vie. Nov 15th, 2019

7 preguntas a Nicolás Isola: “En el periodismo hay mucha prostitución por un click”

A Nicolás José Isola lo leímos hace años en La Nación gambeteando el cinismo gobernante. Corrían tiempos en que Cristina Fernández de Kirchner intentaba quedarse con todo y lo gritaba en Rosario tras la tragedia de Once. Pasaron muchas cosas en el medio. La Argentina está a días de regresar al populismo autoritario de la líder mesiánica que pasó de idolatrar a los Estados Unidos a coquetear con Irán, Angola, entre otras dictaduras del tercer mundo.

¿Cómo analizar lo que le está pasando a la sociedad argentina? En Europa no nos entieden, los venezonalos que llegaron al país huyendo de la miseria, la violencia y la agonía de las ataduras de Nicolás Maduro; tampoco. Isola es filósofo, doctor en Ciencias Sociales y Consultor en Desarrollo Humano. Desde San Pablo, Brasil, habla por primera vez con Periodismo y Punto.

Nicolás Isola.

¿Como analizas los ánimos de la sociedad argentina?

La primera respuesta que me surge es ¿qué es la sociedad argentina? Ni los encuestadores que de alguna manera se dedican a decirnos sus características pudieron acertar que está pasando en la sociedad. Las PASO parecen haber movilizado las capas tectónicas de la política argentina. Si un mes atrás, no un año, no dos años, si un mes atrás se le decía a Mauricio Macri: usted va a poner restricciones al mercado de cambio el día 1 de septiembre, hubiera comenzado a reír. Aquí estamos. Creo que hay muchísimos ánimos que se sintieron esperanzados por las urnas: sectores de la sociedad que se sentían asfixiados y a los que el Gobierno no supo escucharlos. Y esta “no escucha” no comenzó ahora, ya en los primeros meses de 2016 era posible ver cómo el hermetismo ganaba terreno, cómo un núcleo PRO le cerraba las puertas de la toma de decisiones al radicalismo, cómo Marcos Peña parecía ser como ese número 10 al que el DT pide que los demás le den siempre la pelota. Esa falta de escucha, incluso de los propios como los radicales, aumentó en el típico aislamiento del poder. No pudieron ni quisieron ver y no escucharon a quienes, desde afuera, señalaban la enorme presión sobre algunos sectores. Hay un hecho paradójico: cuando más crucial era escuchar, la campaña del oficialismo suspendió los “timbreos”. No importó porque los votantes son traviesos: cuando el gobernante se tapa los oídos, ellos se los destapan con votos.

¿Cuál cree que han sido los aciertos y errores del periodista argentino?

No soy periodista. Creo que, como tantos dicen, el periodismo está atravesado y, me animo a decir, herido por una grave crisis, que es de credibilidad, de moral y de profesionalismo. Hay mucha prostitución por un click.

La pauta oficial en el desierto económico que habitan los medios es una zanahoria que genera los peores comportamientos. A veces, parece haber una cierta similitud entre algunos periodistas y algunos jueces federales: son veletas que van hacia adonde el viento del poder los mueve. Para aquellos ciudadanos que están por fuera de este mundo de los medios y del poder, es muy difícil discernir qué es cierto y que es trampa: en el último mes hubo más operaciones en los medios que en todos los hospitales del país.

¿Cómo se explica el posible regreso del peronismo/kirchnerismo al poder?

Durante su gestión, Cambiemos tuvo problemas para conectar y buscar mayores empatías tanto con las clases populares, como con las clases medias. Es cierto que las obras de infraestructura fueron realizadas, pero también es cierto que había que entender que algunas personas se habían acostumbrado a comer sin cloacas y con calles de tierra, pero no se acostumbraron tan fácilmente a tener cloacas y calles de asfalto pero no comer.

Con el fragor de las urnas enfrente se recurrió a insuflar miedo por el regreso del Kirchnerismo. Asustar sirve a veces. El problema es que si asustás todo el tiempo, llega una hora en que ese susto se diluye, ya no asusta, cansa al destinatario y muestra que lo que ofrecés es solamente “no ser lo otro”. Un boomerang polarizante que aplauden los propios, pero que quizás profundiza la grieta y quema los puentes, dejando más gente del otro lado. El oficialismo creía que a una porción castigada de la clase media la tenía atada y jamás votaría a una fórmula con Cristina Fernández de Kirchner. Esas son las preciosidades de la democracia, la clase media le dijo a Macri: mi voto es mío.

El lunes, tras las PASO, el dólar pasó de 46 a 60 pesos. Pero el presidente seguía hablando de la confianza de los mercados, ese ente que pocos votantes conocen. Sería bueno recordar una sutileza: los mercados no padecen el hambre, los rostros sí. En abril de 2016 escribí una columna en La Nación que se llamaba: “Decir es tan importante como hacer”. Allí criticaba dos cosas: la falta de una argumentación discursiva consolidada por parte de Cambiemos y su pobre comunicación. No podés dar una batalla política contra un relato tan grande como el del Kirchnerismo sin explicar una y otra vez un conjunto de ideas bien ordenadas que muestran tu visión.

Trabajo temas de coaching y storytelling, y cualquiera que sabe un poco de eso sabe que Cambiemos precisaba un antagonista que no fuera el Kirchnerismo, necesitaba articular una discursividad propia, si querés precisaba escribir su discurso de “Parque Norte”. Nunca lo quiso articular, pensó que en la era de los algoritmos no lo precisaba. Un error, porque si algo saben los algoritmos, recomiendo para esto leer a Yuval Noah Harari, es que seguimos siendo seres muy básicos a los que nos gusta que nos cuenten buenas historias políticas que nos persuadan. Cuando decís esto, una capa de la clase media que adhiere a Cambiemos te dice: “yo no quiero relatos, ni ese tipo de populismo de cuentos, quiero que gestionen bien”. El problema es que gestionando mal la economía, Cambiemos ni siquiera tuvo una narrativa sólida para contar que lo respaldara y sostuviera el ánimo popular: con el “estamos convencidos de que este es el camino correcto”, no alcanzó. Las semanas post-PASO deberían haber llenado al oficialismo de argumentos, de palabras que expliquen y motiven, pero hemos escuchado sólo confusión económica y silencios. Frente al cimbronazo de la PASO, reaccionaron mejor sus seguidores yendo a la plaza que los funcionarios. Esa incapacidad para responder a un evento inesperado deja ver que pocas herramientas había en esa caja discursiva.

¿Cómo observan en Brasil la realidad actual de Argentina?

No existe un Brasil homogéneo como no existe una Argentina homogénea. En Brasil, la justicia, con muchas salvedades que se pueden hacer, ha mostrado un cierto avance en casos de corrupción, algo que tiene una debilidad estructural en la Argentina. De modo que lo que más sorprende en Brasil es esa impunidad, esa incapacidad del sistema judicial para ordenar algunas cosas.

¿Hay similitudes y diferencias con ese país en materia política y social?

En los medios argentinos se viven estableciendo similitudes con Brasil, un país con un territorio continental y 240 millones de personas. El año pasado muchos decían que Macri era Bolsonaro, que CFK era como Lula. Por dar un ejemplo, las transformaciones sociales que generó el PT durante su primer mandato, movilizando sectores de las clases populares hacia la clase media, no tienen ningún tipo de parecido empírico con los débiles indicadores de transformación social que mostró el Kirchnerismo. La principal similitud que encuentro es que Brasil en los últimos años consiguió polarizarse como nosotros sabemos hacerlo desde hace décadas. La política en la conversación brasilera era mucho menos relevante hace quince años que hoy, donde familias se dividen o no hablan de política justamente porque se encienden pasiones descontroladas. Esa grieta es una cierta novedad social de los últimos años en Brasil. Y con esas grietas es muy difícil que quien esté en el poder logre algo central: dar la sensación de que gobierna para todas y todos.

¿Cómo imaginas las relaciones de Bolsonaro con un gobierno de los Fernandez?

Yo creo que astutamente Fernández intentará acercarse. Argentina precisa de Brasil más que Brasil de la Argentina. Pero esa pregunta abre un interrogante enorme respecto a la política exterior argentina con los FF. Esa posible victoria puede ser un respiro para Venezuela, país al que quizás el Kirchnerismo le debe algunas gentilezas.

¿Qué es lo que más te sorprende, enoja del periodismo argento?

Que no muestre más las cartas, que juegue a la imparcialidad y al fair play para la platea cuando en realidad tiene reuniones y negociaciones secretas con el árbitro de turno para ver qué y cómo va a informar. Eso genera una confusión enorme en parte de la población menos informada que desconoce la existencia de algunas negociaciones subterráneas y no ve los hilos invisibles de algunas entrevistas en las que las preguntas son caricias. Por último, creo que hace falta más y mejor periodismo de periodistas, pero ya sabemos, entre bomberos no se pisan la manguera

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