Jue. Nov 26th, 2020

Exclusivo: Lo que Carrió olvidó del pasado del juez Daniel Rafecas

Carrió aseguró que Rafecas es «el mal menor» pero el candidato a Procurador General tiene un pasado cuestionable, incluso, por la líder de la Coalición Cívica. Informe especial.

La semana pasada Elisa Carrió defendió la postulación del juez Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación. Aseguró que se trataba del «mal menor» y que no iría por el armado de causas judiciales ni perseguiría opositores pues venía conversando con él sobre el tema y le aseguró que esa no es su intención.

Pero Rafecas tiene un pasado cuestionable, incluso, por la líder de la Coalición Cívica y socia fundante de Cambiemos.

Rafecas y su padrino político en la justicia, el rey del garantismo, Eugenio Zaffaroni

En Érase una vez en Argentina, mi último libro, repaso el pasado de Rafecas pues analizo el rol del Presidente Alberto Fernández como garantía de conseguir la impunidad de Cristina Kirchner e instalar el Ministerio de la Venganza.

Aquí el texto:

«El 26 de febrero de 2015, con el cadáver de Nisman aún caliente, el juez Daniel Rafecas desestimó su denuncia. Antes de hacer pública su decisión, invitó a los directivos de la DAIA –representantes políticos de la comunidad judía argentina- a su despacho en Comodoro Py. Delante de su Presidente, Julio Schlosser, el vicepresidente primero, Waldo Wolff, y el actual Presidente de la DAIA, Jorge Knoblovits, el juez firmó el escrito y les explicó los motivos por los cuales no pensaba procesar a nadie. Wolff, dirigente de la comunidad judía que a fines de ese año sería electo diputado nacional por Cambiemos, le repreguntó si había prestado atención a las escuchas telefónicas que formaban parte de la denuncia del fallecido fiscal y si no le parecía que había material suficiente para indagar, al menos, a personajes como Luis D´elia o Jorge Yussuf Khalil. Rafecas les explicó que él sabía que Nisman estaba “psiquiátrico” pues lo había conversado con su secretaria personal, Soledad Castro, a quien conocía previamente ya que era una destacada estudiante de su cátedra y, por ello, la había recomendado ante Nisman para que la sumase a su fiscalía especial. “Además, ¿con cuál Nisman me quedo? ¿Al que denuncia a Cristina Kirchner o el que dejó un escrito que la exculpa?” La pregunta retórica quedó flotando en la memoria de los asistentes. Caminando por las calles aledañas al emblemático edificio judicial, el futuro diputado le preguntó a Knoblovits: “Che, ¿será así? ¿Estaba loco Nisman?” Se miraron con más dudas que certezas. El kirchnerismo había intentado instalar, desde el minuto uno, que Nisman había sido un cobarde que se había pegado un tiro porque no podía sostener su inconcebible denuncia. En el medio, la Presidenta iba y venía, con la teoría del asesinato para debilitar a su gobierno o, incluso, dirigentes de su espacio político, a sugerir la idea de un crimen pasional al mencionar la extraña relación que, según ellos, tenía Nisman con el perito informático Diego Lagomarsino.

Wolff se quedó impávido frente a la pantalla de su televisor cuando escuchó esa misma pregunta en boca de una Presidenta que retaba a la oposición por colgarle carteles con la palabra AMIA en la inauguración de sesiones ordinarias del Congreso. Ese mediodía habló más de cuatro horas. Habían pasado menos de 72 horas del encuentro con Rafecas y la Presidenta repetía la pregunta del juez federal. ¿Con cuál Nisman me quedo? Ese 1º de marzo, Cristina Kirchner calificó a la justicia como un partido político que funcionaba al margen de la Constitución, las leyes y los códigos mientras que prometía un proyecto de ley para nacionalizar las líneas ferroviarias. Sobre Nisman, Cristina Kirchner dijo que lamentaba su muerte como “de cualquier argentino, de cualquier ser humano” pero lo que denunció “fue un mamarracho”.    

Tiempo después, Wolff conversó con Soledad Castro sobre aquel llamativo encuentro con Daniel Rafecas. No podía quitarse de la cabeza la similitud de los dichos del juez, en privado, y de la Presidenta en el Congreso de la Nación. Castro se sorprendió ante el comentario de Wolff: “Yo no hablé con Rafecas tras la muerte de Nisman. Sólo intercambiaba mensajes por saludos navideños o de fin de año pero yo no volví a hablar con él y tampoco es cierto que haya dicho que Nisman estaba “psiquiátrico”. Hernán Capiello, periodista de La Nación, explicó en detalle las razones de los dos escritos contradictorios que había dejado Nisman en la caja fuerte de su departamento en las Torres Le Parc. Castro y cuatro empleados más de la fiscalía AMIA habían escuchado, de boca de Nisman, los motivos de por qué se había inclinado por denunciar a la Presidenta. No había contradicciones. Castro confirmó sus dichos ante el Consejo de la Magistratura que, tras el cambio de gobierno, empezó a investigar la decisión express de Daniel Rafecas de desestimar la denuncia de Nisman. Su fallo funcionó en sincronía con los dichos presidenciales de tal forma, que no son pocos los que creen que, ese escrito, no había sido redactado por Rafecas.

En octubre de ese año, invitado al programa televisivo de Nelson Castro, Wolff recordó lo contradictorio del fallo de Rafecas y aportó un detalle técnico que nadie se había percatado: El juez, en su resolución había omitido un párrafo final y decisivo de la respuesta de Soledad Castro al motivo que había esgrimido Nisman de mantener dos escritos, en apariencia, contradictorios. Olvidaba el cuerpo y el espíritu de los papeles. “Rafecas guionó el documento al mejor estilo 678, lo cortó, lo editó” explica Wolff al autor. “Buscó pruebas para incriminar a Nisman y no para investigar la denuncia del fiscal” resumió el diputado. Pocos minutos después de aquella entrevista, Rafecas llamó a Wolff en tono amenazante, molesto por lo que había escuchado en televisión.

– Sos consciente que si salgo en los medios y digo que me estás amenazando esto es un escándalo», le dijo Wolff, según su relato a Rafecas.

– ¿Estás amenazando a un juez federal?- retrucó Rafecas.

La conversación terminó abruptamente luego de que, una voz femenina le gritó al dirigente de la DAIA: “Te vas a morir, hijo de puta”. Tras la difusión de la impropia conversación, Rafecas negó todo. Sin embargo, al año siguiente, lo admitió en el Consejo de la Magistratura al afirmar que la conversación había existido pero que se había desarrollado en términos “ásperos y difíciles” aunque sin amenazas. Fue sancionado con la quita, por única vez, de la mitad de su sueldo.

Nisman, Rafecas y la ex Presidenta Cristina Kirchner.

Rafecas fue el juez que debía investigar las negociaciones del ex vicepresidente Amado Boudou en su relación con la empresa Ciccone Calcográfica. En cambio, aconsejaba a los sospechosos. Es el juez que protagonizó la increíble liberación de Dragoslav Illic, un narco serbio de la causa “Viñas Blancas”. La DEA –Administración para el Control de Drogas- descubrió que, mientras debía cumplir arresto domiciliario, se casaba en el Hotel Four Season, en Puerto Madero, en una lujosa fiesta y Rafecas lo miraba por televisión. Pero insistió en el papelón. El juez autorizó a otros de los narcotraficantes, Dejan Trisc, a operarse de la cadera fuera de la órbita de los hospitales del Servicio Penitenciario. A los narcos serbios los defendía José Manuel Ubeira. Otro de los involucrados era defendido por Julio Vergolini, ex abogado de Julio de Vido. Según una investigación del periodista Walter Goobar, el 10 de mayo del 2006, Ubeira denunció al juez Rafecas por “violación del secreto de sumario”. Decía tener como prueba un intercambio de mails entre el juez y el periodista Daniel Santoro. Sospechosamente, en medio de la polémica con el abogado defensor de los procesados narcotraficantes, el fiscal adjunto, Jorge Álvarez Berlanda, cambió los cargos y los investigados quedaron a un paso de la falta de mérito. Tras su decisión, Berlanda se fue 45 días de vacaciones con su familia a Europa paseando por el festival de Venecia, en Italia. Terminó denunciado por cohecho. En la trayectoria judicial de Rafecas suele haber olor a Puf.  

Las negociaciones fuera de los caminos formales de las instituciones son una especialidad de los operadores. El ex titular de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, lo invitó a cenar al fiscal Stornelli y a su mujer, poco después de que se conociesen las escuchas de Eduardo Valdés con funcionarios presos por corrupción en el penal de Ezeiza. Alberto Fernández ya estaba lanzado a la Presidencia de la Nación. Lorenzetti había suspendido un viaje a Rafaela, su ciudad natal en Santa Fe, por esa cena con un fiscal agasajado vaya a saber por qué. Marcela Losardo escuchó lo que se habló esa velada en la que el D´alessioGate se hizo presente en la sobremesa. La amiga y socia del futuro Presidente de la Nación empezaba a moverse entre los hombres y mujeres que manejan los hilos judiciales. Los amigos de la Facultad de Derecho habían sido socios en un estudio jurídico y habían compartido tareas en la Superintendencia de Seguros durante el menemismo. Para el invitado al banquete, lo que se cocinó en la cena, sigue siendo un misterio.

Para Bárbaro, los modelos políticos de Fernández son los “operadores” o “gestores” como José Luis Manzano, ex ministro del Interior de Carlos Menem y Enrique “Coti” Nosiglia, su antecesor en el gobierno de Raúl Alfonsín. Alberto los superó. Llegó al sillón de Rivadavia. Un operador llegaba a la Presidencia de la Nación».

Apoyá a los que luchamos por el derecho a la verdad. En los medios financiados por el poder, difícilmente la encuentres. Hace click acá, y suscribite a PyP.

4 thoughts on “Exclusivo: Lo que Carrió olvidó del pasado del juez Daniel Rafecas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *