Lun. Nov 23rd, 2020

El día que Alberto Fernández marchó por Nisman

La serie El fiscal, la presidenta y el espía del director Justin Webster dejó al descubierto las contradicciones de Alberto Fernández en torno su posición respecto a lo sucedido con el fiscal Alberto Nisman el 18 de enero de 2015, cuando fue hallado en el baño de su departamento con un tiro en la sien.

Sin embargo, del «dudo que se haya suicidado» de 2017 al «hasta ahora no apareció ninguna prueba seria que diga que a Nisman lo mataron», hubo un episodio previo que en la serie de Netflix nadie encontrará: el día que el Presidente marchó por Nisman.

El hecho se dio el 18 de febrero de 2015, día en que se celebró la recordada Marcha del Silencio que convocó un grupo de fiscales para pedir justicia por el ex titular de la UFI-AMIA. Entonces, Fernández militaba en el Frente Renovador y trabajaba para la candidatura presidencial de Sergio Massa.

La presencia de Alberto en la marcha fue compartida en redes sociales por Juan Fernández, un militante peronista que lo acompaña desde hace años. En una de las fotos, a la derecha del hoy Presidente, también puede verse a su mano derecha: Claudio Ferreño, actual jefe del bloque Frente de Todos en la Legislatura porteña y presidente de Partido del Trabajo y la Equidad (ParTE). Fuerza que Alberto fundó en 2012, luego de profundizar su perfil de kirchnerista «crítico».

Crédito: @juferdez

Cabe destacar que este no es el único documento testimonial sobre lo que pensaba Fernández antes de recomponer su relación con Cristina Kirchner. También, publicó notas de opinión en los diarios Clarín y La Nación que dejaban muy mal parado al gobierno de su hoy vicepresidenta.

La primera la tituló Nisman, la víctima ocheta y seis y la publicó apenas tres días después de la muerte del fiscal. En ella planteó: «Nisman no murió por la bomba que explotó aquél fatídico 18 de julio de 1994. Murió porque pudo identificar y perseguir a los responsables del hecho y porque se animó a denunciar, sin anestesia y sin negociar prebendas, la escandalosa acción urdida desde el Gobierno para acordar con Irán el encubrimiento de los acusados de semejante crimen. Tuvo razón diciendo lo que dijo de Cristina Fernández de Kirchner».

Y para cerrar, afirmó: «No puedo entender su suicidio salvo que dé por cierto que ha mediado sobre él la perversa inducción de los mal nacidos».

En tanto, 90 días después de la muerte de Nisman, Fernández publicó Por algo será. Una columna de opinión en la que trazó un paralelismo entre la frase que -tristemente- se hizo célebre durante la última dictadura cívico-militar y el accionar del gobierno de Cristina ante el caso.

«Aquella «acción psicológica» desplegada por los genocidas acaba de ser revivida por el gobierno nacional. Ahora se trata de tapar tan sólo una muerte: la de un fiscal que denunció el objetivo final del inexplicable pacto firmado entre el gobierno argentino y el iraní. Alberto Nisman, el fiscal del que hablamos, murió hace 90 días de un tiro en la cabeza. Su vida acabó seis día después de haber promovido aquella denuncia y un día antes de tener que fundamentarla ante los diputados de la Nación», advirtió.

En esta línea, Fernández recordó que «la Presidenta dijo inicialmente que se trataba de un suicidio. Casi inmediatamente se corrigió y aseguró que estábamos ante un asesinato del que no tenía pruebas, pero sobre el que no tenía dudas. Agregó algo más: la causa de ese asesinato era una disputa entre servicios de inteligencia que, sin duda, dependían de ella».

Y resaltó: «Una sola conclusión debería sacarse de tamañas afirmaciones: según la Presidenta, a Nisman lo mataron los servicios de inteligencia que dependían de ella».

Al igual que en el cierre de la columna publicada en Clarín, el Presidente supo ser categórico: «Entonces una vez más aparece la circularidad de la historia argentina, y todo vuelve a repetirse. Casi cíclicamente, como ratificando «el mito del eterno retorno» de Nietzsche. Pero esta vez no son los genocidas los que inyectan la idea de «que algo habrá hecho» la víctima. Esta vez lo hace un gobierno que aunque propicia el castigo de esos genocidas acaba repitiendo una de sus más infames prácticas, que consiste en enterrar la memoria del muerto en el mar de los infames y dejar impunes a sus perversos asesinos (…) Así procede el Gobierno. Por algo será».

Por último, quedan por rescatar sus testimonios de Twitter, donde cada vez que se le presentaba la oportunidad definía a Nisman como su «amigo» o «alguien cercano», y recordaba sus cuestionamientos a «lo que hizo el gobierno con él».

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