Lun. Ene 24th, 2022

Del “yo no fui” al “fuimos Todos”, el expediente Cromañón por dentro

En los últimos días Periodismo y Punto analizó más de cien testimonios y una docena de indagatorias efectuadas en las primeras semanas de 2005, luego de la tragedia del boliche Cromañón. Cómo fue la cadena de responsabilidades y por qué Omar Chabán, Villarreal y los músicos de Callejeros se contradijeron entre sí. La aparición del cohecho y por qué la justicia no avanzó hacia arriba.

Del “Yo no fui” al “Fuimos todos”

Cinco años atrás, entrevisté en la desaparecida radio FM Identidad a Carla Ritrovato. Ella no es una periodista más. Fue la voz de una generación desde la Rock & Pop. Tras la muerte de Omar Chabán, habló: «Cemento tenía los baños más podridos de la historia y una vez le preguntaron a Chabán, ‘loco, ¿por qué no limpias los baños?’. Y él respondió, ‘Porque el rock es esto’». Para Ritrovato, lo más grave que hizo Chabán fue “haber confiado en una nueva generación de rock chabón o pibito» como Callejeros. Cromañón es un símbolo nacional que conjugó el “yo no fui” al “fuimos todos”.

En la investigación judicial de Cromañón se entrometieron los servicios de inteligencia como, diez años atrás, había pasado en AMIA. “Había que salvar al gobierno encarnado en Aníbal Ibarra, hermano de la novia del jefe de gabinete”, recuerda Nilda Gómez, madre de Mariano, uno de los 194 muertos en el boliche. A quince años de la tragedia, el destituido jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, no mostró arrepentimiento alguno. Aprendió de Néstor y Cristina en la indigna tarea de victimizarse ante la muerte y colocarse por sobre las víctimas. El operativo “encubrimiento” fue manejado desde Casa Rosada. Aníbal Fernández fue el ministro elegido para asesorar a los padres, tratar de suavizar a los más díscolos, ofrecerles ayuda a las víctimas y proporcionarles teléfonos celulares a los músicos que, años después, descubrirían que estaban monitoreados.

Operativo “rescate”

El sábado 1 de enero del 2005, menos de 48 horas después de la masacre, comenzaron las marchas ciudadanas pidiendo justicia. Al día siguiente, 1000 personas marcharon a Plaza de Mayo y a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad. Gritaban: “Ibarra, Chabán, la tienen que pagar”. El jueves 6, se escucharon, por primera vez, gritos contra Néstor Kirchner. El Presidente de la Nación se refugiaba en El Calafate. No había cambiado su rutina vacacional ante las trágicas noticias. Ese día decidió intervenir. Ese día, la Policía reprimió a los manifestantes, comenzaron a aparecer infiltrados en las marchas que asustaron a manifestantes independientes y el Gobierno Nacional comenzó el operativo para desmovilizar a los padres y ablandarlos. Esa semana, Kirchner se reunió con 120 padres y dijo: “Para venir a Casa Rosada, no hace falta que hagan marchas, la casa está abierta para ustedes”. El rol de intendentes del conurbano fue clave. También, el de Aníbal Fernández quien creía haber perdido un hijo en la tragedia y estuvo observando la situación desde el primer momento. Luis Bordón, padre de Cromañón, trabajaba para él como asesor de Gabinete. Para descomprimir la situación, Kirchner ordenó entregar a Juan Carlos López, ex Secretario de Seguridad y Justicia de la Ciudad. Su sucesor vendría de la “mano dura”: Juan José Álvarez, ex ministro duhaldista. A Ibarra ya no lo apoyaba únicamente el “progresismo” sino que se abría al peronismo clásico. Diego Gorgal era su número 2. Los boliches permanecerían cerrados ese enero del 2005.

Pero Ibarra seguía siendo resistido por gran parte de la opinión pública. Sus bases políticas estaban quebradas. El kirchnerismo lo acompañaría hasta el barranco. Nada más. Su suerte estaba echada. La defensa sólo sería judicial. La impunidad estaba en marcha. Alguien debía pagar: Los músicos y Chabán.

“A Callejeros les dijeron lo que tenían que decir”.

El mismo 30 de diciembre del 2004, el baterista de la banda, había grabado una nota con Juan Di Natale –conductor en la radio Rock and Pop- en la que decían que la frutilla de la torta era la bengala”. En el 2014, los músicos que habían diseñado la estrategia de “nos salvamos todos o nos hundimos juntos” para que no caiga el manager, recuperaron la libertad. No así el manager, Diego Argañaraz. Ese año murió Omar Chabán y muchos músicos lo lloraron a escondidas.

Una de las primeras declaraciones judiciales fue la del suboficial Gustavo Fracuelli, el 2 de enero del 2005. Aún no se hablaba de coimas policiales. En la misma, habló de “un montículo de personas sobre el suelo, siendo éste de aproximadamente 1 metro, aparentemente aprisionadas”. “Debajo del montículo se encontraba un menor de corta edad, de aparentemente un año de vida”. Así nació la teoría, amplificada en los medios de comunicación y que muchos aún creen, que en el boliche funcionaba una guardería. Falso. Lo cierto es que muchos seguidores de Callejeros iban a los recitales con sus pequeños hijos. Jorge Alejandro Cuenta, el 25 de febrero, confirmó que se tiraban bengalas. El manager de Catupecu Machu, Fausto Hernán Lomba, afirmó que en Cemento y Cromañón, “se podía llevar seguridad propia, lo cual no ocurría en Obras, Luna Park o El Teatro”. ¿Quién había elegido al personal de Seguridad? ¿A quién respondía? ¿Habían hecho la vista gorda para que ingresasen bengales y tres tiros? ¿Los habían llevado los propios amigos y familiares de los músicos?

El agente Claudio Ariel Rivas recordó que esa noche “tiraban pirotecnia afuera, al carro nos tiraban cohetes, cerca del carro. La mayoría estaban borrachos, ebrios”. Rivas describió el pésimo operativo para rescatar a las víctimas y la tardanza de las ambulancias que no sabían qué hacer ni cómo actuar. El sargento Alejandro Molina mencionó a Carlos Díaz, subcomisario que habría cobrado las coimas. No se profundizó sobre las increíbles denuncias efectuadas por Víctor Ramón Fajardo, el kiosquero ubicado en Bartolomé Mitre 3042, pegado a “Brizzio”, mismo inmueble que el hotel alojamiento “Central Park” –clave en la tragedia- propiedad de Rafael Levy. Fajardo declaró que “cerca de las 19, en la vereda de enfrente, se colocó un muchacho de aproximadamente 35 años, morocho, panzón, fornido, pelo negro tipo “pirincho”, acompañado por otro un chico de unos cinco o seis años que podría ser su hijo. Cruzó un piolín entre árbol y árbol y colgó remeras y otros productos, como ser banderas, que tenían la publicidad “Callejeros”. Ese hombre habría vendido la pirotecnia asesina. Nadie evitó que vendiese pirotécnica en la vía pública. Fajardo escuchó que “ese sujeto hablaba con la esposa por teléfono, que la venta venía mal y que estaba rematando las candelas y bengalas que tiraban en la calle”. A Fajardo no le llamó la atención que “pibes” tirasen pirotecnia en la calle pues “ya había pasado con La 25 y Los Gardelitos” pero sí que “la vendiesen en la calle”. Habló de la famosa puerta de seguridad cerrada pues “siempre estuvo así, fue cerrada porque generaba ruidos y molestaba a los huéspedes del hotel, según me comentaron los empleados de allí”. Julio Garola habría dado esa orden por decisión del empresario Rafael Levy. A Fajardo nunca le había caído una inspección…

Aparece Schoklender en Cromañón

Para Ibarra la culpa fue de la policía federal que no controló el ingreso de los jóvenes ni de las bengalas. Sólo Carlos Díaz, subcomisario de la comisaría 7º, terminó detenido. Ibarra omitió mencionar que la Federal la manejaba Aníbal Fernández, el eterno ministro, que estuvo esa noche, en pantalones cortos, desesperado, creyendo que uno de sus hijos estaba allí. Los que se callaron la boca durante semanas enteras fueron los Kirchner. El cohecho –la coima- se basó en el testimonio de Viviana Cozodoy, sobreviviente de Cromañón que trabajaba, desde noviembre del 2004 en el boliche. A la mujer la entrevisté en reiteradas ocasiones y sus sensaciones con Chabán pasaban del agradecimiento a la bronca. El creador de Cemento, en una extensa entrevista en mayo de este año, insistía en que las coimas fueron un mito. Antes de fallecer, me lo dijo en persona: Eso no pasó.

El testimonio de Cozodoy apareció en el diario Página|12, a mediados de enero del 2005, en una entrevista de la periodista Adriana Meyer a Sergio Schoklender. El exapoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo representaba a Cozodoy y a otros trabajadores de Cromañón que querían cobrar sus deudas. “Había que ir contra la Federal y Sergio nos insistía para apuntar ahí”, recuerda Cozodoy, molesta porque Schoklender evitaba hablar de las responsabilidades políticas del gobierno nacional y porteño. La SIDE ya estaba metida en las marchas de los familiares que eran multitudinarias y le pedían respuestas a Néstor Kirchner. Medios oficiales como Página|12 ya señalaban a Chabán como al asesino perfecto.

Cozodoy insiste en que escuchó el diálogo en el que Raúl Villarreal, mano derecha de Chabán, es interpelado por la expareja de Katja Alemann, para que arregle con la policía. Según el abogado defensor de Díaz, “ningún subcomisario pasa a cobrar directamente él una coima de 100 pesos sino que manda a un subalterno”. Para el fallecido Fermín Iturbide, abogado de Díaz, “el testimonio de Cozodoy fue clave pero era débil.

El misterioso Rafael Levy y la SIDE

En el juicio de Cromañón, Rafael Levy declaró que desconocía los movimientos en el boliche que era de su propiedad, que no sabía de rock ni mucho menos de media sombras. La sociedad que administraba el boliche de la tragedia era Central Park Hotel SRL al igual que el hotel alojamiento contiguo. Levy aparecía también como dueño del prostíbulo Peko´s y había viajado a Ibiza a inolvidables fiestas. No son pocos los que lo vinculaban con otros hombres de la noche con aceitados vínculos con la ex SIDE. Pero esa noche, la maldita salida de emergencia estaba cerrada. Los pibes entraban a buscar a sus familiares y amigas. Muchas veces, no salían. Las ambulancias tardaban en llegar. No hubo contención ni plan de emergencia. Quince años después, Ibarra defiende su actuación. 10 años después, Cromañón sigue siendo un tema tabú para el relato oficial. Cristina Kirchner jamás habló del tema. 

Por Luis Gasulla

@luisgasulla

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