Lun. Nov 30th, 2020

Por qué no es «una pavada»: respuesta a Marcela Durrieu

Tras una publicación de PyP sobre el nombramiento de la ex novia de Kicillof como Directora Nacional de Economía y Género, la dirigente sanisidrense y suegra de Sergio Massa nos pidió que paremos «con las pavadas». Por qué no es una pavada.

En el día de ayer, Sebastián Turtora publicó en Periodismo y Punto que el Ministerio de Economía había designado a Mercedes D’Alessandro como Directora Nacional de Economía y Género. “La pobreza es sexista” fue una de las frases que dijo la flamante funcionaria. Nadie discute sus condiciones. Es llamativo que florezcan cargos públicos, muchos de ellos inventados, mientras el pueblo no tiene trabajo. Más aún, es sorprendente la facilidad con la que las amantes, novios, hermanos, tíos, sobrinos, testaferros, hijos, padres, abuelos, nietos de funcionarios o dirigentes estatales consigan trabajo rápidamente. Eso sí, siempre en el Estado.

Pero para Marcela Durrieu, histórica dirigente del PJ en San Isidro –respetada y valorada- se trata de una pavada. D’Alessandro supo cuestionar la gestión económica de Axel Kicillof –más aún conversó con colegas de este portal- a pesar de haber sido su pareja. Eran otros tiempos. En aquel entonces, el calendario indicaba otra realidad política y Durrieu también conversaba en radio con este periodista para criticar las políticas kirchneristas. Un año antes, su yerno –Sergio Massa- había barrido en las urnas a Martín Insaurralde y Juliana Di Tullio.

Massa dijo que enterraba la rereelección de Cristina Kirchner. Lo hacía acompañado por Mirta Tundis –la que tiene a su familia en el ANSES, Felipe Solá –actual canciller del Frente de Todos- y José Ignacio de Mendiguren, que siempre está.

La noticia será una pavada para Marcela Durrieu, quizá molesta porque criticamos la increíble designación de su hija, Malena Galmarini, al frente de AYSA, pero deja de ser una anécdota cuando es sistemático. Al día siguiente, el hermano de la ex ministra de Defensa Nilda Garré fue nombrado director en el Banco Nación. A Raúl –que vuelve a la función pública luego de la pésima gestión en el Ministerio de su hermana en el que le descontó el sueldo a miles de gendarmes- lo acompañará un sobrino nieto del fallecido “Bombón” Mercado, pareja de Alicia Kirchner y padre de Romina Mercado, investigada en la causa judicial Hotesur.

Ese mismo día, el flamante intendente de Pilar Federico Achaval le inventó un cargo a Diego Brancatelli, el opinólogo militante de Intratables. Años atrás había querido ser concejal de Ituzaingó. Leer el Boletín Oficial de ese municipio, gobernado por el hijo del socio en el negocio del juego de Cristóbal López y uno de los empresarios inmobiliarios más poderosos del conurbano, es más difícil que ganarle al Liverpool. Pero al hallarlo, aparecen un sinfín de nombramientos y generación de nuevos cargos. Una pavada más.

Con una devaluación encubierta del 30%, un aumento considerable de la canasta básica, una inflación que no cesa, conflictos internacionales que preocupan al país entero y una docena de causas judiciales que pesan sobre la Vicepresidenta de la Nación que fue la persona que hizo Presidente a Alberto Fernández, los políticos y dirigentes de nuestro bendito país creen que un nombramiento más es… «una pavada». Podría serlo si hubiese pleno empleo, si para que un intendente contratase a un periodista militante –sea Russo, Branca o el escritor tiracentros de Cristina Kirchner- no tuviesen que echar a 200 tipos, como denuncian en Pilar.

Sería :una pavada» si los salarios le ganasen a la inflación –una constante en los últimos años con la gestión macrista incluida- o que los precios “cuidados” no los promocionasen después de retocarlos en un 25%. Tal vez, la pavada es creer que a gran parte de los políticos les influye la crítica o denuncia periodística. Que el consejo de Bernardo Neustadt, a comienzos de los noventa, les hacía ruido: “Si van a meter la mano en la lata, que no se note”. En la Argentina actual, acomodan a sus amigos, parientes y familiares y no se ponen colorados en hacerlo. Es triste que haya una porción importante de la sociedad que mira para otro lado y otros tantos que lo festejan ya que, “el próximo puedo ser yo”. Sería algo así como legitimar el acomodo, al alcahuete, al servil y señalar al que quiere hacer las cosas bien. ¿Qué daño le hace otra mancha más al tigre?

Hubo un tiempo en que Durrieu -como su yerno- denunció los ñoquis de La Cámpora. Es más, quería barrer con ellos. Hoy en el Estado no paran de echar empleados que no se alinean. El disciplinamiento es absoluto. Mientras concluyo esta breve nota, echan a empleados de carrera –varios de ellos, ingenieros- de Vialidad Nacional. Hacen lo propio en Casa Rosada. Se llama macartismo. Y no es ninguna pavada.

Por Luis Gasulla

Apoyá a los que luchamos por el derecho a la verdad. En los medios financiados por el poder, difícilmente la encuentres. Hace click acá, y suscribite a PyP.

4 thoughts on “Por qué no es «una pavada»: respuesta a Marcela Durrieu

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *