mié. Nov 20th, 2019

De la Antigua Roma a La Matanza. Las increíbles contradicciones de “El cemento no se come” por Javier Pérez

En el comienzo de la historia de los primeros humanos, estos ya entendían que el agua era de una importancia enorme. Sabían que cualquier asentamiento humano, por pequeño que sea, necesitaba disponer de un sistema de aprovisionamiento de agua que satisfaga sus necesidades vitales. Nómades o sedentarios, siempre basaban sus viviendas, cerca de algún río, lago, o manantial. En ese entonces, pasaban sus días cazando, para sobrevivir. Los sitios que habitaban, no llevaban nombre, y sus hogares eran estructuras básicas, ya que no poseían ni el conocimiento, ni la habilidad, para edificar casas o cosas mejores.

Recién en la edad antigua, y con la constante evolución natural de la especie humana, fue que la inteligencia se desarrolló a tal punto que, los avances en materia de construcción y riego, trajeron civilizaciones más prolíferas y exitosas. Muchas de las aldeas que se empezaron a construir, eran aún a orillas de ríos, pero ya no sólo por cuestiones básicas de supervivencia, sino para poder navegar esas aguas, y poder comerciar y/o expandir su hábitat. Al mismo tiempo, se empezaron a inventar mecanismos, por los cuales, no hacía falta asentarse cerca de alguna masa de agua. Al darse cuenta que las lluvias torrenciales, acarreaban con ellas inundaciones que causaban daños enormes, buscaron la manera de no perder sus hogares. Así fue que en el Subcontinente indio, en el Oriente Medio y en la antigua Grecia, empezaron a aparecer acueductos primitivos. Éstos, permitían llevar agua de un lugar a otro, por lo que conseguían matar dos pájaros de un tiro, al poder edificar lejos de ríos, y al mismo tiempo, al mover el agua desde dichos ríos, evitaban futuras inundaciones, y no debían mudarse o volver a construir. Estamos hablando de civilizaciones en los años 1200 A.C.

Antigua Roma

Al acabar el imperio Griego, tras ser conquistados por los Romanos, la evolución fue mucho más allá. Los romanos, heredaron la idea de ciudades de los griegos, pero creían en vivir en ciudades aún más grandes, y sabían que para pasar de aldeas a grandiosas metrópolis, se harían necesarios sistemas de conducción que obtuviesen el agua en los puntos más adecuados del entorno y la llevasen al lugar donde se haya establecido el punto a ser poblado. Así fue que los famosos (y muchos aún en funcionamiento) acueductos romanos transformaron a esa civilización en la más avanzada de su era. Adonde fuese que conquistaran, llevaban esta fórmula, y sus ciudades y asentamientos, crecían y se desarrollaban. Pero no todo era acueductos, eso era solamente parte del suceso. Los Romanos, también comprendieron que hacer calles internas y comunicando a distintas ciudades, aumentaban las chances de comerciar, y por ende lucrar más, y enriquecerse más.

Con su sistema de construcción de dos calles principales, una de este a oeste llamada “Decumanus”, y la otra de norte a sur llamada “Kardo Maximus, que se cruzaban en el centro de cada ciudad, y luego calles paralelas a estas alejándose hacia las periferias de la ciudad, lo que simplificaba a propios y a forasteros a encontrarse cómodos en cualquier sitio. Toda ciudad, era amurallada, por razones de seguridad y defensa, y sólo las dos calles principales, tenían acceso directo, a las 4 puertas de una ciudad. A medida que creaban nuevos asentamientos, construían calles, comunicándolos con los ya existentes, creando así una red de comunicación masiva. A diferencia de las civilizaciones que los precedieron, los romanos, trabajaban con piedras y hormigón, asegurando la durabilidad de sus obras.

Obra pública, fuente laboral

Lo importante, era para ellos, el orden en que debía construirse una ciudad: 1) Buscar fuente de agua, para crear acueductos y drenaje 2) Crear las murallas de defensa, las dos calles principales, y las de comunicación con otras ciudades 3) Crear todos los edificios que servirían para gobernar (anfiteatro, teatro, termas, foro, etc.) , y designar el sitio para el mercado y las tiendas. 4) Empezar a construir y “vender” casas desde las dos calles principales, hacia las afueras, y a medida que se edificaba, se hacían las calles secundarias. Es decir que viviendo en épocas remotas, sin la infraestructura de hoy en día, varias civilizaciones se multiplicaron, crecieron, y se desarrollaron, gracias al concepto básico de no poblar ningún asentamiento, hasta que los puntos del 1 al 4 estuviesen completos. Muchas de las ciudades modernas que existen en la actualidad, han estado creadas bajo esa idea, y con cada avance tecnológico que se lograba, mejores ciudades y más prósperas se creaban.

El mundo siguió su curso, su crecimiento. Cada vez más rutas (aéreas, terrestres, marítimas, ferroviarias), más acueductos y drenajes. El secreto obvio para todos, era (y es) primero se construye, después se puebla. Pero hubo y hay excepciones. En la segunda mitad de los años 40, se intentó industrializar la zona de la Provincia de Buenos Aires, llamada La Matanza. Su extenso territorio, y su cercanía a la Ciudad de Buenos Aires, presentaban un gran atractivo para el gobierno del General Juan Domingo Perón. El territorio, estaba bastante deshabitado, y la industrialización, generó puestos de trabajo, que produjo un flujo de gente que llegaba desde las provincias y de los países limítrofes, en busca de trabajo y una vida mejor. Hete aquí, que empezaron a crearse viviendas precarias (las llamaban transitorias), para poder albergar a los que hasta allí llegaban. Pero se omitió seguir el proceso romano, y se empezó por el punto 4.

Es decir, crearon viviendas, donde no había agua (sólo la del río Matanza-Riachuelo), drenaje, calles, ni calles para comunicar las casas, con los lugares de trabajo. No había red de agua potable para las casas, no había drenaje ni para los baños privados, ni los públicos, ni tampoco para las industrias. Todo iba a parar al río, y desde ese entonces es reconocido, por su alto nivel de contaminación. Para hacerlo peor, al ir toda la basura al río, y no haber drenaje, al llover un poco, las inundaciones que se producían, eran trágicas. Una vez que la expansión se convirtió en masiva, se puso más hincapié en viviendas, que en los servicios básicos. De esa forma, cuanto más se incrementaba la población, más problemas surgían. Al llegar la crisis de los años 70, y con las industrias, ya casi todas cerradas, esa falta de servicios y de comunicación, aisló al partido, y lo volvió eje de la pobreza en el país.

Hoy día, en pleno siglo XXI, aún no se han realizado los puntos del 1 al 3 de los romanos, y continúa La Matanza, inundándose, y sumergida en una pobreza, que no debiera existir. En el 2015, el gobierno provincial, le otorgó a la intendencia del partido, dinero para realizar todas esas obras. Al principio, y bajo supervisión de la gobernación, las obras se comenzaron, luego, se abandonaron, y el dinero otorgado, fue puesto en un plazo fijo. Una pena que, con lo probado que está históricamente, que esos simples 4 puntos en orden, funcionan, en Argentina (no sólo en La Matanza) no se hayan seguido, para crecer y desarrollarse.

Yo no imagino a ningún griego, ni a ningún romano, diciéndole a sus gobernantes “el cemento no se come”.

Por Javier Pérez. Especial para Periodismo y Punto

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