mié. Nov 20th, 2019

Histórico: Lo que se juega el histórico domingo 27 de octubre del 2019

El domingo que viene será recordado por los próximos 20 años. La elección presidencial del 27 de octubre del 2019 es la más importante del siglo. Nunca antes la Argentina tuvo que decidir entre dos modelos y proyectos de país. No sólo se trata del futuro económico sino de valores, un sistema de ideas, educación, un estilo de hacer política, de pararse ante los problemas, ético y moral.

En la Argentina, producto de discursos cínicos, mentirosos e ideologías populistas (engañosas), el país vive una profunda división. Pero no es política sino moral. La cultura del trabajo vs el estatismo. Priorizar los reclamos de las víctimas del delito y la inseguridad contra los discursos ladriprogresistas de comprensión de los victimarios y asesinos. El civismo y el republicanismo enfrentados a los barras bravas, el negocio del puntero, el clientelismo y la esclavización y utilización de los olvidados de ayer y hoy. La creencia de que se puede construir una enorme Argentina de clases medias contra la alabanza y demagogia del único y verdadero pueblo; esto es: el negocio del pobrismo. Las licitaciones públicas en la obra pública o la carterización de las obras con rutas que van hacia ninguna parte, el asfalto más caro del mundo y los retornos del 50%. El capitalismo plural o el capitalismo de amigos. La verdad y los índices reales de la economía, educación o inseguridad o el negacionismo del siglo XXI. La atención a los derechos humanos actuales y del pasado o el negocio de los falsos progresistas cobijados en organizaciones de derechos humanos que dejaron la sociedad civil para ser parte de un partido político. La educación pública sin políticas partidarias o el adoctrinamiento en las escuelas. La arenga al pueblo argentino -inocente, risueña, con o sin carisma (todo es discutible) o el discurso único del dedito levantado, la cadena nacional para todos y el escrache desde el atril presidencial. La verdad o las falsas noticias. La lucha contra los corruptos o el premio a los chorros. El intento de cuidar las formas o los nuevos ricos que se ríen del esfuerzo del trabajador por ser “los hijos o amigos” del poder. La liberalización de los pobres o la utilización y el clientelismo.

Abrirse al mundo o el memorandum con Irán, las giras por las dictaduras africanas y entregarle todo a China. Discutir ideas o convertir a la política en una religión. Discutir acuerdos de precios o esconder la inflación. Garantizar la paz social o esconder saqueos y muertes mientras baila un presidente con Moria Casán y su hija. Tener más cemento que no se come ni llena la heladera o que flote la heladera y perderlo todo. Escuchar al otro o mirarlo con desprecio y soberbia. Responder preguntas o hablar sólo con periodistas militantes. Garantizar la libertad de expresión o la Conadep del periodismo. Tomar medidas con una investigación periodística o carpetear al periodista. Transparentar el financiamiento político o mantener el status quo. Romper con los jerarcas del sindicalismo o mantener las corporaciones sindicales, empresarias y el poder real del país. Dejar hacer a la justicia federal o perseguirla hasta la muerte. Federalismo o controlar las provincias y municipios desde la billetera de Casa Rosada. Tener ministros y un esquema claro de poder o el internismo de secretarios con más peso que los ministros. Proteger a los ciudadanos o acomodar a los amigos. Un gobierno que, con falencias, errores y pecados de soberbia, quiso gobernar para todos o un proyecto sectorial de perpetuación familiar en el poder.

Todo esto y mucho más se juega este domingo. Le toca a Macri encabezar un proyecto de ideas, valores y sueños de millones de argentinos que, algunos con convicción y otros por necesidad, lo apoyan pues del otro lado está la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su candidato Alberto Fernández. Nadie sabe qué saldrá de ese engendro pocas veces vista en la que un líder elige a su sucesor pero lo controla de cerca en la misma fórmula. Del otro lado, sabemos qué esperar, con sus aciertos y errores. Venezuela está a la vuelta de la esquina. Es tan cínica la oferta de la Señora que se solidariza con el pueblo chileno mientras sus muchachos patoteaban y golpeaban a los trabajadores venezolanos que llegaron a nuestro país y denunciaban las violaciones a los derechos humanos de Nicolás Maduro.

Nadie garantiza que el país pueda salir rápidamente de la crisis económica actual con una victoria de Macri. Tampoco nadie puede creer, realmente, que alguien que ejerció el poder como los Kirchner regrese para “ser mejores”. En ese caso, que empiecen por devolver la plata. Pero, ¿no sería mejor que triunfen los que no se dejaron seducir por las migajas del poder ni miraron para otro lado ante el latrocinio de la “década ganada”?

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