Lun. Nov 30th, 2020

La dictadura de la corrección política

El derecho a réplica que le faltó a los escribas del fascismo.

En las últimas horas, algunos portales periodísticos levantaron los «repudiables» y «machistas» comentarios de dos periodistas —uno de ellos, quien escribe esta columna— por opinar sobre la mujer y el fútbol. Para calificarlos así, los comisarios políticos del pensamiento único tuvieron que tergiversar lo dicho en el programa Liberman en línea; editarlo; y cortar un minúsculo fragmento de la discusión sobre las periodistas que hacen fútbol en los canales deportivos; estigmatizando al «denunciado» y descontextualizando sus palabras.

El propagandista del pensamiento único no podría permitirse levantar un teléfono y consultar con el “escrachado”. En el “vale todo”, poco importa si el «repudiable» ser —¡Hola!— ha construido una carrera alejada de los escándalos mediáticos; escrito unos cuantos libros denunciando hechos de corrupción; y que, a lo largo de una década, ha trabajado con decenas de personas sin modificar la forma de relacionarse con ellas por su género.

Todo comenzó por una inquietud de un oyente, comentada por el conductor del programa, en el que el radioescucha planteó: “¿Por qué en los programas de fútbol sólo contratan mujeres bellas?”. Y agregó: «¿No es una manera de discriminar?”. La verdadera respuesta la deberían tener los programadores de contenidos de los medios audiovisuales. Pero, su pregunta despertó un sinfín de comentarios entre otros oyentes y una discusión entre los protagonistas del programa.

Más aún, en lo personal, opiné que la pregunta también podría extenderse al género masculino pues, en algunas ocasiones, se prioriza la apariencia física por sobre el conocimiento.

¿La joven periodista de 20 años creerá, realmente, que conduciría un programa deportivo si pesara 30 kilos más o le faltase el cabello como comentaban con sorna sus seguidores para criticarme? Vaya paradoja, ¿no?Denuncian discriminación, pero atacan con señalamientos físicos del tipo «gordo», «negro», «feo», «pelado» o «enano».

¿Tendrá algo que ver que, en los días previos, PeriodismoyPunto publicó una nota sobre la titular del INADI Victoria Donda, que fue leída por más de 100 mil lectores? ¿O la entrevista a El Presto en Instagram Live con un record de visitas, comentarios y reproducciones que superarían al 0,1 de rating que hacen las nuevas estrellas de lo políticamente correcto y de la igualdad de derechos?

La conductora televisiva que exige extirparme de los medios debería satisfecha. Ya lo hicieron. Mientras debate si la Selección de fútbol jugó bien o mal y militan la inclusión de derechos kirchneristas, piden listas negras al que no piensa como ellos; escrachan al opositor; hablan con los serviciales patrones para decidir quién no debe trabajar en los grandes medios; y los escribas deciden qué es o qué no es repudiable.

¿Consentir los abusos infantiles no sería tan repudiable? ¿Pegarle a un jubilado entre medios de las piernas mientras ya está vencido en el piso sería un acto de valentía? Insultar a una mujer por su aspecto físico como han hecho miles de veces con, por ejemplo, Elisa Carrió, ¿es sólo polémico? ¿Denostar al otro por las “convicciones” de tal o cual periodista militante sólo sería “impactante”?

Lo que les molesta no es el mensaje sino el mensajero. Mientras se produce esta ridícula discusión, reproducida por La Nación —no hicieron una reseña de mi último libro, pero un anónimo publicó una nota tergiversando una opinión—, en Netflix puede verse Bomshell. Una película basada en hechos reales, sobre el acoso sexual que sufrieron periodistas de la cadena Fox News de Estados Unidos por Roger Ailes.

El poderoso ejecutivo las hostigaba e inducía a utilizar minifaldas, vestirse de forma seductora para presentar noticias y, luego, sugerirles la mejor manera de ascender en la pantalla de la manera más rápida y segura. La tuitera podría empaparse de aquella historia y preguntarse qué es lo importante y qué lo superfluo.

El escriba anónimo que criminalizó mi opinión es un aprendiz del Ministro de Educación Popular y Propaganda de un tal Adolf Hitler. Joseph Goebbels, tenía un manual para destruir al “enemigo” a través de la propaganda: Principio de la simplificación y el de Transposición, esto es, cargar sobre el adversario los propios errores o defectos. También utilizaba el principio de orquestación, esto es, repetir un pequeño número de ideas y repetirlas hasta el infinito.

La conductora propone acallar una voz por una opinión –la cual ni siquiera conoce-. Debería saber que ya pasó. Proponga una quema masiva de mis libros, publiquen y legalicen la lista negra de los que no pueden trabajar en televisión e, incluso, pidan la cárcel hacia los periodistas que le incomodan sus opiniones o investigaciones. Quizá, en la Argentina actual, sus deseos fascistas, ya se estén cumpliendo.

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