jue. Jul 9th, 2020

Alberto en el Congreso: un discurso cínico y de ideas pobres

Alberto Fernández se presentó este domingo en el Congreso para inaugurar formalmente el nuevo año legislativo. Casualidad o no, al igual que en su discurso de asunción, leyó 47 páginas.

En la quiniela, el 47 es el muerto. Por el bien de todos, esperamos que ese no termine siendo el final.

El Presidente empezó hablando sobre la devaluación de la palabra y el daño que le hace a la democracia la construcción de relatos alimentados por mentiras. Algo bastante certero. Ahora, ¿se habrá olvidado de que de vice tiene a Cristina Kirchner y de todo lo dijo sobre ella y su gestión entre 2008 y 2018? Como diría un amigo suyo, no nos tome por boludos.

A la moralina impostada le siguió su diagnóstico sobre la herencia recibida. Fue acertado y, para decepción de los gurkas, medido. Sin dudas, el gobierno de Mauricio Macri fue de los peores en materia económica y trajo consecuencias indefendibles. Como el megaendeudamiento, el empeoramiento de casi todos los indicadores socio-económicos y la vuelta del kirchnerismo.

Sin embargo, el plan de Alberto para remontar ése barrilete de plomo sigue siendo un enigma. De lo único concreto que habló fue de parches. De los que implementó y de los que vendrán, como el plan “Pro Huerta”; que se propone “el establecimiento de 200 mil huertas familiares” para complementar la lucha contra el hambre. ¿Le habrá robado la idea a Susana? Tanto que la criticaron…

También se refirió a la inflación: prometió revisar las estructuras de costos, fortalecer los mecanismos de defensa al consumidor y lealtad comercial, reclamó el compromiso de todos y le exigió “responsabilidad” a los formadores de precios. Puro sentido común, que se derrumba cuando afirma que su fin es el de terminar con “la Argentina de los vivos”.

A menos que de la vicepresidenta para abajo haga una purga en su elenco de gestión, suena inverosímil. Sobre todo si nos ponemos a repasar quiénes se acomodaron y beneficiaron con él.

Para cerrar el tema económico, reivindicó la aprobación de la Ley de Solidaridad. Concepto que parece no entender, porque cuando el acto no es voluntario termina siendo un atraco.

Y como si le faltara algún componente épico a su relato, volvió a colar en su discurso el “Nunca más”. Esta vez, no para condenar a la Justicia y a los servicios de inteligencia sino para chicanear al macrismo y a su política económica. Una mancha más a los pañuelos blancos, que desde que se aliaron al kirchnerismo se volvieron grises.

Por otro lado, Fernández destacó el apoyo recibido de la comunidad internacional en la cruzada por la reestructuración de la deuda pública. Del éxito de esa gestión depende el destino de la suya. Y la suerte de todos los argentinos.

Anuncios hubo pocos, pero fuertes. Tal como prometió en campaña, enviará al Congreso un proyecto de ILE. Y como se esperaba, anticipó que impulsará la creación de un nuevo fuero federal penal. Bajo el pretexto de terminar con el “oligopolio” de los jueces federales, Alberto buscará así licuar el poder de la principal amenaza para los K: Comodoro Py.

Un palo para la Justicia -literal-, el servilismo de estos tribunales a lo largo de los últimos 30 años hace compleja la posibilidad de defenderlos. Aunque eso no implica que los argentinos deban contentarse con la consolidación del verdadero objetivo del cuarto gobierno kirchnerista: instaurar una impunocracia.

En esta línea, Alberto anticipó que continuará con el desguace de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Según dijo, en los próximos días firmará un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que modificará la Ley de Inteligencia, para -entre otras cosas- impedir que los servicios sirvan como auxiliares de la Justicia. En esta oportunidad, se ve, no piensan dejar cabos sueltos.

Por último, no quiero dejar pasar su frase “somos un gobierno con científicos, no con CEOS”. Si es así, Presidente, no se olvide de los cientistas del Conicet que aún esperan una recomposición salarial para poder llenar la heladera. Actitud que va de la mano con la única palabra que se me viene a la mente para poder resumir ésta presentación de Alberto: cinismo.

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