Jue. Dic 2nd, 2021

Amores y odios de Maradona con los políticos argentinos y líderes mundiales

De Alfonsín a Menem. De los Kirchner a Fidel pasando por la Venezuela chavista y la Argentina de Macri.

Casi todos lo quisieron seducir. Incluso comprar. Nadie se mantuvo indiferente ante la zurda mágica. El peronismo siempre entendió la magnitud que generan los ídolos deportivos y la conveniencia de arroparlos. A pesar de provenir de una familia radical, Diego Armando Maradona se sintió identificado por los peronismos. Coqueteó con Carlos Menem, bancó a Domingo Cavallo y se enamoró de «la izquierda» con el kirchnerismo.

Sólo tuvo una mala relación con Eduardo Duhalde cuando, en aquellos tiempos de corralones y devaluaciones asimétricas, funcionarios del gobierno duhaldista lo atacaron públicamente por sus relaciones con las drogas. Atrás había quedado la campaña «sol sin drogas» durante el menemismo, la detención escandalosa en un departamento de Caballito -sobre la calle Franklin- y la filtración de escándalos en los medios que el entorno de Maradona creía que era una manera que había elegido la SIDE menemista para tapar sus propios escándalos.

Raúl Alfonsín no quiso subirse al éxito de la consagración de México 86 pero les abrió las puertas del balcón de Casa Rosada. Menem hizo lo propio en 1990 pero sí se subió a la caravana futbolística. Daniel Scioli tenía relación con El Diego que se abrazó a la izquierda latinoamericana después de colgarse la remera de Cavallo. Fue a fines del siglo XX cuando se exilió en la Cuba de Fidel Castro. El líder cubano le permitió todo y, con el control absoluto de la prensa, evitó que se filtrase a los medios, durante años, aquellos días de excesos.

Hugo Chávez siguió los pasos de Castro y le ofreció su Venezuela que comenzaba a transitar hacia el autoritarismo. Maradona se iba militarizando y el kirchnerismo supo aprovecharlo para usarlo en su batalla contra el Grupo Clarín y el «secuestro de los goles». Maradona, hábil negociante, no era ingenuo. Nacido en Villa Fiorito, en el límite entre el partido de Lanús y Lomas de Zamora, supo explotar sus dotes de líder, orador y gran showman ante las cámaras de televisión del mundo entero. Fue un genio en las canchas y un gambeteador entre los negocios políticos. Lo usaron y los usó.

Nunca quiso a Mauricio Macri. Ni como dirigente del fútbol ni como Presidente de la Nación. Representaba al empresario «garca». Se desconfiaban mutuamente.

Sus seguidores y la clase política, en general peronista, lo identifica con el pueblo. Pero Diego no dijo nada de los trabajadores que murieron en un tren que chocó en Once o de las víctimas de carne y hueso de los regimenes autoritarios del norte argentino. Como sus referentes, apareció en Fiorito en una elección. Donde surgió la magia futbolística del más grande hoy aflora una inmensa villa miseria.

Fiorito es una perfecta postal de las contradicciones del peronismo y de lo que llaman pueblo.

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1 comentario en «Amores y odios de Maradona con los políticos argentinos y líderes mundiales»

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