los medios necesarios para que se le aplique al nombrado (Servidio), la vacuna contra el virus COVID-19, teniendo en consideración su situación de salud”.

La sugerencia del magistrado llega en pleno avance de la segunda ola de contagios y en un momento donde las dosis escasean, incluso para los grupos de riesgo. La evidencia del primer año de pandemia arroja que apenas 28 personas detenidas murieron a raíz del coronavirus. Esto representa una tasa de 7 muertes cada 10.000. La baja mortalidad de este grupo se explica por la edad de la población carcelaria, que tiene un promedio de 33 años.

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