jue. Jun 4th, 2020

Mientras Alberto autoriza a comer caramelos a Mirko, se desploma la economía y se malviniza el país

Crónica de otro fin de semana en cuarentena. Los dilemas que enfrenta Alberto Fernández y la tentación “malvinense”

La pandemia mundial rescató a Alberto Fernández de un flojo comienzo de gobierno. El Frente de Todos no encontraba la brújula, la economía no levantaba, las internas en la coalición de gobierno comenzaban a notarse, las operaciones cruzadas entre sus miembros eran innegables. Pero apareció el maldito virus que paraliza al mundo. Aunque hoy, el Presidente reinvente la historia reciente, su accionar sobre el coronavirus fue el ninguneo, pateó la pelota apoyado en la experiencia de su Ministro de Salud que se vio desbordado por la situación.

La decisión de cerrar las escuelas, suspender las clases nació en las redes sociales, mayoritariamente, de “los chetos”, de votantes de Macri. Es un mérito saber escuchar y el gobierno supo hacerlo. Sacó rédito político de ello y tomó medidas que fueron y son festejadas por amplios sectores de la población. Pero el sector que agita la grieta no cambia ni ante la muerte. Empezaron a mostrar la hilacha e intentar aprovechar el peor momento de la historia mundial del siglo XXI para idear un proyecto político totalitario, pedir la liberación de los presos por corrupción y avanzar con versos como “la tierra arrasada”. Aquí no entra Alberto Fernández que está en su propio proyecto político alejado de ese sector ultra K. Sus figuras son políticos más moderados y la gran apuesta por la Primera Dama, Fabiola Yáñez, como una figura a prestarle atención en un futuro electoral. El tercer sector que reapareció con el virus fue el massismo con su activo líder en medios de comunicación tratando de posicionarse para el 2023.

Pero Alberto conoce las mañas del kirchnerismo y los gustos de las masas. En tiempos de crisis, países como la Argentina necesitan un padre más que a un líder. Supo explotar con maestría ese rol. Pero, a dos semanas de la cuarentena, sus discursos comienzan a convertirse en caricaturas que recuerdan a la olvidada Vicepresidenta Cristina Fernández. Años atrás, la Presidenta fustigaba, en cadena nacional, al “abuelito amarrete” para criticar a las clases medias que compraban dólares. Ese lugar, hoy lo ocupa “el boludo” de la tabla de surfer o el matón de Vicente López al que Alberto Fernández dijo que iría, él mismo, a agarrar de los pelos. El poder del Estado contra un civil, más allá que sea un perejil o un reverendo hijo de puta, es un despropósito y una incursión del Poder Ejecutivo en la Justicia.

El modelo económico y discursivo de Alberto Fernández es tan paternalista que hasta aconseja cuántos caramelos debería comer el hijo de Marley. Todo esto sucede con la complicidad de los grandes medios de comunicación, conductores televisivos como el mencionado que se presta al juego y un tufillo a malvanización del virus que asusta. ¿Con qué soldados le ganaremos al enemigo invisible? ¿El General es Sergio Berni? ¿Alberto está al frente de la cruzada? ¿Ginés va a la guerra? ¿Quién y cuándo podrán decir que ganamos esa batalla invisible? El “Vamos Ganando” de 1982 terminó en “Tenían frío”. De la plaza llena de Galtieri se terminó en el fin dela dictadura militar. En los balcones, hay militantes que arrastran a la gilada, a una militancia partidaria insólita en la que Alberto es Dios y mamá Cristina nos protege. En el durante, se entona el himno como cuando jugamos el Mundial de Fútbol. Patriotero barato que no es lo mismo que patriotismo.

El virus también afloró al “enano fascista” que llevamos adentro los argentinos. Vecinos denunciando a otros por sacar un pie a la calle. Y una cuarentena que empieza a destruir a la economía argentina, en un contexto, negro, en todo el mundo. Fernández no es más ni menos que nadie. Líderes de países, supuestamente modelos, están haciendo papelones históricos. El futuro es tétrico. Pero, lentamente, algunas voces comienzan a dudar de las virtudes del encierro absoluto.

¿Qué pasará cuando se realicen los testeos masivos de coronavirus? ¿Cómo explicarle a la sociedad que, luego de semejante esfuerzo, los resultados han aumentado? ¿La parálisis económica no impacta en la salud? ¿Cómo se puede disociar tan fácilmente a la economía de la salud? ¿Comprenderán nuestros dirigentes que sin un plato de comida o un proyecto de vida se hace difícil vivir?

El coronavirus vino a aumentar nuestros problemas económicos preexistentes. Que no sea la excusa para agregar nuevos inconvenientes como la pérdida de la libertad y el ataque al pensamiento crítico. Hoy los medios no están preparados para otras verdades. Es hora de acompañar, dicen. Alberto Fernández debería aprender de la historia argentina y mundial. Hablar con la verdad, sin chicanas a los empresarios o a la clase media y dando un ejemplo sincero al país. Los políticos deberían resignar parte de sus jugosos sueldos. ¿O no era con Todos? Tiene una oportunidad única. De convertirse en un líder que trascienda al virus o en sufrir, en carne propia, al exitismo argento: Los que hoy aplauden, mañana insulten.

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