La peor de las grietas y el doble discurso de la Iglesia Argentina

Es conocida la preocupación que permanentemente expresa la Iglesia argentina respecto a la imperiosa necesidad de cerrar nuestra múltiples discrepancias, en particular, la denominada “grieta”. Al menos, así se han expresado enfáticamente en las más diversas ocasiones.

La última, en Luján, el pasado domingo 6 de octubre, donde el obispo de Morón Monseñor Jorge Vázquez, se refirió a “un pueblo sediento de paz y hambriento de justicia un pueblo que no quiere ningún tipo de grieta ni enfrentamiento estéril, un pueblo cansado de divisiones”. Y luego: “Sabemos como ha expresado el Papa Francisco, que “la unidad es superior al conflicto””. Dejamos aquí la reflexión que merecería la tensión probablemente no advertida por el prelado entre el “hambre de paz y la sed de justicia”. Efectivamente parece de perogrullo que el divisionismo estéril (no ciertamente el fundado en valores esenciales como la honestidad personal) es un mal para cualquier sociedad organizada. Dejemos de lado también la evaluación sobre el carácter efectivo y conducente o sobre impreso y ficticio de la mentada “grieta”.

Pero ocurre que un día después de la homilía de Luján, al inaugurar en el Vaticano el sínodo sobre la Amazonia, nada menos que el Papa aludió imprevistamente a la historia Argentina, en términos no precisamente laudatorios (cito de La Nación, martes 8 de octubre de 2019, página 4 artículo de Elizabetta Piqué): “En nuestro país un lema “civilización y Barbarie” sirvió para dividir, para aniquilar. Y hacia fines de los años ochenta (del siglo XIX) llegó al culmine de aniquilar a la mayoría de los pueblos originarios porque eran barbarie. Y la civilización venía de otro lado. Es el desprecio de los pueblos”. Bergoglio no denunció formalmente un genocidio, del pasado nacional a los que aludió el Papa argentino. Me remito a la historiografía seria que abunda en la materia.

Ello así, salvo en el detalle que el Facundo de Sarmiento, donde se insertó la famosa cita a que alude el pontífice fue escrito décadas antes que la expedición al desierto del General Roca, que ambos hechos están desconectados entre sí y que en todo caso para entonces la reflexión sarmientina si bien integraba el corpus de la generación del 80 era mucho mas que un eslongan de campaña, como resultan ahora los lugares comunes de los políticos de nuestros días. Sarmiento no era racista -más allá de compartir los prejuicios propios de su tiempo y su medio- y su libro más famoso fue en rigor un genial panfleto contra Rosas envuelto en una declarada biografía de Facundo Quiroga. Facundo es una obra maestra de la literatura y del pensamiento político pero como cualquier lector sin anteojeras puede comprobar si se molesta en leerlo ni es racista ni siquiera anti criollo. “¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo!” (Introducción a la edición de 1845).

El “noble pueblo” al que alude Sarmiento era el criollo de los años 40 del siglo XIX formado por españoles cruzados con indios. del cual el autor formaba parte con orgullo. No hay racismo en la frase que prologa el libro si no mas bien, lo contrario.Un escritor insigne del siglo XX, inbuído de la tradición sarmientina, o mas exactamente mitrista, se lamentaba que no hubiera resultado el Facundo, si no Martín Fierro el libro de cabecera nacional (claro está, Borges escribía en tiempos en que el común de los argentinos leían, y en la escuela se enseñaba a nuestros grandes autores).

Y es curioso que en ocasión de un evento de alcance mundial en rigor bastante lejano a estos antecedentes, el actual Papa haya aludido a la genuina y verdadera grieta que enfrenta a los argentinos, la madre de todas las grietas posteriores, la de unitarios y federales, que retrasó en medio siglo nuestra organización nacional y liquidó físicamente en su época a buena parte de nuestro pueblo: la equívocamente denominada de unitarios y federales. Luego liberales vs. nacionales que llega, por cierto, hasta nuestros días y en modo alguno ha sido saldada.Pero lo peor es que Bergoglio no formula esta reflexión con ánimo pacificador, si no postulando una falsedad historiográfica, y lo que es mas grave,  ubicándose desembozadamente, de un lado bien determinado de la “grieta”.Sin advertir quizá que el odio retrospectivo a Sarmiento a quien no abruman el mármol ni la gloria” (J:L: Borges poema Sarmiento, de El Otro el Mismo” (Tomo 2 de Obras Completas, Emecé 2010), se inscribe en la diatriba nacionalista que contrapone el libro mayor del gran sanjuanino con el Martín Fierro.

Que los defensores de los pueblos originarios y de las culturas pristinas deberían leer con atención, porque allí sí, el criollo -no el real si no el del sueño retrospectivo del intelectual que concibió el gran poema nacional y popular- destila inquina y odio contra el negro y el indio.

Por el abogado Luis Alberto Gasulla – Padre del periodista Luis Gasulla

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