mié. Ago 5th, 2020

Luis D’Elía: “El odio tiene una capacidad transformadora también”

Tras su internación por Covid-19, PeriodismoyPunto habló en exclusiva con el piquetero K. La polémica por el Otamendi; su visión del país; la “revolución digital” que le propuso a Alberto Fernández para la pospandemia; el odio; las internas en el FDT, y más. Pasen y lean.

A una semana de haber recibido el “alta parcial” tras ser internado en el Sanatorio Otamendi por un cuadro de coronavirus, el piquetero K Luis D’Elía volvió a hacer radio este viernes en la AM740. Desde su casa, donde cumple con la prisión domiciliaria que el 4 de abril le concedió la jueza Sabrina Namer luego de que una neumonía lo dejara cinco días internado en el Sanatorio Anchorena. En exclusiva, PeriodismoyPunto habló con él.

Se definió como “un preso del poder judicial del lawfare al servicio de los intereses regionales de Estados Unidos”, aseguró que junto a Cristina Kirchner y Hebe de Bonafini es “uno de los personajes más odiados por el establishment mediático”, invocó a Jesucristo para destacar el poder “transformador” del odio y se mostró condescendiente con Alberto Fernández, con quien dijo que habla y al que le aconsejó implementar la revolución digital craneada por el estonio Marten Kaevats para enfrentar la pospandemia. “Es la única manera de repartir lo que no tenemos”, afirmó.

-¿Cómo fueron estos días de coronavirus para usted? ¿Llegó a pensar que podía morirse, teniendo en cuenta su estado de salud?

-Los primeros días son muy duros. Yo tengo tres by-pass y soy diabético, insulino dependiente. El cuadro general era el de una gripe fuerte, y un terrible dolor en la espalda. El tratamiento fue muy simple, paracetamol cada ocho horas. Como no tuve complicación pulmonar, no me dieron plasma -que quede claro que los únicos que tienen plasma son los hospitales públicos, no las clínicas privadas-; y no hay nada sofisticado, el tratamiento son dos paracetamoles cada ocho horas.

-A propósito del tema de las clínicas privadas, sabrá que, mientras usted atravesaba ese duro momento, su internación despertó polémica por dos cosas. La primera, porque recibió el beneficio de la prisión domiciliaria para prevenirse del contagio…

-(Interrumpe) No, falso. Eso es falso.

-¿Cómo fue? Cuénteme…

-Yo recibí la prisión domiciliaria porque tengo triple by-pass y soy diabético insulino dependiente, no por el coronavirus.

-Pero primero se la habían denegado. Después, levantó temperatura en el penal y terminó internado en el Sanatorio Anchorena, y ahí le concedieron el beneficio, ¿no?

-Estuve con una neumonía cinco días, y consideraron que era una situación extremadamente frágil. La de los by-pass y la de la diabetes. Por lo tanto, me sacaron por eso. No para prevenir el coronavirus.

-Y usted respetó la domiciliaria, ¿no? Porque hubo gente que dijo “lo mandaron a la casa y se terminó contagiando”…

-La única vez que salí de mi casa en los cuatro meses -cuatro horas- fue cuando murió mi mamá, que la fui a enterrar.

-Entiendo. Bueno, y la otra parte de la polémica pasó por dónde pasó la internación; que fue en el Sanatorio Otamendi. Muchos cuestionaron que, siendo usted un crítico de la oligarquía, terminara atendiéndose en un sanatorio de Barrio Norte. ¿Qué tiene para decir al respecto?

-Primero, que no sabía que el Otamendi era de la oligarquía. Para mí es una clínica privada, como cualquiera. A mí me operaron del corazón hace cinco años en otro sanatorio privado. El Anchorena, que es propiedad de la Unión del Personal Civil de la Nación. De un sindicato. Yo tengo una obra social. Esa obra social la tengo porque, bueno, uno hace el enorme esfuerzo de pagarla porque está atado a una alta cirugía que me tocó vivir. Que además no tengo porqué explicarle a nadie. Y que hay clínicas de la oligarquía, no sabía. Quizás si hubiese sabido que el Otamendi era de la oligarquía… Te voy a señalar una desventaja: estando en una clínica privada, no tenía plasma si se me hubiese agravado en los pulmones. Plasma sólo tienen los hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires.

-De acuerdo. Cambiando de tema, ¿con qué país se encontró al dejar la cárcel? Si bien sólo pisó la calle por las internaciones y el lamentable fallecimiento de su madre, supongo que el estar en su casa lo ayudó a tener un contacto más directo con la realidad…

-¿Con qué país? Y… un país devastado por la pandemia. Un país al que la mafia macrista endeudó en 177 mil millones de dólares, y fugó 86 mil millones de dólares al exterior. Un país de nuevo en manos de los buitres. De los buitres de afuera, y de los buitres de adentro.

-Yo coincido en que la herencia que dejó Macri fue pesadísima; también en que la pandemia no ayuda a que la economía repunte. Sin embargo, creo que -además- el gobierno de Alberto Fernández tiene una política económica errática, que tampoco ayuda a que las cosas mejoren. ¿No cree que este cóctel podría derivar en un estallido como el de 2001? El Frente Milagro Sala ya advirtió sobre “la pandemia de la pobreza y la informalidad económica”…

-Bueno, yo creo que el principal desafío que tiene el Gobierno es darle $ 40 mil a 16 millones de argentinos que quedaron afuera. Y vengo proponiendo como salida -se lo he propuesto al Gobierno también- la revolución digital; que nació en Estonia, continuó en Finlandia y que hoy está ejerciendo con toda eficacia China. La única manera es darle 40 mil pesos por mes, a cambio de trabajo y capacitación, -o sea, 40 mil pesos digitales- a 16 millones de argentinos.

-¿Pero cree que eso puede ser viable teniendo en cuenta las dificultades que hubo para implementar un subsidio de $ 10 mil como el IFE, del que hoy nos estamos enterando que -por ejemplo- terminó siendo cobrado por concejales de la provincia de Salta habiendo tanta gente que lo necesita?

-El IFE no tiene nada que ver con la revolución digital. El dinero de la revolución digital es el dedo gordo de la mano derecha. O sea, es imposible que haya dos que tengan la misma huella digital. Es un formidable sistema que ideó el ingeniero Marten Kaevats en Estonia, y que hoy ya lo han tomado 40 países. Y que, precisamente, tiene la virtud -enorme- de blanquear toda la economía. Nadie queda en negro porque el dinero pasa a ser su huella digital. Entonces evitaríamos, por ejemplo, estas cosas como las que narra usted que pasaron con el IFE. Afortunadamente, la revolución digital no tiene nada que ver con la implementación del IFE.

-Y sobre la situación social, ¿descarta entonces un estallido social? ¿Cree que Alberto Fernández está capacitado para pilotear esta tormenta?

-Puede haber, la situación es más grave que la del 2001. La cuarentena la vinieron trabajando bien, hasta ahora. Porque no entiendo porqué en el pico más alto de la pandemia se flexibilizaron los usos y costumbres, y hoy estamos con números que son muy parecidos a la catástrofe. Así que, bueno, no lo sé. Ahora, ojalá el Gobierno acepte nuestra propuesta de revolución digital. Argentina tiene dos bases extraordinarias para poder hacer esto: la base ANSES y la base Renaper. La desaparición del dinero físico y la aparición del dinero digital sería la única posibilidad de repartir lo que no tenemos. Le repito, repartir lo que no tenemos. La única manera de repartir 40 mil pesos por mes a 16 millones de argentinos es esta.

-¿Y usted se siente escuchado en el Frente de Todos como para que se tenga en cuenta esta propuesta? Compañeros suyos, como Fernando Esteche, por ejemplo, viene reclamando ser escuchados y por el momento no han tenido respuesta parece…

-Yo no personalizo. A mí el sábado pasado me llamó el Presidente para ver cómo andaba. El sábado me mensajee y el domingo hablé con él. Ha sido muy solidario.

-¿No quedaron rencores de otros tiempos con el Presidente?

-No, mire, el jueves pasado la prensa decretó mi muerte. Y al otro día amenazaron de muerte a Hebe. Parece que Hebe, Cristina y yo somos los tres personajes más odiados por el establishment mediático. Por algo será, ¿no? Cada uno es de la estatura de sus enemigos. Yo soy el único preso político con certificado de preso político. En el cable 1222 de WikiLeaks, Estados Unidos le pide a Macri mi detención. Entonces, uno es de la estatura de sus enemigos.

-Yendo a lo del odio y más allá de su famosa frase “los odio”, ¿no cree que, en un momento tan delicado como éste, todos los sectores de la clase política deberían contribuir a pacificar el debate público? El clima está muy caldeado…

-Mire, el personaje central de Occidente en 2000 años de historia de cristianismo es Jesucristo. Jesús, alguna vez también agarró el látigo y agarró a latigazos a los mercaderes del templo. A los fariseos de su tiempo, que vendrían a ser los buitres financieros de hoy. Así que, bueno, el odio tiene una capacidad transformadora también. Y empezando por Jesucristo, que hizo este enorme gesto en la puerta del templo de Jerusalén; agarrar a los latigazos a los mercaderes del templo.

-Para ir cerrando, ¿se imaginaba que a siete meses de iniciado el gobierno de Alberto Fernández seguiría preso?

-Sí, yo soy un preso del poder judicial del lawfare al servicio de los intereses regionales de Estados Unidos. Con certificado de preso político, cable 1222 de WikiLeaks, de la embajada de Estados Unidos, punto “4 c”. Sí, yo sabía que iba a seguir preso. Y la verdad, nunca medí los procesos políticos por intereses personales. Acá no importa cómo le va a D’Elía, lo que importa es cómo le va a la Argentina.

-¿Y se siente conforme con la marcha del Gobierno? Hay muchos contrapuntos internos. Alicia Castro, cuyo pliego de embajadora en Rusia parece haber quedado en el freezer, con Felipe Solá por Venezuela; Alberto con Víctor Hugo Morales por Venezuela; las críticas de Hebe de Bonafini… ¿Cómo ve ésto? ¿Hay doble comando?

-Bueno, Alberto banca generosamente el debate interno. Hasta se banca que lo crucen, con posiciones antagónicas. Eso habla bien de él, ¿no?

-Entonces, usted se siente conforme con Alberto ¿no?

-Creo que ejerce una conducción democrática y eso está bueno. Unidad no es uniformidad.

-¿Y sobre la marcha de la gestión? ¿Cree -como algunos- que le hace falta poner el pie en el acelerador?

-Mire, pobre tipo, le tocó la peor catástrofe de los 200 años de la historia argentina. Yo no quisiera estar en el lugar de Alberto. Me parece que él necesita solidaridad, respeto…

-Y si tuviera la oportunidad de darle un consejo, ¿cuál sería?

-Que haga la revolución digital. El 8 de diciembre pasado, Rodríguez Larreta trajo a Marten Kaevats a la Usina del Arte junto al Instituto Di Tella y la Universidad de San Andrés. Iba a volver en junio y no pudo volver por la cuarentena. Bueno, a ese chico hay que traerlo de nuevo. Y Alberto y Larreta, juntos, tienen que iniciar la revolución digital en la Argentina; aprovechando que fue Larreta el primero que lo trajo.

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