Jue. Dic 2nd, 2021

La impericia de Alberto y la maldad del cristinismo dejaron a los jubilados desnudos ante el virus

El Presidente subía en las encuestas pero, las colas en los bancos, destruyeron el esfuerzo de la cuarentena. Por qué Cristina es responsable.

El maldito coronavirus está socavando el mundo en el que crecimos y vivimos hasta hace un mes. Para algunos acomodaticios políticos argentinos, la pandemia, significó encauzar un gobierno errático, en sus comienzos, bajar un discurso único patriotero y malvinesco como escribí hace una semana en este portal, y quitarse responsabilidades sobre las pésimas decisiones económicas. Pero nadie sabe cuándo terminará la pesadilla ni qué quedará el día después de mañana. Este gobierno ninguneó la pandemia para después tomar medidas correctas, varias de ellas impulsadas -como el cierre de aeropuertos o suspensión de las clases- desde las redes sociales. Por esa razón, la popularidad de Alberto Fernández subió y, los alcahuetes que suelen rodear a los gobernantes, creyeron que Alberto era Messi, Maradona, Favaloro, Fangio, Gardel y Dios juntos. Gran parte del periodismo se subió a esa nube.

Pero la realidad mata el relato. Las escenas lastimosas de ancianos cagándose de frío, haciendo largas colas para cobrar unos mangos, desmayándose frente a las cámaras de televisión, suspendieron la levitación de un gobierno que estaba más preocupado por el especial de Fabiola Yañez del domingo que en la economía. Un gobierno que no supo organizar una cola en un banco, que no supo plantarse frente a sindicalistas que se comportan como mafiosos y son repudiados por la amplia mayoría de la opinión pública. Anteayer, el Presidente se olvidó de la cuarentena para hacer un acto político partidario y reivindicar a Hugo Moyano. Sergio Palazzo, el ex radical K de los banqueros, aliado del camionero, es uno de los principales responsables de lo que pasó hoy.

Palazzo responde directamente a Cristina Fernández de Kirchner. Una mujer que no saludó a su compañero de fórmula en su cumpleaños y que, según nuestras fuentes, dio vía libre para que el periodismo servil, financiado por la corrupción, empezara a criticar el desmadre que se vivió hoy frente a los bancos. Zócalos catástrofe volvieron a C5N, como si estuviera gobernando Mauricio Macri. Nada es casual. Como Ícaro, Alberto voló demasiado alto. Se acercó al sol, al calor de las masas y al fervor popular. Ayer tuvo que retroceder ante su proyecto de estatizar la salud privada. Tampoco le cayó bien el paso en falso a Cristina, que no olvida ni perdona. Por primera vez, periodistas K criticaron una medida del espacio de Alberto Fernández.

¿Es responsable el Presidente? La situación lo desbordó. Pero acá hay otros culpables que limaron su poder en medio de la cuarentena: sindicalistas más preocupados por el beneficio personal como Palazzo. ¿Cómo se entiende que un cajero de supermercado sí pueda trabajar en cuarentena y un cajero bancario no? ¿Cómo es que un panelista de espectáculos o deportivo puede salir a la calle y un bancario no? ¿Dónde están los científicos del gobierno que no anticiparon esta situación? Tiraron por la borda un esfuerzo de dos semanas en unas horas. Por la mezquindad de unos y la impericia de otros.

¿Dónde se escondió la diputada Mirta Tundis que lloraba por los jubilados? ¿Nadie lo asesoró a Matías Tombolini de esquivar el papelón de argumentar que estaban ordenando las filas? ¿Qué tiene para decir Alejandro Vanoli? ¿Y Miguel Pesce? Estamos gobernados por oportunistas, ayer y hoy, que no se anticipan a los hechos. Las imágenes que vimos hoy hablan de nuestra sociedad y de la dirigencia política argentina. ¿No era que el mundo elogiaba nuestras respuestas ante el coronavirus? ¿Qué pasará cuando empiecen a pagar los famosos 10 mil pesos para los 11 millones de argentinos que se anotaron y que aún se está puliendo el listado?

Hasta hoy, 16 horas, nadie pidió perdón. Nadie presentó la renuncia. En las redes, el cristinismo, estuvo más preocupado por encontrar «trolls» para escracharlos en C5N, que en buscar soluciones a una pandemia que se llevará puesta lo poco que le queda a la economía argentina. Los miserables de siempre que diseñan teorías conspirativas y culpan del virus al rico, «el cheto», «el macrista» o a «Israel» como si estuviésemos en la Edad Media. Salen a cazar brujas. Hasta ahora, tampoco ningún funcionario cercano a Cristina Kirchner dijo algo sobre los antisemitas argumentos de un conductor de C5N, experto en armar operaciones y repetir fake news. Tampoco del albertismo.

El Presidente se apoyó en ese antiperiodismo que lo aplaudía a rabiar. Hoy le bajaron la orden que cambió el viento. Hay que bajarlo a Ícaro. Quiso volar demasiado alto. Incluso, más que Cristina.

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La impericia de Alberto y la maldad del cristinismo dejaron a los jubilados desnudos ante el virus comentarios en «7»

  1. veo la mano del sindicato bancario en la incongruenc ia de cerrar bancos mientras otras actividades mantienen sus puerta abiertas

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