Mié. Sep 23rd, 2020

17A. Un grito de libertad

(*) El autor es abogado y Responsable del Equipo Legal de Fundación Apolo.

Hoy, 17 de agosto, se espera una marcha multitudinaria que, seguramente, mostrará al gobierno el grado de hartazgo y repudio a su desastrosa política sanitaria.

Cierto es que nadie sabía cómo enfrentar la pandemia y que en todos o casi todos los países del mundo pudieron haber existido errores. Pero del error se podía salir, y no salieron. No salieron porque no quisieron, porque nos querían adentro, asustados, reprimidos, y blancos del dedo acusador del régimen, ante cada acto de rebeldía. Porque hoy es rebeldía pedir que se cumpla con la Constitución, y eso no es consecuencia de un error del gobierno, sino de su autoritarismo.

Nos quieren empobrecidos y transformados en parásitos de la limosna estatal. Nos quieren preocupados por nuestra propia subsistencia y por la subsistencia de nuestras familias, para que olvidemos nuestro rol de ciudadanos. Porque desde ese rol de ciudadanos no tendríamos otra alternativa más que alzar la voz contra el plan de impunidad que contiene la reforma judicial, para colocar jueces amigos y entorpecer aún más el servicio de justicia. Como ciudadanos, deberíamos alzar la voz contra la pretensión de colocar a Rafecas en la Procuración General de la Nación. Deberíamos expresarnos contra la inactividad y abandono de querellas por parte de la Oficina Anticorrupción, en causas emblemáticas, que ya trajo como consecuencia directa el sobreseimiento de Echegaray. Deberíamos expresarnos contra la hipocresía de funcionarios que, abrazados a sus dólares depositados en el exterior, como Néstor a su caja fuerte, nos vienen a decir que nos acostumbremos al cepo, que no es otra cosa que acostumbrarnos a la imposibilidad de mantener el valor del esfuerzo que deriva del trabajo.

Son hipócritas, también, cuando se presentan como “científicos” y defensores de la educación. Porque, en la práctica, quieren a nuestros hijos ignorantes. Su gran aliado, la mafia sindical docente, ya ha dejado en claro su interés de que no comiencen las clases presenciales hasta que aparezca la vacuna. Pero aún no se sabe a ciencia cierta si una eventual vacuna será para todos o para los grupos de riesgo, donde –por supuesto- no están abarcados los niños sanos en edad escolar.

Son hipócritas cuando reivindican el régimen de Maduro, el pacto con Irán, y cuando esconden los muertos y desaparecidos producto del régimen sanitario con el que castigan a la ciudadanía, mientras se adjudican la condición de únicos defensores de los derechos humanos.  

Son hipócritas cuando piden esfuerzos, pero no son capaces de bajarse sus sueldos de privilegio, sueldos que se sostienen con los impuestos que pagan los que se están fundiendo, o con la depreciación de la moneda por vía de emisión descontrolada. Sueldos que se sostienen con el sacrificio de todos, menos el de ellos.

Es hipócrita el Presidente, que habla en inclusivo para no discriminar, pero utiliza la expresión “terraplanista” como agravio, discriminando de ese modo a quienes están en todo su derecho de disentir con Cristóbal Colón. Al menos no derriban su estatua, como lo hizo oportunamente CFK, en un acto propio de talibanes.

Es hipócrita, en definitiva, pretender que nos cuidan, cuando sólo les interesa la impunidad de la vicepresidente y sus secuaces, aunque para lograrlo tengan que llevarse puesta la República.

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