jue. Jul 9th, 2020

No seas hijo de puta, quedate en tu casa

Explosivo editorial sobre la falta de compromiso social en la lucha contra el coronavirus. Escuchalo.

No seas hijo de puta, quedate en tu casa. El aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto por el Presidente para mitigar el avance del coronavirus ha dejado en evidencia una nueva grieta en nuestra sociedad, que es la que separa a los que respetamos las normas de los que no. Los hijos de puta.

Lamentablemente, para combatir la propagación de esta novedosa pandemia lo único que podemos hacer es aislarnos. No hay remedios ni vacunas. O mejor dicho, por ahora, la vacuna más efectiva contra él es el distanciamiento social.

Sin embargo, y a pesar de que sus consecuencias son de conocimiento público por las noticias que llegan desde Asia y Europa, aquí hay muchos que siguen subestimándolo. Y burlándose de quienes tratamos de acompañar esta cruzada, que no es de un Gobierno sino de la Nación.

El nivel de inconsciencia de gran parte de nuestra sociedad resulta asombroso. Y se puede ver en números concretos: después de que Alberto Fernández decidió suspender las clases, cerrar las fronteras al turismo, licenciar a la población de riesgo y promover el home office, más de 19 mil argentinos viajaron al exterior. En plena pandemia mundial. Porque, en el medio, pequeño detalle, la Organización Mundial de la Salud calificó de pandemia al brote del nuevo coronavirus.

Ahora piden la repatriación urgente. Irresponsables y egoístas. Eso son. Se mandan la cagada y después salen a pedirle la escupidera al Estado, que se las va a dar, pese a que la prioridad hoy es dotar de herramientas al precario sistema sanitario argentino para afrontar el tratamiento de los casos críticos.

Ojo, los que viajaron no son los únicos inconscientes. También están los que pensaron que la promoción del teletrabajo y el licenciamiento de las poblaciones de riesgo para bajar la circulación del virus era un paquete de vacaciones “todo pago”. Ahí entran los que se fueron a Monte Hermoso; los que quisieron instalarse en Pinamar, como el ex embajador macrista Héctor Lostri; y figuras públicas ligadas al Gobierno como Marcelo Tinelli, que con su viaje a Esquel en jet privado no sólo se cagó en la solidaridad que exige y predica sino que también expuso que en Argentina hay ciudadanos de primera y de segunda.

“Tengo domicilio, no violé ninguna norma”, se defendió. Macho, si cortan el tránsito aerocomercial tanto a nivel internacional como local, ¿qué te pensás que estás haciendo? ¿Qué ejemplo pensás que estás dando? Lo único que queda claro es que, para él, esto es un sálvese quien pueda. Tinellismo explícito, ni más ni menos.

Pero, a todos ellos, ahora se suman los que tampoco entienden que la cuarentena ya no es voluntaria y deciden violarla. A riesgo de ser detenidos y tener que afrontar causas penales. Sintético, Eduardo Feinmann dijo el otro día: “Es la primera vez que podés salvar al mundo rascándote las pelotas”. Y tiene razón.

¿Qué es lo que no se entiende? ¿Acaso no piensan entrar en razón hasta que los cadáveres empiecen a rodearnos? Que me aburro, que estar encerrado con los chicos es imposible, que el súper, que tengo que pasear al perro… ¡Insólito! De pronto, ahora todos tienen un perro que pasear. ¡No se puede creer!

Ayer, día 1 del aislamiento obligatorio -yo llevo, junto a mi mujer y mi hijo, cinco días de encierro casi absoluto- me cansé de ver gente que salía a hacer footing con la bolsita de tela colgando, a modo de licencia de libre circulación; viejitas en bicicleta que, llegado el caso, serán las primeras en morir; padres paseando con sus hijos en monopatín; gente que, pese a la recomendación de evitar las aglomeraciones, va a hacer las compras en pareja en clave dominguera; otros que, en vez de sacar a sus perros a la puerta de su casa y volverse lo antes posible, deciden dar la vuelta al mundo… ¡en fin!

Esto no depende del Gobierno, que para mí gusto se quedó corto y ya tendría que declarar el Estado de Sitio con el aval del Congreso, sino de cada uno de nosotros. Porque cuando la curva de contagio se dispare, que es lo que va a terminar pasando si los irresponsables siguen sin tomar consciencia, vamos a estar a los codazos por un respirador. Y los médicos, desgraciadamente, no va a poder discriminar entre aquellos que intentamos hacer las cosas bien de los que no. Por eso, te pido, no seas hijo de puta. Quedate en tu casa.

3 thoughts on “No seas hijo de puta, quedate en tu casa

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