Jue. Dic 2nd, 2021

Exclusivo. Cuando Alberto Fernández elogiaba la ley del arrepentido

En las últimas horas, el Presidente aseguró que la ley fue parte del lawfare. ¿Por qué cambió?

«Estos son mis principios pero si no le gustan… tengo otros». Pareciera que Alberto Fernández no se cansa de homenajear al inolvidable humorista Groucho Marx. La frase con la que comienzo esta crónica, así lo demuestra. Es que, destacados fiscales y jueces de Comodoro Py que estuvieron al frente de las investigaciones más resonantes contra la corrupción durante los gobiernos kirchneristas, no pueden entender qué quiso decir sobre la ley del arrepentido y cómo cambió el actual presidente.

A mediados del 2018, tras explotar la causa Cuadernos, el crítico Fernández deambulaba por los bares cercanos a la Facultad de Derecho elogiando la olla que había logrado destapar el periodismo y la justicia argentina. Es el mismo hombre que, a este periodista, entrevistado para El negocio político de la obra pública, le pidió hablar en serio y mencionó a los negociados de la Patria Contratista que incluía a los oportunistas y flamantes empresarios cercanos al poder político K, como Lázaro Báez. ¿Qué le pasó?

Su admiración por la investigación era tan grande que se sorprendió y elogió el destape de información que suministró el contador de los Kirchner, Víctor Manzanares, comentaba en televisión los dichos de Leonardo Fariña, se indignaba con las imágenes de la Rosadita y se amargaba con José López revoleando bolsos. Este portal recordó cómo Fernández sintió un interés particular por el testimonio del colaborador ex secretario de los Kirchner, el asesinado Fabián Gutiérrez.

Pero apareció un millonario cliente que prometía venganza desde los pasillos del penal de Ezeiza. Cristóbal López le auguró un destino de cárcel al ministro de Justicia, Germán Garavano. Ideó la vendetta, se despojó de sus egos y envidias con Lázaro Báez y, juntos, empezaron a construir la más sofisticada operación política de los últimos tiempos: el Puf. Los detalles, la logística y los protagonistas fueron aportados por un grupo de abogados vinculados con los servicios de inteligencia que le ofrecieron a Cristina Kirchner el sustento argumentativo de su obra magna Sinceramente.

Hoy, el sorprendido y extasiado político que quería saber más y más por las causas de corrupción, asegura que la ley del arrepentido fue «mala» y que «fue un sistema de compra-venta de testimonios» que se aplicó para perseguir «dirigentes políticos opositores».

Lo que nadie en el kirchnerismo puede explicar es cómo, si así fuera, ni uno sólo de los arrepentidos se arrepintió de arrepentirse. A pesar de aprietes, amenazas de muerte, operaciones de todo tipo, armado de causas, escraches mediáticos e inventos a granel. ¿Cómo?

Cristina maneja el gobierno. Está decidida a voltear la Causa Cuadernos. El Presidente Testigo trabaja para ella. Los que lo escuchaban en Py y recibían sus elogiosas palabras hoy se preguntan, ¿y si a finales del 2018 ya estaba jugando para Ella? ¿Nos elogiaba sinceramente o nos venía a quitar información?

Sólo Fernández sabe cuáles eran sus intenciones en aquellas movidas semanas de finales del 2018. Sólo él sabe quién es realmente.

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