América Latina en su momento más crítico. El sangriento regreso de los populismos autoritarios.

Hace instantes, Evo Morales decidió llamar a elecciones. La situación en Bolivia, es caótica. Nuestro vecino país está al borde de una guerra civil. Los líderes “progresistas” de América Latina denuncian un supuesto golpe de Estado contra el “amigo” Evo Morales. Alberto Fernández, flamante presidente electo argentino, celebra la liberación de Lula Da Silva, ataca a la justicia brasileña, se muestra ambivalente con Venezuela y las innegables violaciones a los derechos humanos mientras apoya las llamativas revueltas en Chile.

De repente, el modelo económico chileno se cae. Morales obtiene una discutible nueva reelección presidencial y la hambruna en Venezuela es silenciada. ¿Es casual? Primero, Rafael Correa, ex presidente y prófugo de la justicia, en su país, festejó los alzamientos populares contra su sucesor en Ecuador. Luego fue el turno de Chile. Argentina evitó los saqueos por la bondadosa gestión del Ministerio de Desarrollo Social de Carolina Stanley y por el resultado electoral de las PASO (la propia Gabriela Cerruti así lo expresó en tuiter en una suerte de confesión pregolpista). ¿Cómo hubiese terminado el gobierno de Mauricio Macri si la provincia de Buenos Aires hubiese estado gobernada por el kirchnerismo durante su gestión? La respuesta es obvia: con saqueos.

Patricia Arce, alcaldesa del partido de Evo Morales en Cochabamba tras ser bañada en pintura, escrachada y golpeada por manifestantes que reclaman fraude electoral.

Los ministerios de Seguridad de Argentina y Chile confirman las suposiciones sobre vinculaciones entre movimientos extremistas de ambos países, posiblemente, financiados por el régimen cubano y de Maduro. El dictador venezolano los celebró. El ladriprogresismo calla ante la muerte durante gobiernos de supuestas ideologías de izquierda -caso Venezuela o en Cuba durante medio siglo-. Pero no se ponen colorados para inventar desapariciones (Caso Santiago Maldonado en Argentina) o pedir la renuncia de presidentes constitucionales como en Chile. Allí está el colectivo de actores y actrices argentinos haciendo un nuevo papelón. Así se expresan los centros de estudiantes repitiendo frases hechas y mentiras, bajando línea y adoctrinando en las escuelas y universidades de América Latina.

Sólo queda en pie Jair Bolsonaro, un presidente que arrasó en las urnas por el espanto a la corrupción del Partido de los Trabajadores y por un preocupante resurgimiento de olas populistas de derecha, otro fenómeno mundial. Las grietas se agrandan. Los autoritarismos se acentúan. Las matanzas se naturalizan. Las Fake News se convierten en reales según las creencias de cada uno de los públicos que las reciben. América Latina no resuelve sus grandes cuentas pendientes: Desigualdad, desempleo y pobreza estructural. Los populismos festejan la demagogia de supuestos logros económicos que solo se confirman en sus mentes afiebradas.

El siglo XXI recién comienza pero, poco y nada, parece haber aprendido de su antecesor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *