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#BanderazoNacional. A pesar de las amenazas, el coronavirus y el frío, miles de argentinos salieron a frenar el «vamos por todo»

Un día de la bandera distinto. Emotivo. Con la sensación compartida por miles de argentinos de que, hoy más que nunca, hay que luchar por el país, por la Patria. El día comenzó con el Presidente radicalizándose aún más. Insistiendo con la expropiación a una empresa privada como Vicentin, símbolo del campo, del sector productivo y de la Argentina profunda que no calle y quiere trabajar, sin depender de una dádiva ni un plan social.

Fernández, que de moderado no tiene nada, ofreció al periodismo militante un discurso repleto de rencores, progrieta, prodelincuentes y en contra de la libertad. Los totalitarios de siempre, fascistas de cabotaje, no comprenden cuando les hablan de esa palabra que sólo mencionan al cantar el himno nacional en un Mundial de Fútbol: Libertad. No hay caso.

Las caravanas de autos, camionetas, motos e incluso bicicletas -fue mi caso- coparon las calles del centro porteño. En las rutas argentinas, pasó lo mismo. El epicentro estuvo en Santa Fe y Córdoba -donde se encuentra el núcleo duro del antikirchnerismo- pero también se sintió en localidades del interior de la provincia de Buenos Aires y hasta en los barrios clasemedieros del conurbano bonaerense.

En este momento, agotado después de un enorme trajín por toda la Capital en bicicleta, el Obelisco era el centro de la manifestación. Sin insultos. Solo con banderas argentinas. A pesar de las provocaciones de militantes enfervorizados y de infiltrados con olor a servicio. ¿En qué quedó Presidente aquello de las operaciones y los sótanos de la democracia? Hay olor a persecución política y aprietes a la justicia que tiene los pantalones largos como el juez del Caso Vincentín… No se trata de los «aprietes» de kirchneristas disfrazados de arrepentidos, infiltrados en el gobierno de Cambiemos… Acá los aprietes son reales.

El propio Presidente de la Nación insiste en amedrentar y querer gobernar con el látigo. ¿Todavía creerá Sergio Berensztein que Fernández es distinto que Cristina? El hartazgo comienza a sentirse.

Van seis meses de gobierno y la mitad del país está convencida que la película no tendrá un final feliz.

La otra mitad de la Argentina disimula las penurias económicas, «milita el ajuste», los más fanáticos se morfan el «pescado podrido» de los empleados de C5N y compañía y repiten como loros: «¡Aguante Cristina!»

La mística es cosa del pasado…

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