Mar. Nov 24th, 2020

«Nisman: El fiscal, la presidenta y el espía», una oportunidad perdida

La serie documental de Netflix sobre la muerte del ex fiscal terminó siendo un recopilado de entrevistas e increíbles olvidos.

Justin Webster, director de “El fiscal, la presidenta y el espía” hizo lo que muchos periodistas argentinos hubiésemos querido realizar. Un documental para Netflix sobre la muerte de Alberto Nisman y sus antecedentes: los atentados más sangrientos en la historia argentina (AMIA y Embajada de Israel) y la relación entre la justicia con los servicios de inteligencia. Pero el director se queda en la línea de partida, ni siquiera llega a mitad de camino. ¿Por qué?

Su postura del “grado cero”, esto es, intentar quedar bien parado con todas las posturas e hipótesis, provoca el efecto contrario. No queda bien con nadie y, a su vez, intenta caerles bien a todos. Ningún entrevistado es confrontado –esto no implica pelear a los gritos como estamos acostumbrados en la televisión argentina de la patria panelista sino realizar una entrevista punzante como, por ejemplo, lo que hizo Jorge Lanata con Luis Barrionuevo a comienzos del siglo-. El entrevistador sólo aparece en la impresionante nota con Jaime Stiuso –lo más destacado además de la edición del documental-. Sin embargo, no tiene la misma lucidez para cuestionar otras barbaridades que dicen otros protagonistas como la fiscal Viviana Fein –demasiado presente en la historia, los integrantes de Gendarmería Nacional, Diego Lagomarsino o el ¿espía? Alan Bogado.

Hay protagonistas que este humilde periodista entrevistó y el documentalista inglés olvidó: Fernando Esteche, Luis D´elia, Iván Velázquez –señalado como autor de las amenazas a Alberto Nisman-, los integrantes de los servicios de inteligencia vinculados a las Fuerzas Armadas de Cristina Kirchner como César Milani, un perito imparcial o integrantes del Ministerio de Justicia durante el gobierno de Macri pues aparece cuestionado por varias fuentes cercanas al kirchnerismo. El juez Galeano o el misterioso Carlos Telleldín también merecían estar presentes. Más aún, un dirigente de peso del gobierno de Carlos Saúl Menem, tiempos en que se produjo la voladura de la AMIA. Es un hallazgo los integrantes del FBI y de la CIA pero queda un sabor a poco. Un olvido imperdonable es el de Pepe Eliaschev, fue el periodista que anticipó y explicó como nadie dónde radicaba el delito del Memorándum con Irán. En el balance positivo queda la entrevista a Alberto Fernández, ex jefe de gabinete devenido en Presidente de la Nación y que, inmediatamente después del estreno, ya se salió a desmentir a él mismo. La jueza que estuvo a cargo de la investigación de la muerte de Nisman, ni siquiera es mencionada. ¿Qué fue de Fabiana Palmaghini?

Párrafo aparte merece la justicia argentina. Con algunas excepciones, es lenta, acomodaticia y no sabe investigar. No sabe. Los papeles que aparecen en el departamento del fallecido fiscal Nisman, llaman la atención. La investigación sobre quién es Alan Bogado se basa en un googleo. Un estudiante de periodismo podría hacerlo mejor. El ¿espía? fue entrevistado en forma presencial en Radio Identidad a finales del 2015 y dijo que “Stiuso vuelve al país y termina preso”. Volvió pero Jaime está libre, no tiene orden de captura ni proceso alguno. Bogado se acercó al gobierno de Macri y a muchos periodistas luego de su llamativo papel en la denuncia de Nisman –las escuchas demuestran que él traficaba información a los dirigentes sociales cercanos a Irán y no parecía estar infiltrado, como él afirmó-. Luego de su procesamiento, desapareció de escena. Reapareció a finales del 2019 en una insólita entrevista en un medio kirchnerista asegurando que Marcos Peña lo apretó (más allá de las infamias que dijo sobre algunos colegas entre los que me incluyo). Bogado fue a la denuncia de Nisman lo que Marcelo D´alessio es a la causa Dolores. Embaucadores profesionales. Serían buches que llevan y traen información para extorsionar y armar operaciones de prensa –carpetazos como diría el colega Rodis Recalt-.

Pero el documentalista inglés no investiga. Sólo recopila entrevistas, algunas bastante desaprovechadas. El material de archivo es impactando, la inversión en edición, cámaras y reconstrucción de momentos claves en la vida de Nisman, están logrados. Pero, al concluir el capítulo final, el espectador se queda con una sensación de vacío y tristeza. ¿Tanto para qué? El relativismo periodístico termina siendo un triste fenómeno de estos tiempos. Todas las posturas son válidas. Parece que tiene el mismo valor la palabra del denunciante que del denunciado, de un abogado de policías vinculados a secuestros y piratería que la familia del muerto. ¿Quién financió la campaña de difamación contra Nisman? ¿Qué advertencia recibió Nisman ese fin de semana final? ¿Por qué Patcher se tuvo que ir del país? ¿Quién lo espío a él? ¿Por qué Moro Rodríguez se tuvo que ir del país? ¿Cómo explican los fanáticos de la teoría del “suicidio” la vorágine de amenazas y aprietes que sufrió Nisman tras denunciar a la ex Presidenta? Párrafo aparte: Son los mismos que, a pesar de los 50 peritos, siguen sosteniendo que a Santiago Maldonado lo desaparecieron, torturaron y, luego, plantaron su cuerpo en el río. Son los que dicen, sueltos de cuerpo, que la causa Nisman se utilizó políticamente…. Lo hacen con un cartelito preguntando: ¿Dónde está Santiago Maldonado? La Argentina es la Capital Internacional del Cinismo.

El documental sobre Nisman acierta en recapitular las escuchas telefónicas de CFK con Parrilli o de los dirigentes K vinculados con Irán con el ¿espía? Bogado. Más aún, indigna y asusta, escuchar a Cristina agitar a sus seguidores en un patio de la Casa Rosada con la teoría de Nosotros y Ellos. Nosotros somos la alegría y a ellos les dejamos el silencio. El silencio son las marchas pidiendo justicia por Nisman, como dos décadas atrás, lo hicieron en Catamarca, miles de argentinos, por María Soledad Morales. Pero el silencio es tristeza, es odio, según la actual vicepresidenta. Argentina no puede ser tomada en serio por nadie cuando su actual Presidente da a entender que su actual compañera de fórmula cometió graves delitos con la firma del Memorándum con Irán y que, el fiscal que la denunció, no se suicidó. Pero, en este país naturalizamos, los cambios de opinión. Un vaso puede contener agua y, ese mismo vaso, contener jugo o gaseosa según “la ideología”. Como dijo Lanata: “El kirchnerismo desapareció los hechos”. Lo cierto es que Nisman denunció a Cristina y a una banda de traficantes de información que se la vendían a los denunciados por él y que estaban investigados por haber cometido el peor de los delitos. Cuatro días después, murió.

Por Luis Gasulla

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