Lun. Nov 30th, 2020

La herencia más nefasta que dejará el cuarto gobierno kirchnerista será más odio y división

Un repaso de la Argentina una década después del presagio del autor de la nota.

En octubre del 2010 publiqué mi primera columna en Perfil.com. En aquel portal se respiraba libertad y los editores de entonces coincidían en el deseo de buscar las noticias, información, primicias y entrevistas políticamente incorrectas. Diez años después tengo las mismas ganas y el deseo de seguir haciendo periodismo, a pesar de todo. Estamos más solos que en el 2010. El título de aquella nota fue: «La herencia más nefasta de este gobierno será el odio». No fue una exageración. Menos un error. Fue lo que pasó.

Aún no había ocurrido la tragedia de Once ni el gobierno de la provincia de Buenos Aires había decidido dejar de contar los muertos de las inundaciones de La Plata. El «Vamos por todo» no se había expresado y Néstor Kirchner seguía vivo. Esa columna fue escrita una semana antes de su muerte, el día del censo nacional. Acababan de asesinar al joven militante Mariano Ferreyra. Los fanáticos no levantaron ni un cartel, tampoco mandaron a hacer remeras con su rostro. Se vendieron como víctimas de esa bala pues «había rozado el corazón de Néstor Kirchner». Pocas veces se resumió el cinismo tan bien en una frase.

Los párrafos salientes de aquella nota decían así: «En 1947, el primer gobierno de Juan Domingo Perón compró los ferrocarriles a los ingleses. Sin embargo, en las plantillas de los empleados de aquel medio de transporte figuraban miles de trabajadores que se oponían al verticalismo peronista y a la intervención de la CGT en su gremio. La intervención de Evita en el conflicto ferroviario no fue meramente discursivo como nos mostró la película protagonizada por Esther Goris. En De Perón a Montoneros, el historiador y periodista, Marcelo Larraquy, relata la represión ocurrida luego de aquel histórico encuentro en los andenes entre la líder de masas y los obreros. Pronto, el conflicto se militarizaría.

“Ramal que para, ramal que cierra” advertía a comienzos de los años ´90, el presidente Carlos Saúl Menem. En esos años, el proceso privatizador fue aplicado mediante una campaña sin precedentes de los grandes medios de comunicación para asociar a la ineficacia y a la burocracia con el Estado, una billetera que compraría a quien se interpusiera con las ideas liberales, sindicatos corrompidos en sus bases y una porción de trabajadores que fue desoído por la inmensa mayoría de la sociedad que estaba harta de líneas telefónicas que no funcionaban, sucesivos cortes de energía y gas y un sistema de transporte deplorable. Las palabras del ministro, José Dromi, serían un símbolo de lo que vendría. La realidad demostraría que concesión y privado no son sinónimos de eficacia y mejor servicio.

Hace tiempo alguien tuvo la idea de explotar “la industria del lodo”. Esto es, y como suelen decir por lo bajo funcionarios y militantes: “Si te metes en el barro, te ensuciás. Pero hay que meterse”. Para colaborar y meterte también en el barro hay que pagar, un canon, una cometa como diría Barrionuevo o simplemente venderle el alma al diablo. Son expertos en entrar donde nadie entra, pero atención, nada es gratis en la vida y la ayuda tiene precio. Es la industria de apaciguar crisis pero nunca acabarlas. ¿Será que sin pobreza estructural se termina la mentira? ¿Por qué no le pidieron desmonopolizarse a Pedraza, el sindicalista ferroviario?

Los jóvenes seguidores del gobierno postean videos de funcionarios en “6.7.8”, programa al que observan en la pantalla como un acto religioso y asisten a sus convocatorias como si fuera la sagrada misa (eso sí, sin sotanas ni monaguillos, unos son todos violadores y los otros pobres abusados). Odian a Clarín pero consumen cada una de sus tapas como objeto de análisis. Se ríen con las ocurrencias de Daniel Tognetti y defenestran a TN, Jorge Lanata, el pelado Leuco y a todo aquel que ose correr al kirchnerismo por izquierda. Se sienten minoría pero al creerse iluminados pregonan su verdad silenciando disidencias y tocando timbres (mejor dicho, retrucando posteos de “la derecha” en facebook, twitter y correos electrónicos) como si fuesen testigos de Jehová. Las chicas K sueñan con acostarse con Aníbal Fernández, Amado Boudou o hasta Mariano Recalde; defienden la intervención del INDEC porque Guille Moreno tiene “huevos” y “combate a los monopolios marcadores de precio” y luchan contra “la puta oligarquía” en cualquiera de todas sus expresiones.

En Radio Cooperativa, medio afín con el gobierno nacional, deambulan programas alcahuetes del gobierno de turno. Algunos más, otros menos, excepto el programa conducido por el periodista Gabriel Levinas y el magazine “Ahora es Nuestra la Ciudad” creación de Sebastián Turtora y quien firma esta nota. A diario recibimos amenazas, insultos, difamaciones de decenas de oyentes que están convencidos de lo que afirman. Al cambiar la frecuencia, la radio ganó oyentes fuera del “submundo K” lo que genera un fuerte clima de debate interno entre los oyentes. Hay entrevistados que darles aire es una herejía para los “iluminados oyentes”. “Le hacen el juego a la derecha”, podría ser el subtítulo del programa. “Vayan a Radio Mitre”, “¿Quién les paga, Magnetto?”, son las frases que más se reproducen y ganan adeptos entre los seguidores de Néstor. Las Cristinistas son más moderadas lo cual no signifique que no sean verborrágicas y hasta pidan que “ojalá los hagan desaparecer”. Ayer mientras salían al aire Néstor Pitrola y Jorge Altamira, algunos sinvergüenzas se animaron a levantar el teléfono y afirmar que “estos muchachos son carne de cañón del Partido Obrero que los mandan a enfrentar para mantener su cuota afiliatoria” y “agentes como ustedes van a llorar cuando destituyan a la presidenta”. (…) “El único perjudicado es el gobierno”.

Se la pasan dando lecciones de la dictadura. Odian al que piensa distinto. Aman a los que defienden los negocios de las mafias y del engaño. Todo aquel que no coincide con ellos, es un traidor. La herencia más nefasta que dejará este gobierno será el odio. Odio, al que cuestiona, al que pregunta. Hoy ser crítico es ser enemigo. ¿Este es el país que le vamos a dejar a nuestros hijos?»

¿Qué cambió diez años después? El cuarto gobierno kirchnerista es más cínico que el primer gobierno de Cristina Kirchner. Dice que hará desaparecer a «los odiadores seriales» mientras te dice «gordo lechoso», el Presidente le da un RT a una trompada simbólica a un periodista, aparece asesinado un imputado colaborador cercano al poder y aprietan testigos claves de las causas de corrupción que ponen en jaque a la Reina.

Hoy 678 está en el poder. No se trata de un único programa en los medios públicos sino que el escrache, la difamación y el archivo tergiversado se reproduce las 24 horas del día en el Canal de la Venganza y en sus emisoras satélites. Hoy volvieron más altaneros, vengativos y con el resentimiento de haber estado fuera de la caja cuatro eternos años. Hoy van por todo sin titubear. No sólo apuntan contra los dueños de los medios -ahora los seducen con pauta antes de verlos quebrar- mientras aprietan, con nombre propio, a los periodistas, el eslabón más débil del negocio de la comunicación.

Hoy, volvieron mejores: Más hábiles en el manejo de las arcas públicas con fines privados -aunque queda poco en la olla por rascar-, en el cinismo, el engaño y la propaganda vacía de contenido. Son expertos en crear grietas, dividir familias y buscar enemigos.

Hoy como ayer, el que piensa distinto es señalado y estigmatizado. Hace diez años, por escribir esos cinco párrafos, fui echado de Radio Cooperativo en la que teníamos un programa diario que era de los más escuchados de la programación. Directamente, dejaron un matón en la entrada y no ingresamos más al edificio. Fueron días en que pedían mi cabeza en Canal 7 con el ascendente titular del «Relato» y actual ministro de Cultura festejando las ocurrencias de «La Jefa». Siguen siendo verticalistas, autoritarios y, cómo posteó, el dipuespía Rodolfo Tailhade, creen que para el amigo, todo; y al enemigo, ni justicia.

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