Mar. Nov 24th, 2020

Claudio Savoia: «Alberto Fernández siempre estuvo atento sobre qué y cómo se publica en los diarios»

El otro lado de un «Intratable». El periodismo en tiempos de Alberto.

Editor de política y judiciales del diario Clarín, panelista de Intratables y autor del libro Espiados (2015), Claudio Savoia es uno de los referentes del periodismo de investigación en Argentina. Coherente, nunca dejó de decir lo que piensa a pesar de los vaivenes de la política argentina. Incluso hoy, en un momento donde el periodismo independiente sufre el hostigamiento del cuarto gobierno kirchnerista y muchos colegas optaron por guardar silencio o suavizar el discurso. En exclusiva, un intratable que aceptó contestar sobre todo.

-¿Cómo analizas el 2020? ¿Sentís que el periodismo está en el centro del ataque del gobierno kirchnerista?

-Sí. Como en otros temas de aspecto económico, relaciones internacionales y política en general, hay varios colores en el gobierno. Sin embargo, en relación con la importancia que le dan a la prensa, lo que ellos llaman medios grandes o hegemónicos -un prejuicio antiguo hacia el periodismo- no hubo ninguna autocrítica de lo que hicieron hace años. Ahí se ponen de acuerdo. Alberto Fernández fue el que inauguró esta visión, aún antes de la pelea con el campo y la guerra de Cristina Kirchner con Clarín. Siempre estuvo atento sobre qué y cómo se publicaba en los diarios, tratando de manejar la información con un grupo de periodistas -no digo amigos- pero tratando de influenciar qué se decía. De ahí a pensar de lo que no manejan es un enemigo, adversario, un obstáculo, hay un paso. Ese paso lo dieron. En eso coinciden Alberto y Cristina. Hay matices de estilo pero el albertismo comparte esa visión con Cristina sobre el periodismo.

-¿Qué piensan del periodismo?

-Les molesta. Basurearon el concepto de ecuanimidad. No entienden las líneas editoriales, no entienden que los periodistas recogen información y cuando analizamos son nuestras opiniones. Que podemos ir variando. Mirá lo que pasa con la visión de la cuarentena. Hay periodistas que enojan a Alberto Fernández y, sin embargo, fuimos cambiando nuestra posición sobre la cuarentena. Ellos no lo entienden. No podemos cambiar. No hay matices. No es una estrategia político. Ellos se creen ese discurso.

-Fuiste uno de los señalados, históricamente, por Alberto Fernández por tus investigaciones sobre la entonces secretaria de Medio Ambiente Romina Picolotti, ¿se puede distinguir entre Alberto y Cristina?

-Ahora se cumplen trece años. Con respecto a este tema, tienen menos diferencias de las que el periodista quiere a veces encontrar. Este cuarto kirchnerismo, como decís, tiene algo peor que los anteriores. Antes atacaban a los dueños de los medios y ahora es contra los periodistas puntualmente. Si cambiabas una nota éramos todos amigos. Pero si te mantenías en tu postura, como vos y unos cuantos más, que no entienden que competimos y no somos un grupo unido ni un brazo armado, y sabemos cuando vienen por nosotros. Nos tratan de enfrentar y no hay tanta diferencia entre ellos. Van contra los periodistas: Luis Majul, Daniel Santoro, Gasulla, Savoia, el que fuera.

-¿Alguna vez en tu trayectoria encontraste un momento en que hubiese periodistas que pidan la cárcel para otros colegas?

-¡No! La verdad que no lo viví. Este paradigma horrendo y destructivo para todos, volvamos al momento en que comenzó en el 2008, cuando recuerdo que fui al acto de CFK en Plaza de Mayo, que se quejó de la caricatura de Sábat. Era un mensaje más amplio, de un tipo que había arrancado en 1972. Pero al día siguiente, Verbitsky lo defendió a Sábat en Página 12. Había códigos. Había chicanas, pero con los periodistas no. Doy un paso más, no sólo disfrutan sino que promueven, señalan, -algunos periodistas- la cárcel a otros. Dicen: «Allá, allá, a él». Esto es nuevo. Además ahora hay periodistas que acuerdan con posiciones del gobierno y que dan explicaciones en nombre del gobierno. Se ponen en el lugar del funcionario. Me suele pasar que en vez de contestar el funcionario, lo hace el periodista. Ponen el cuerpo y el alma. Son los que pisotean a los colegas.

-También empezó a notarse mucho que el Presidente termina dando lección al supuesto periodista influyente, como Horacio Verbitsky, y pareciera que Fernández tiene que sobreactuar y caerle bien a ese influyente…

-Sin dudas. La complicidad se parece. Son periodistas influyentes, cercanos al gobierno. Parece como la carta que le contestó Alberto a Hebe de Bonafini. Esa condescendencia cómplice aparece. También están los que se ven seducidos por el WhatsApp del Presidente, que es algo peligroso porque él te contesta. Eso los hace creer que son especiales, forjan un vínculo directo en el que siempre ganará el poderoso. Creen tener una confianza, pero cuando llega el momento de la entrevista, el tipo te sacude con un cachetazo. A esos otros periodistas los manda a estudiar o leer y los deja descolocados. Se termina allí la relación dulce que tenía con ellos. Es un juego en el que -si entrás- tenés que saber a lo que te exponés.

¿Cuáles son las investigaciones a las que más deberíamos prestar atención y aún no se contó todo?

-Desde el punto de vista económico, serían los gastos durante la emergencia por la pandemia. Eso se dejó de la lado en la Auditoría General de la Nación. Hay que estar atentos ahí. Se aprovechó para comprar directamente y beneficiar amigos. Después, está la relación entre el trípode nefasto del poder, los servicios de inteligencia y la justicia federal. Hay mucho ahí que ustedes siguen atentamente en PyP. Allí tendremos otra gran lección que deberemos aprender. Es difícil cortar la tela ahora, en este momento. Allí en el Espionaje M hay alianzas, traiciones y mucho más. No tenemos presupuesto nacional y hay grandes temas que pasaron y no se dijo nada. Llegaremos a agosto sin presupuesto. Relaciones exteriores, negociación de la deuda y todo lo que está haciendo Carlos Zannini con los juicios en el exterior, los bonistas que están dando vuelta en YPF. Son temas que están adormecidos.

-¿Con qué momento en televisión -del que hayas participado- te quedás y cuáles notas, de las que firmaste, recomendarías?

-Hay muchas notas con las que me sentí satisfecho. Algunas de investigación, y otras de acompañamiento de fenómenos que se pudieron poner sobre la mesa. Aquella que recordaste sobre Romina Picolotti fue fuerte. Era una funcionaria menor. Contrataba jets privados, contrataba a sus parientes, pero tocaba el riñón de la Jefatura de Gabinete de Alberto Fernández. Era una abogada que estaba con los asambleístas que cortaban en el Puetnte por las pasteras. Anticipó lo que luego haría Julio De Vido. Tercerizaban el presupuesto reenviando plata a fundaciones que funcionaban como una financiera. Anticipamos la «cajita feliz» de lo que sería después en el Ministerio de Planificación. También, recuerdo notas sobre derechos humanos yendo contra la corriente. Ahí descubrí que al que habían puesto de jefe de Gendarmería tenía antecedentes en la represión ilegal durante la contraofensiva de Montoneros. Se trataba de Pedro Pasteris, y fue un anticipo de lo que pasaría con César Milani.

-¿Y en la tele?

-Tuve varios cruces. La tele es un registro mucho más superficial, da para el cruce. Algunos son tontos, como con Daniel Arroyo, que es un tipo equilibrado. Una vez se desbocó y le dije: «Te fuiste al pasto», y me terminó dando la razón. También tuve otros fuertes con Juan Grabois; Eduardo Valdés; Rodolfo Tailhade, que es un tipo siempre violento. No sólo conmigo, sino con sus adversarios políticos. Rompe con los códigos de la cortesía, como dejar de saludarte y mirar al piso. Es gente que no me gusta que tenga poder. No está bueno.

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