Mar. Dic 1st, 2020

El Nodio que celebró el kirchnerismo

Las contradicciones del proyecto K para censurar a la prensa.

A las 17:58 del 25 de octubre del 2015, un zócalo de C5N informó a todos sus televidentes que Daniel Scioli había ganado por amplia diferencia. Los argentinos aún estaban votando pero una de las conductoras del canal de Cristóbal López sentenciaba que el ex motonoauta era el próximo Presidente argentino. El periodista militante, Roberto Navarro, argumentaba que esa victoria se debía a al éxito del candidato kirchnerista, Aníbal Fernández, en la provincia de Buenos Aires que había posibilitado una ventaja de más de tres millones de votos sobre un candidato que no había crecido en su caudal de votos desde las PASO. Aseguró que, desde la elección pasada: “El único que aumentó fue Daniel Scioli”. Un canal de televisión violaba la ley electoral y concluía que un candidato había ganado las elecciones en primera vuelta. Menos de cuatro años después, esa señal intervino la única cadena nacional que dio el ex Presidente Mauricio Macri desmintiendo sus afirmaciones en vivo y en directo. Postales del Nodio que celebró el kirchnerismo. 

“Ahora que veo lo que la alianza Cambiemos ha hecho censurando y encarcelando a dueños de medios opositores, provocando el despido masivo de periodistas y trabajadores de esa actividad no puedo dejar de pensar en aquellos que (…) colaboraron para que Mauricio Macri fuera Presidenta”. El párrafo pertenece a “Sinceramente”, el libro autobiográfico de la actual Vicepresidenta de la Nación que convalidó el Operativo Puf orquestado por el Instituto Patria, abogados caranchos, servicios de inteligencia residuales y costosos operadores para socavar la causa Cuadernos que comprometía a la Jefa y a la Patria Contratista. El best seller, ofició de preludio del Nodio de Miriam Lewin. Misma función que tenían los reiterativos informes de las noches de la Televisión Pública K con 678 en los que se aseguraba que Magnetto tenías las manos “manchadas de sangre” o pedían que devolviesen a los nietos (por los hijos de Ernestina Herrera de Noble). La misma práctica se reprodujo en el intento de criminalización de la práctica periodística ejercida por la Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires en la causa judicial de Dolores cuando el juez Alejo Ramos Padilla tercerizó su investigación para que los “expertos” evalúen los chats del supuesto abogado D´alessio con periodistas profesionales.  

Hay frases que no merecieron el repudio de los creadores del Nodio. El 6 de junio del 2016, a menos de medio año de comenzado un nuevo gobierno, sentado frente a Mauro Viale, Guillermo Moreno aseguró que el gobierno de Macri “le saca la comida de la boca a la gente. Videla tiraba compañeros nuestros vivos al mar pero no se metió con el precio de la comida. Este es un gobierno oligárquico como no hubo en los últimos 70 años”. El ex secretario de Comercio instalaba la moda de comparar al gobierno de Macri con la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Lograban frivolizar la muerte y los desaparecidos mientras deslegitimaban a un gobierno elegido por la voluntad popular.  

El abogado de Cristina Kirchner y Cristóbal López, Carlos Beraldi, sentenció, dos años después, que “al próximo Presidente de la Argentina no lo van a elegir los jueces de Comodoro Py. Lo va a elegir la gente”. Eran tiempos en que, junto a otros abogados cercanos al Instituto Patria, instalaban la teoría, convalidada por la Jefa Cristina, que Macri había sido elegido por “Comodoro Pro”, la corporación de los grandes medios “monopólicos” y que la gente había votado “engañada”. Corría septiembre del 2018 y sentían que el regreso al poder estaba a la vuelta de la esquina. Tendrían razón. 

Desde el primer momento de la gestión Cambiemos, el aparato comunicacional que respondía a los intereses de Cristina Kirchner instaló slogans de alto impacto: “No llego a fin de mes”, “Con Cristina estábamos mejor”, “Es un gobierno de ricos que gobierna para los ricos”, “Conflicto de intereses en el gobierno de los CEOS” o el más directo: “Macri basura vos sos la dictadura”. El 26 de abril del 2016, en el programa Intratables, la actriz Cristina Tejedor pidió emocionada que “paremos con el odio porque vamos al supermercado y yo mismo no puedo comprar las cosas, yo no llego a fin de mes”. ¿Podrá la actriz militante llenar el carrito del supermercado en un contexto de alza de precios, desocupación galopante, cuarentena selectiva y un dólar que se multiplicó en 4 desde que los mercados supieron que los Fernández gobernarían el país?  

Eran tiempos en que panelistas de televisión fogoneaban corridas bancarias, corralitos de todo tipo y aseguraban que Don Satur cerraba sus puertas. Es que “tenés que ser horrible para fundir Coca Cola. Le puede pasar a cualquiera con un restaurante pero la Coca Cola…” concluía en la campaña presidencial 2019, la ex Presidenta. 

Aprendices del “miente, miente que algo quedará”, los aplaudidores del Nodio aseguraron que Santiago Maldonado había sido torturado, desaparecido y asesinado por la Gendarmería por orden directa de Patricia Bullrich, llevaron testigos truchos a la televisión, mapuches con binoculares y vista biónica, concluyeron sin pruebas que docentes eran torturadas en el municipio de Moreno y sus panzas marcadas con un punzón como si estuviésemos viviendo la noche más oscura de nuestra historia, que los bolsos de José López contenían los dólares de la Patria Contratista macrista, que los Cuadernos eran fotocopias escritas por el supuesto abogado Marcelo D´alessio, que la hija de María Eugenia Vidal utilizaba el helicóptero oficial para ir a recitales de rock, que los camiones de caudales se iban del país por “la fuga de los amigos de Macri” con fotos tomadas en Chile del 2015, que Macri había utilizado un micrófono en el debate presidencial y que los tuiteros que marcaban estas mentiras eran todos “trolls de Marcos Peña”.  

Hoy los seguidores del Nodio gobiernan la Argentina y le piden a la oposición y al periodismo crítico que no utilicen una muerte. Por esa razón, pocos recuerdan qué pasó con el asesinato de Luis Espinoza en Tucumán en medio de la cuarentena. Tampoco de otras muertes sin prensa a manos de las policías de los feudos del norte argentino que confundieron el aislamiento social con la violencia institucional. Los que exigen no politizar una muerte son los que aplaudieron las palabras de Cristina Kirchner sobre Maldonado: “un joven tatuador que en solidaridad con los mapuches un día, no meses… un día, cortó una ruta lejana y solitaria de la Patagonia, no sólo nunca será senador, sino que tampoco ya nunca será hijo, ni hermano, ni padre, ni nada…”.  

Pero no todas las muertes son santificadas en el universo kirchnerista. En “Sinceramente”, un libro que debería leer Miriam Lewin antes de referirse al Nodio, su autora aseguró que “por investigaciones posteriores, fotografías y testimonios se reveló la verdadera vida del fiscal Nisman: acompañantes pagas, fiestas, modelos y viajes al exterior. Supimos que iba todos los jueves a un club nocturno llamado Rosebar –allá se ejercería la prostitución vip-, donde tenía una mesa en la que gastaba miles de pesos por noche. Era tan habitué que se la identificaba como “la mesa Nisman”. Pocas veces hubo tanto odio en un párrafo para referirse a un fiscal de la Nación que apareció muerto horas después de denunciar al Poder Ejecutivo por traición a la Patria.  

Lewin y los “intelectuales” que la rodean hubiesen tenido que trabajar a destajo para combatir el Nodio durante la Resistencia K. 

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