Mié. Sep 23rd, 2020

El sinuoso camino de Alberto Fernández en Comodoro Py

Tras el proyecto de reforma, en los pasillos de Py recuerdan los años en que Fernández quería congraciarse con la familia judicial.

Alberto Fernández era jefe de gabinete de Néstor Kirchner cuando se cruzó con el flamante ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. «¡Ahora vas a trabajar de malo!», le dijo jocoso a Carlos Stornelli. El fiscal se distanciaba de Comodoro Py para aceptar la invitación de Daniel Scioli a sumarse a su gabinete. Finalizaba el año 2007 y Fernández desconocía que un conflicto con el campo terminaría alejándolo del poder meses después.

El tiempo pasó, Stornelli regresó a los tribunales de Retiro y Alberto se transformó en un férreo opositor al gobierno de Cristina Kirchner. Desde la tribuna del Grupo Clarín, enemigo número uno de la ex presidenta, Fernández supo dar disparar munición gruesa contra su gestión. No le resultó gratuito: a cambio fue censurado en C5N, fue víctima de espionaje ilegal y acusado de lobbista de Repsol en los programas 678 y DDD.

La relación parecía no tener retorno cuando, al frente de la campaña de Florencio Randazzo para senador, contribuyó a cimentar la derrota de Cristina Kirchner ante Esteban Bullrich en la provincia de Buenos Aires. Habían pasado ya nueve años. Sin embargo, tras un diciembre caliente de 2017 y por intermedio de Eduardo Valdés y Juan Cabandié, se reencontraron y volvió a operar para Ella.

Fue así que, Fernández, retomó sus contactos en Comodoro Py para interiorizarse acerca de las causas que más inquietaban a Cristina. «¿Así que se arrepintió Fabián Gutiérrez? Espectacular. ¿Cómo fue que lo convencieron?», consultó. La posibilidad de que terminara siendo ungido candidato a presidente por Cristina no era siquiera un sueño para Alberto. Y mucho menos existía para el hombre con el que se sentó por este asunto.

Hacia fines de 2018, el Operativo Puf estaba a la vuelta de la esquina y el discurso del lawfare empezaba a instalarse. A pesar de su buena relación con jueces y fiscales de Comodoro Py, Fernández terminaría abrazándose a la delirante teoría horas después de confirmarse su candidatura presidencial. «Fue la prueba final de amor», recuerda un histórico referente de la familia judicial.

Pocos recuerdan que el Presidente deambuló esos tribunales como imputado. Fue en los albores del kirchnerismo. Allí también se codeó con fiscales de la Nación. A comienzos de 2005, avanzaba a paso firme una denuncia de Elisa Carrió por sobresueldos en el gabinete de los Kirchner. Fernández terminó imputado por el fiscal Starc. El testimonio de Guillermo Cantini era demoledor y las pruebas arrinconaban a sus funcionarios.

Sin embargo, el fiscal terminó desplazado y reubicado en los tribunales de San Martín. El movimiento fue apoyado por el entonces procurador general Esteban Righi, quien fuera maestro y mentor de Fernández.

Nadie en Comodoro Py imaginaba lo que sucedería después. Amenazas, aprietes, listas negras, escraches y un fiscal asesinado: Alberto Nisman. Fernández marchó por él junto a Stornelli, Guillermo Marijuan y su familia. Dos años antes había destruido en la Facultad de Derecho, ante sus alumnos, la «democratización de la justicia» impulsada por Cristina Kirchner. Iniciativa similar a la reforma judicial que hoy él propone.

Ahora que está del otro lado del mostrador, tal vez alguien en Comodoro Py podría comentarle a Fernández: «Ahora vas a trabajar de malo».

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