mar. Jul 7th, 2020

Alberto, Tinelli y el país de los oportunistas

Muerta la meritocracia, las únicas virtudes de estos tiempos, parecen ser, el acomodo, el travestismo ideológico y el panquequismo.

En las últimas horas nuestro Presidente dijo, tras asesorar a Yanina Latorre como zafar de un control policial, que “la etapa del sálvese quien pueda y de la meritocracia está muerta en la Argentina”. Al día siguiente celebró y elevó a la categoría de prócer actual a Gildo Insfrán. Hace un cuarto de siglo que el déspota e histórico pejotista gobierna la pobre Formosa. En sus tierras, la mitad de sus habitantes viven de la teta estatal, no existe empresa privada reconocida, la libertad de expresión es una quimera, la prensa está amordazada antes de la llegada de los barbijos, los jóvenes no conocen la libertad, la tasa de suicidio es más elevada que el promedio al igual que la pobreza. Es una tierra de supervivencias y sin proyectos futuros más allá que el plan social o acomodarse en un empleo público. El “sálvese quien pueda” se expresa, entre los formoseños, en la posibilidad de ingresar a las arenas de la política. El reino de las oportunidades lo ofrece el Partido Justicialista, el verdadero partido conservador de la Argentina. Conserva a los pobres, pobres y a los ricos, más ricos. El único ascenso social es, a través de la política. Una casta privilegiada de la que todos quieren comer.

Carlos Tévez hablando de la Formosa que vio con sus propios ojos.

Un oportunista carece de ideales. Puede cambiar de ideas como el camaleón. ¿Qué mejor símbolo de oportunista que Alberto y Marcelo Hugo? El primero sepultó las críticas y acusaciones de delitos varios –incluidos la de Traición a la Patria- de una década de apariciones estelares en televisión sobre su jefa política. Todo cambió cuando Cristina Kirchner le ofreció una oportunidad histórica. ¡Qué me van a venir a hablar de mérito! Digno de un protagonista de House of Cars, tuvo la chance y la tomó. No dudó. El fin siempre justifica a los medios.

Tinelli, mientras tanto, nos ofrece la misma cara de la decepcionante realidad Argentina. Hace 20 meses recomendaba publicaciones periodísticas en twitter que habían investigado la corrupción K. Hoy les hace el abrazo fraternal a los corruptos que ridiculizó cuando contaban plata en La Rosadita. Pasó de reivindicar a Alfredo Leuco a promocionar a Gustavo Sylvestre. Un verdadero oportunista del poder. Su macrismo explícito se apagó cuando no obtuvo lo que fue a buscar a Casa Rosada. Es que Mauricio Macri aceptó jugar a poner caritas de nabos con el acomodaticio nuevo amigo pero, rencoroso, no perdonó el apoyo explícito del conductor a Daniel Scioli en las elecciones presidenciales del 2015. Hoy Tinelli denuncia espionaje, persecución y pinchaduras de teléfono encabezados por el tipo al que le prestaba el teléfono personal para jugar a Tonto y Retonto. Cuando los aprietes ocurrían de verdad y los testigos aparecían muertos –caso Tragedia de Once- al igual que los denunciantes –Alberto Nisman- o las internas de la SIDE se resolvían a los tiros –Lauchón Viale- o la narcopolítica mostraba su cara más sangrienta en General Rodríguez, Tinelli prefería mirar un caño –del baile- o cortar una pollerita. Un genio.

Cuando la corrupción K estaba en boga, Sergio Massa se casaba con Margarita Stolbizer y denunciadores oportunistas deambulaban por televisión sorprendidos por los bolsos que José López había llevado a un convento. Los que habían contado lo que pasaba y entregado gran parte de sus vidas a esa lucha por un país más justo, fueron reivindicados a regañadientes, con la bronca de que les estaban tocando a sus ocultos financistas. Esperaron la caída de la moda del auge de la denuncia para volver a la frivolidad.

Hoy los oportunistas buscan venganza. Se alimentan de ella. Buscan enterrar definitivamente al mérito. Vale lo mismo el ladrón que el honesto. Más aún, en la oficina de Recursos Humanos de Casa Rosada te eligen si tenes prontuario y descartan al que goza de un intachable currículum. ¡Ese es un gil! ¡Estudió! ¡Qué pelotudo!

Un tuitero –seguramente un troll de Marcos Peña- lo sintetizó en unas pocas palabras: En Uruguay vuelven las clases. En Argentina, vuelve ShowMatch.

Un país sin reglas ni premios ni castigos, no tiene futuro. Es el sueño de los oportunistas. Que Argentina sea Formosa.

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