Mié. Sep 23rd, 2020

El secreto en inteligencia

Alberto Fernández llegó a la Casa Rosada sin plan económico, pero con la decisión de garantizarle a Cristina Kirchner la tranquilidad que no tuvo durante los últimos cuatro años. Para ello, el Presidente se propuso terminar con dos de las tres patas del lawfare: los servicios de inteligencia y la Justicia. Los medios, que de acuerdo al relato K serían la tercera, todavía resisten. A pesar de la crisis del sector y el arbitrario reparto de la pauta.

Sus intenciones las dejó en claro el 10 de diciembre de 2019, cuando en el Congreso vociferó: «Nunca más a una Justicia contaminada por servicios de inteligencia, operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos». Tras ello, firmó la intervención de la AFI -la cual entregó a Justicia Legítima y el CELS y a la que le prohibió servir como auxiliar de la Justicia- y puso en marcha el proyecto de reforma judicial que hoy impulsa.

A partir de entonces, el Gobierno -con la complicidad de Justicia Legítima, el CELS y sus medios satélite- impostó un discurso hipócrita en relación a dos de las principales deudas de nuestra democracia, por las que poco se preocupó durante los primeros doce años de kirchnerismo pero mucho se sirvió. Parte de esto quedó expuesto el último jueves, en el marco de una conferencia virtual organizada por la AFI y dada por Paula Litvachky.

Directora ejecutiva del CELS y miembro del Consejo Consultivo de la Intervención de la AFI, Litvachky aseguró que «las instituciones democráticas no pueden funcionar bajo la lógica del secreto». «No puede haber institucionalidad secreta», enfatizó. Sus palabras, luego, fueron replicadas y avaladas por el sitio periodístico El Cohete a la Luna, de Horacio Verbitsky (presidente del CELS).

Allí, la periodista y politóloga Luciana Bertoia planteó que “el paradigma de la inteligencia desde el retorno de la democracia estuvo marcado por la
lógica de la defensa del Estado, no de los derechos de las personas” y que “el régimen del secreto permite, entre otras cosas, el encubrimiento de actividades ilegales en las que incurren los servicios de Inteligencia o la persecución política, la criminalización y el control»

«Las instituciones sometidas al secreto no sólo se mueven con falta de transparencia, sino que logran afectar la privacidad de las personas sin rendir cuentas”, remató Bertoia.

Este posicionamiento ideológico, en el que hoy se para el Gobierno para avanzar con sus reformas, evidencia -en el mejor de los casos- un desconocimiento inconcebible en la materia que coloca a la Argentina en una situación de vulnerabilidad frente al resto del mundo. Alcanza con ir hacia lo más elemental, como el significado de la palabra «secreto», para comprobarlo.

Proveniente del latín «secretus», que es el participio pasado del verbo «secernere», segregar, y en cuya raíz está otro verbo latino, «cernere», que nos muestra la verdadera inteligencia del término: distinguir. Es decir que, la connotación negativa que se le asigna al secreto resulta complejo. Por lo tanto, resulta necesario repasar ciertos conceptos para salirse de los dogmas y sus sesgos.

En primer lugar, para que exista un secreto debe haber un conocimiento acerca de algo, que alguien conoce y que se oculta a algún otro. Y ese conocimiento, será secreto para ese a quien no se le revela, siempre y cuando ese que queda en la ignorancia, sepa o suponga que otros conocen algo cuyo conocimiento no le comparten. Ignorar algo que nadie sabe que se ignora no es un secreto.

Que un conocimiento sea secreto para ciertas personas no convierte a ese conocimiento en un saber perverso, ni al ocultamiento en una actividad ilícita per se. Dependerá qué conocimientos se mantienen ocultos y respecto de quiénes, para comenzar a endilgarse categorías morales. Tal es así que, mantener oculta -en secreto- información que compromete la vida de personas aún a riesgo de perder la propia, deviene en un acto heroico.

Qué decir sobre el voto universal y secreto. Alcanzarlo ha sido durante el siglo pasado uno de los mayores logros institucionales de las repúblicas democráticas. Y que sea secreto, justamente, fue el mecanismo que la humanidad encontró para preservar su libertad.

La relación médico-paciente o abogado-cliente también son instituciones de la vida democrática alcanzadas por el secreto. Y ¿qué protege el secreto en estos casos? Nuevamente, la libertad del paciente de contarle a quien desea o no contar las enfermedades por las que atraviesa, y la libertad del cliente al hablar con quién habrá de defenderlo ante los tribunales. Es la libertad la que cuidamos con el secreto profesional.

Por otra parte, la introducción del dilema «defensa del Estado» versus «defensa de los derechos de las personas» resulta un disparate. Los Estados modernos -de Derecho- fueron un desarrollo de buena parte de la humanidad que se propusieron alcanzar derechos para la mayoría de las personas. Sólo los reyes absolutistas y algunos líderes actuales, encontrarían adecuada esta falsa disyuntiva.

Desde Kant sabemos que el Estado es “de derecho”, ya que tiene como función asegurar la observancia del Derecho en garantía de los derechos subjetivos de los individuos. Es el Estado el que tiene como
fin la garantía de la libertad individual. Por ende, la afirmación de Bertoia no hace más que meter una cuña entre el Estado que nos debe ser garante de la libertad y su propia población.

Según la columnista de El Cohete, el régimen del secreto permitiría “entre otras cosas, el encubrimiento de actividades ilegales en las que incurren los servicios de Inteligencia o la persecución política…”. Falso. No es el secreto la causa de las actividades ilegales, ni es cierta la generalización banal de que los servicios de inteligencia incurren en actividades ilegales o persecuciones políticas.

Los servicios son instrumentos del Estado de Derecho moderno. No causa de delito. En tal caso, políticos que acceden al Estado para cuidar a su población los prostituyen para cometer delitos. El kirchnerismo dio sobradas muestras de ello. Y no sólo en términos de persecución.

También existieron utilizaciones instrumentales del Estado para enriquecer a un par de secretarios privados de la Presidencia, que desgraciadamente fallecieron temprana y trágicamente. Así que, siguiendo el silogismo oficial podríamos suprimir la institución, por cuando ha dado lugar a la comisión de un sinnúmero de delitos.

Otra falacia más grave aún pero que se comprende en términos históricos, proviniendo de un sector de «jóvenes idealistas», es identificar y confundir los propios fines sectarios con los del Estado. Estos grupos pretenden hurgar en la información de inteligencia del Estado Nacional para sus propios fines, que no son los del Estado. Esto es a lo que se han dedicado desde la toma del poder.

Se han dedicado a abrir supuestos archivos y a denunciar irresponsablemente, ventilando secretos de Estado, destruyendo lo poco que quedaba de la comunidad de inteligencia y completando una labor de demolición del concepto de Defensa Nacional, que siempre les molestó. Eso sí, sus propios medios, fines y alcances sí deben mantenerse en secreto, protegidos de la acción “espía” del Estado y sus órganos competentes. Que siempre los inquietó.

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1 thought on “El secreto en inteligencia

  1. Muy interesante opiniòn, lo felicito, por supuesto que hay distintas formas de gestionar los secretos del Estado, segùn las circunstancias, situaciones, tacticas y estrategias en las que se vea inmersa la sociedad en un determinado tiempo històrico y en un lugar determinado. No es lo mismo gestionar secretos de Estado en tèrminos de Defensa que gestionar secretos en temas de extorsiones, estafas, alcobas, operetas y difamaciones, son cosas diametralmente distintas, eso es baja estopa. Tambièn es ineresante entender que hay sociedades que anejan sus secretos de alto nivel a modo abierto y otros a modo cerrado, algunos difunden situaciones mientras que otros cierran informaciones por niveles, eso es obvio. Pero tampoco se puede gestionar secretos, en cuestiones de defensa cuando la cuestiòn a analizar supera lo mèramente nacional, o estatal y el análisis se hace global; es como pretender analizar con una lupa el cielo estrellado, pero sin el telescopio especìfico de alta tecnologìa, ya ni hablemos del telecopio de Galileo ante los inquisidores, …es una cuestiòn de medios, capacidades y sobre todo la cuestiòn de ganar o perder.. contiendas electorales, pestes, enfermedades, eventos de la naturaleza, batallas , guerras, culturas, historias, civilizaciones, en fin cuestiones de supervivencia humana…tampoco se puede hablar de secretos con quienes nunca jugaron al juego de pasar la posta, …sobre todo en cuestiones de superar la prueba global o extinguirse…. algo que no entienden quienes parece que no entienden algunas cosas. y mientras tanto, en Argentina juegan al ritmo de series de tv.

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