Sáb. Sep 26th, 2020

A 10 años de la sangrienta toma del Indoamericano, Argentina es un país Okupa

Tomas, usurpaciones, coqueteo con el delito y la extorsión de los punteros y los dirigentes sociales.

El 6 de diciembre del 2010, Argentina inauguró la toma de tierras como manera de resolver las internas políticas. Una década después, en el país se usurparon 4300 hectáreas de tierra desde que comenzó la cuarentena eterna. A ese número se suman decenas de propiedades usurpadas por okupas en la Ciudad de Buenos Aires, conurbano bonaerense, interior del país con el epicentro en el Partido de la Costa.

Como si el tiempo no hubiese transcurrido, los protagonistas se repiten. El falso héroe de la toma del Parque Indoamericano fue Sergio Berni, un militar que ingresó para censar a los 13300 habitantes del Parque que negociaron un título de propiedad que nunca obtuvieron. La Presidenta era la actual Vicepresidenta. Los dirigentes sociales que denunciaban el abandono de las políticas de inclusión en la Ciudad eran Fernando «Chino» Navarro, Luis D´elia y Emilio Pérsico. Juan Grabois aún era desconocido. Aníbal Fernández era la solución al problema y hoy opina de las tomas de tierras echándole la culpa a la gestión macrista como Santiago Cafiero que, en aquel lejano 2010, ya tenía un contrato en el Estado pero no soñaba con ser Jefe de Gabinete -en el 2007 se suma al Plan Productivo Nacional en el Ministerio de Educación de Daniel Filmus-.

La respuesta de la policía

La producción nunca aumentó en la última década con excepción de algunos meses del 2012, del 2016 y 2017. Nada más. Las tomas y villas miserias hoy, reconvertidas lingüísticamente, en «barrios populares», sí.

Ese diciembre del 2010, Evo Morales se candidateó para ayudar al país con la ayuda social. Quedó en una promesa más. La Argentina le devolvería gentilezas ayudándolo a darle refugio tras su escandalosa salida de su país.

Hoy las tomas de tierras no afectan al gobierno nacional. Más aún, pareciese que las fogoneasen. En el 2010, la toma del Parque Indoamericano sí fue un cimbronazo político para el gobierno nacional pues marcó la caída en desgracia del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ascenso de su enemiga interna, la Ministra Nilda Garré, quien pasó a manejar a la Policía Federal.

El Indoamericano fue el primer paso en falso de Sergio Schoklender ya que desde el obrador del barrio de Los Piletones, se habrían ejecutado los disparos que provocaron la primera de las tres muertes que produjo la toma. Según los datos oficiales del Censo 2010, la población en las villas y asentamientos creció el 52,3% entre el 2000 y el 2010. El resultado de medio semestre de cuarentena, arrojará un dato espeluznante.

El descontento de los vecinos de las villas 15 y 20, hartos de promesas inconclusas, el aprovechamiento de punteros barriales por conquistar poder territorial y la ausencia del Estado –tanto nacional como de la ciudad– en la zona sur, fueron las causas políticas y sociales de la toma. El Indoamericano fue la ocupación de espacio público más populosa –estuvieron presentes con sus carpas más de 13.300 personas– de los últimos 20 años y dejó un saldo de tres muertos. Los ocupantes se fueron del parque, repentinamente, luego de las gestiones del gobierno nacional que les prometió una vivienda propia.

Diez días antes de la toma del Indoamericano, el jefe de gabinete del gobierno de Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, anunció que se entregarían títulos de propiedad a los habitantes de las villas porteñas, quienes podrían comprar y vender su casa legalmente si cumplían con el pago del ABL correspondiente (Alumbrado, barrido y limpieza). Esa supuesta medida afectó los alquileres en los barrios carenciados que representaban un 30% de los habitantes, generando una ilusión desmedida. “Si a las villas las blanquean”, pensaron algunos oportunistas, “ocupemos nuevos terrenos que es un gran negocio”. En la toma del Indoamericano se mezcló la especulación y la espontaneidad. Según versiones de los vecinos, la ocupación nació por el descontento de punteros vinculados a Blanca Arce –dirigente de la villa 1–11–14– con el creciente poder de Enrique “el comandante” Rodríguez que necesitaban hacer “caja”. La idea era presionar al gobierno usurpando terrenos públicos y luego, ante la presencia de los medios, “arreglar” la salida por intermedio de suculentos subsidios. Tanto Arce como Rodríguez aumentaron sus negocios a través de distintas cooperativas, constructoras y subsidios. La disputa entre ambos se generó por una concesión y un contrato no entregado. “El comandante” fue funcionario durante la intendencia de Carlos Grosso, en la que alcanzó el cargo de Director de Tránsito.

Tomas durante el gobierno de Cristina Kirchner

En esa época, un programa de televisión lo escrachó vendiendo licencias truchas de taxi y terminó preso por ese delito. Regresó al gobierno de la ciudad durante la gestión de Jorge Telerman en el Instituto Para la Vivienda –IVC– y se afianzó durante el macrismo gracias a sus vínculos con el legislador Enzo Pagani de la bancada del PRO y con su ex esposa, Karina Leguizamón, dirigente histórica del peronismo de la ciudad, donde llegó a ser secretaria de Víctor Santa María, sindicalista que preside el SUTERH.

La presencia de Schoklender en la toma fue notoria y poco feliz. No solo apareció en los medios pidiendo la recuperación del orden sino que varios testigos afirman que la noche en que se produjeron las muertes de Bernardo Salgueiro y Rosemary Puqueña, gran parte de los disparos fueron efectuados por sus matones desde las obras de Los Piletones. En testimonios televisivos, el propio Schoklender admitió que estaba presente a las tres de la mañana en el Parque cuando fue informado de que habían intentado tomar a los tiros el obrador con anuencia de la policía Metropolitana. Luego se fue a la comisaría a denunciar a un grupo de personas que “envenenan a los chicos con el paco”. “Eso es lo que está construyendo Macri en la ciudad”, concluía el apoderado. Lo que no relató públicamente fueron los motivos reales de su presencia esa noche. Schoklender no exigía la represión para cuidar a los niños del narcotráfico, sino porque el fin de semana anterior a las primeras dos muertes, personas provenientes de la villa 1–11–14 estaban armando sus asentamientos en una zona lindera a la obra de Los Piletones frente al Indoamericano. Los asentamientos se levantaban en una parte periférica, donde había yuyales, matorrales y ratas. Era una amenaza para la imagen de la Fundación y, por la noche, los matones de Schoklender que respondían al histórico puntero de la villa 20, el ex boxeador Marcelo Chancalay, caminaban la zona iluminando los rostros de los ocupantes con linternas de forma amenazante mientras les mostraban sus armas. Pero los primeros ocupantes no se dejaron amedrentar fácilmente. Se acercaron a las rejas del obrador y las golpearon con palos. Esa madrugada, volaron piedras e inclusive sonaron disparos al aire, efectuados por la seguridad de Madres. Al día siguiente, el propio Schoklender se hizo cargo de la situación. Ni la Fundación ni su presidenta, Hebe de Bonafini, jamás emitieron un discurso que contradijese las palabras de su apoderado, en las que vinculó la toma con bandas de narcotraficantes. El patoteo y las amenazas, en la zona, tampoco fueron motivo de cuestionamiento por el núcleo de la Fundación.

José Marcelo Piñero, líder vecinal, quien estuvo presente en Casa Rosada junto con otros referentes sociales para solucionar el conflicto del Indoamericano, aseguraba que durante la toma y luego del censo efectuado por Sergio Berni, hombre de confianza de Nilda Garré y de Alicia Kirchner, Schoklender les propuso un negocio. Piñero presenció el diálogo y lo relató antes de que el apoderado dejara la Fundación: “Acá nosotros no les vamos a dar bola a lo del censo. Le vamos a dar bola al censo que hagan ustedes. Pongan los nombres y el número que necesiten”.

Diez años atrás

La propuesta consistía en aumentar el número de personas censadas para que, con esa información, Schoklender pudiera presentarse ante el gobierno nacional a reclamar más fondos para construir viviendas. A mayor cantidad de interesados en viviendas, mayores subsidios.

La presión de los medios y de la opinión pública crecía; más aún, luego del discurso presidencial que coincidía con las imágenes televisivas de un grupo de hombres que bajaban por la fuerza de una ambulancia del Same a Julio Valero, el joven de 19 años de nacionalidad boliviana que salvó milagrosamente su vida tras la golpiza que le propinaron sus captores con intención de “rematarlo” en el piso bajo el desconcierto del médico Julio González. Aunque en un primer momento se lo consideró el cuarto muerto, Valero apareció días después internado con un cuadro grave y politraumatismos en el hospital Álvarez. En cambio, Diosnel Pérez, dirigente social de la villa 20 del Movimiento Darío Santillán, no concuerda con esa versión pues nunca más vio a Valero en el barrio ni supo de él. Mientras tanto, en el parque los disparos eran cruzados, desde todos lados. Los primeros tiros habrían sido efectuados desde las obras de la Fundación para amedrentar a los iniciales ocupantes del Indoamericano. Luego, tiraban punteros barriales, barrabravas enviados por el gobierno porteño y también desde autos que pasaban por la noche por los alrededores del parque.

En marzo del 2010, Raúl Castells cumplía un ayuno en Plaza de Mayo apoyando a la comunidad boliviana que lloraba la muerte de un compatriota asesinado por una banda de narcotraficantes. Era jueves. Cuando Hebe de Bonafini y Sergio Schoklender llegaron al lugar, intentaron sacarlos a los golpes mientras gritaban “la Plaza es nuestra”. Benicio, un ex trabajador del obrador de Castañares de Sueños Compartidos, lo echaron, a comienzos del 2011, por quejarse de las condiciones laborales imperantes y, encima, ser boliviano. Piñero confiesa que no fue al Parque espontáneamente y Margarita Barrientos, la referente de “Los Piletones” denunció a los punteros políticos de su barrio por arrear a sus vecinos hacia el Indoamericano. En esos días, el comedor de Margarita Barrientos permanecía cerrado. Nadie se acercaba a comer mientras las camionetas con el cartel “Vamos Cristina 2011” desembarcaban en las cercanías del parque.

Luego de las primeras dos muertes, a Alejandro Salvatierra ya todos lo conocían. Ante las cámaras de televisión se había presentado como apolítico, un vecino que venía a ayudar a los presentes y dirigía sus críticas tanto contra el gobierno de la ciudad como el nacional. Su discurso mutaría hacia el kirchnerismo explícito. No fue casual. El gobierno tenía que meter a alguien allí. Facundo Di Filippo conoció a Salvatierra, cuando lo vio pegado al alambrado del parque cerca de Miguel Mope Eviner, reconocido puntero de la zona. Cuatro días después, ya era considerado por los medios, el líder del Indoamericano. Sus reflejos y los del gobierno nacional, habían sido sorprendentes. La cacería había concluido y el orden comenzaba a restituirse. Durante la toma se habían producido hechos dantescos como una reunión en las oficinas de la Unidad de Gestión de Intervención Social –UGIS– entre los referentes de las villas, el citado Chancalay y diputados porteños. En esa reunión el ex boxeador amenazó a Di Filippo quien cuestionaba al gobierno de la ciudad por no querer instalar baños químicos ni proveer de agua potable a los ocupantes. Chancalay defendía a Macri y atacó a los diputados opositores amenazándolos de que era capaz de cualquier cosa. Lo increíble del hecho es que, cuando se serenó, Chancalay se retiró a su propia oficina, dentro de la UGIS. El ex boxeador había trabajado para Schoklender pero luego del escándalo comenzó a criticarlo por “mandarse varias cagadas” como diría para esta investigación. Con Schoklender alejado, comenzó a “operar” con Abel Fatala, dentro del Ministerio de Planificación y Obras Públicas, para quedarse con el obrador de Castañares. El Indoamericano también marcó el esplendor de la figura de Alejandro “Pitu” Salvatierra, quien me anticipó 12 días antes del escándalo la salida de Schoklender de la Fundación y, sin darse cuenta, admitió que esa institución era el mismísimo gobierno.

Luego de la toma del Indoamericano, personas cercanas a Moyano comenzaron a moverse por los barrios y a conversar con los vecinos disgustados por el manejo político de la situación. El periodista Mariano Obarrio, en el diario La Nación del 26 de mayo, escribía que “el entorno moyanista accedió a información de punteros barriales disconformes con el manejo de las viviendas y la usó para presionar a la Casa Rosada. La trama del escándalo comenzó cuando se supo que un conocido puntero kirchnerista de Villa Soldati, descontento con el manejo de las viviendas de Madres de Plaza de Mayo, dio información al entorno de Moyano sobre las irregularidades que implicarían a Schoklender y al Gobierno”. A comienzos de junio del 2011, cuando el escándalo era público, Hugo Moyano dio a entender que quería desembarcar en el negocio de la construcción de viviendas. En caso de una victoria en las elecciones de octubre, el líder de la CGT deseaba disponer de más de 1.000 millones de pesos con ese fin. El sindicalista lo manifestó en la ciudad de Esquel. “Hablamos con el intendente sobre la posibilidad de hacer un plan de viviendas”, dijo. Los medios gráficos no prestaron atención a ese pedido y levantaron la frase: «Cuando exista un presidente que provenga de los trabajadores se acabará el hambre en la Argentina«. A esa altura, fuentes cercanas a Moyano se animaban a cuestionar abiertamente a Sueños Compartidos y a recordar que desde el 2009 ellos tenían en proyecto un plan de créditos para los afiliados para construir viviendas. Schoklender niega que, detrás del escándalo, hubiese estado la sombra de Moyano. “Es un disparate” afirma mientras que explica la difusión del escándalo por una interna dentro de la Fundación, específicamente, de la oficina de “Prensa”. Antes de que la información fuese publicada en los matutinos, la Presidenta habría recibido los reportes pertinentes, por parte de los servicios de inteligencia, informándole que el tema tenía vinculaciones con altas esferas del Ministerio de Planificación Federal, que las cuevas financieras donde cambiaba los cheques la Fundación eran las mismas que donde lo hacía Sebastián Forza, empresario asesinado por estar involucrado en la mafia de los medicamentos, y que si no se manejaba la situación, su imagen pública podía caer en picada.  Pidió que apartaran al apoderado de la Fundación de forma urgente. Había que abroquelar a Hebe y, a su vez, alejarla de la Presidenta.

Schoklender es parte del pasado. Nadie fue juzgado por las muertes en el Parque Indoamericano. Hoy, hechos de esas características, se naturalizaron. Las tomas de terrenos forman parte de la agenda diaria de los medios de comunicación. El cuarto gobierno kirchnerista le echa la culpa a los cuatro años macristas. Otra vez, reinventaron la historia.

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