mié. Nov 20th, 2019

Del dedo acusador de Alberto Fernández al cansancio de Roberto Lavagna. Verdades y mentiras del primer debate Presidencial del 2019

“El kirchnerismo no cambió, por más que se oculte, es lo mismo” fue una de las últimas frases que dijo el actual Presidente Mauricio Macri en el primer debate presidencial del 2019. En una campaña atípica, en la que practicamente todos los medios de comunicación, ya apostaron por el caballo ganador de los Fernández -tras la inesperada ventaja obtenida en las PASO-, Macri tuvo un discurso conciliador para defender su gestión y promocionar un mejor futuro en su segundo mandato. Fue cordial desde su presentación en la que habló de los otros cinco “compañeros” de debate. Pero no encontró respuestas amables e, incluso, recibió agresiones personales. ¿Debía responder?

Se suele repetir hasta el cansancio que “el que se caliente, pierde”. La frase la repite Aníbal Fernández (otro ex candidato K con estilos y formas similares al “conciliador” Alberto). Macri mantuvo, pacientemente, su “relato” basado en datos concretos y en otros discutibles como el aumento del presupuesto del ex Ministerio de Ciencia y Tecnología. Salió airoso. Eran cinco contra uno. ¿Por qué? Porque tres candidatos pelean por su electorado -Roberto Lavagna, José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión- y Nicolás del Caño se sintió más cómodo atacando a “la derecha” de Macri y no al falso progresismo K.

¿Por qué perdió Alberto Fernández? Porque no sumó nada. Le habló a su tribuna. La convalidó. Confirmó que son ellos los que agigantan la grieta. No buscó conciliar. Acusó sin pruebas hablando de fuga de capitales de “los amigos de Macri”, su cuerpo habló y expresó su intolerancia hacia el que no pensaba como él, levantó el dedo como Donald Trump o los líderes autoritarios de la historia reciente mundial (no comparen con Ricardo Alfonsín -mediocres chantas en TV) y no dio ni una sola propuesta de gobierno. Le habló a su hinchada: las que lo siguen porque odian a Macri y lo que representa. Punto. Eso ya lo tenía asegurado. No obtuvo nada más. Más allá que, por momentos, rozó la ignorancia y la mentira descarada como cuando dijo que los abuelos no compran celulares o la deuda externa que recibió el gobierno de Cambiemos luego de semanas en las que habló de un país que recibió Macri totalmente desendeudado. ¿En qué quedamos?

La soberbia, el autoritarismo y los dueños de la verdad absoluta nunca se fueron y Alberto Fernández se ocupó de confirmarlo. La diferencia es que ahora tiene a casi todos los editorialistas y medios de comunicación mirando para otro lado mientras la Comisión de la Des-Memoria intenta sepultar al periodismo de investigación, la Conadep a los periodistas aguarda agazapada y los mediocres de ayer se babean con sus proyectos de venganza. Alberto representó en esos minutos la impunidad del pasado y los pactos espurios de un futuro de Ellos -Jamás de Todos-.

Del Caño estudió sus pedidos de minutos de silencio más preocupado por la realidad ecuatoriana que por la venezolana, ni que hablar de nuestro país. Ya era demasiado. Cayó en frases hechas y lugares comunes. Sorprende que un candidato de izquierda -suelen tener los mejores oradores- sea tan pobre. Mediocridad al palo. No convenció a nadie más que a los de siempre.

Mientras que ya se preparaba Daniel Scioli para una embajada y Victoria Donda para el flamante Ministerio de la Mujer -confirmando el desprecio de los populismos por cuidar el gasto público- Roberto Lavagna parecía aburrirse. Pero no sólo del debate sino de él mismo. Le sobró medio minuto en la temática de economía y finanzas. Habló de los derechos del hambre -no será de los niños?- y fue la gran decepción para casi todos. Gómez Centurión tenía un problema con el reloj, le habló a su público y confirmó que podría ser un buen diputado pero que no está a la altura de las circunstancias. Un Presidente debe interesarse y ocuparse en más que dos cuestiones: Seguridad y las Dos Vidas, por ejemplo. Espert se movió cómodo aunque cometió algunos excesos en relación con la educación: el liberalismo y lo políticamente incorrecto no es bien visto por las grandes masas. Fortaleció su espacio. Causó gracia de muchos espectadores -como es mi caso- cuando dijo que le ganaría al kirchnerismo.

Si estás en contra del aborto, ¿cómo explica Centurión que con sus 2 o 3 puntos puede habilitar la despenalización de ese proyecto con la segura victoria de Alberto Fernández? ¿Realmente Espert cree solito ser capaz de modificar el status quo sindicalista, educativo y político de las grandes corporaciones argentinas?

El domingo que viene será la revancha. Habrá más siestas, bostezos, chicanas, dedos acusadores, frases hechas y alguna que otra propuesta.

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