lun. Jul 22nd, 2019

Como en el 2015, Macri comenzó a ganar con la elección de su compañero de fórmula

En el 2015, Mauricio Macri le demostró al kirchnerismo que su proyecto político iba en serio cuando abandonó los recelos con Elisa Carrió y el radicalismo y, todos juntos, conformaron Cambiemos. “El tipo quiere ganar mientras nosotros nos peleamos entre los camporistas, los sciolistas, sindicatos y “la Vieja” decide todo” me confesa un dirigente peronista histórico con llegada a los referentes clásicos del Partido de Juan Domingo Perón. La vieja era Cristina que hacía campaña por Daniel Osvaldo Scioli sin nombrarlo. Le había armado la fórmula colocando a su fiel Carlos Zannini. Del otro lado, Macri olvidaba las denuncias de la líder de la Coalición Cívica pues creía que era “ahora o nunca”. El establishment comunicacional y el círculo rojo -incluidos varios oportunistas del macrismo que descreían de su éxito- confiaban en que el Presidente saldría de una batalla final entre Sergio Massa y el ex motonauta. Macri fue de menor a mayor: del 24% del PRO puro a más de la mitad más uno del balotage. Ese año, los heridos de la interna de la Ciudad de Buenos Aires, Macri les dio espacios de poder y colocó a la competidora de Horacio Rodríguez Larreta como compañera de fórmula. Evitó la sangría del radicalismo PRO hacia el massismo o a cualquier otro espacio político.

2019: Cristina Fernández de Kirchner sorprendió a todos ungiendo a su candidato a Presidente. Alberto Fernández podía darle la apertura que ella necesitaba para triunfar en octubre, directamente, en primera vuelta. Fernández, el ex jefe de gabinete, podía sentar a negociar a viejos kirchneristas desencantados con La Cámpora y la soberbia de su líder. Gobernadores peronistas que negociaron poder con Macri, de repente, eran integrantes de Unidad Ciudadana. O, mejor dicho, Unidad Ciudadana se volvía Peronista. Mientras tanto, Macri recibía portazos y reclamos internos: de su gabinete que impulsaba el Plan V al círculo rojo que creía que la historia “estaba terminada”. Como el ave fénix resurgió con una propuesta inesperada, pragmática y audaz: un vicepresidente peronista.

El histórico senador de Río Negro acompañará a Mauricio Macri por cuatro años si es que triunfa en octubre o en un eventual balotage. Los rostros desencajados de Sergio Massa, referentes K y los odiosos tuits de Juan Grabois confirman que la jugada es astuta. Pseudos analistas políticos se indignaban con la noticia pues “¿cómo votarán los macristas a Macri con un peronista de vice?”. La respuesta es simple: El presidente es Macri. Los que cuestionan la decisión son los que celebraron que un vicepresidente como CFK elija a su Presidente. Insólito.

Pichetto abrirá las puertas de gobernadores, sindicalistas alejados del kirchnerismo, la Iglesia pejotista e introducirá en el discurso oficial dos palabras claves: Trabajo y Producción.

El pase de Martín Losteau a lo que antes fue Cambiemos, le podrá asegurar a Rodríguez Larreta una cómoda victoria en la Ciudad de Buenos Aires. LA estructura de fiscalización en municipios como La Matanza, a través de las llaves que maneja Pichetto, asegurarán que María Eugenia Vidal sume unos puntos esenciales para mantener el poder en la provincia de Buenos Aires. Alternativa Federal murió ayer por la tarde. El futuro de Juan Manuel Urtubey estará, tarde o temprano, en el nuevo espacio, posiblemente, llamado Cambio Federal. Gobernadores como Domingo Peppo el cordobés Schiaretti terminarán apoyando esta fórmula para evitar el resurgimiento K en sus distritos, por ejemplo de la mano de Jorge Capitanich. ¿Qué hará Perotti en Santa Fe?

Los mercados celebraron la decisión. No por la fórmula sino porque creen, ahora sí, que Macri gobernará cuatro años más la Nación. Los puristas del macrismo deberían recordar que Cambiemos llegó al poder con más dirigentes peronistas que los que creen: de los punteros del sur de la Ciudad a Diego Santilli pasando por Cristian Ritondo, entre tantos otros. Pichetto entendió, como nadie, que en las próximas elecciones se define el futuro del país pero no entre el peronismo y el antiperonismo sino entre la democracia y el populismo autoritario. Semanas atrás, dije en televisión que el senador era el mejor vocero de Cambiemos. Expresaba el momento político del país mejor que nadie. Ernesto Sanz fue el artífice del pase del año. A muchos, me incluyo, el pragmatismo les hará ruido pero, dado el momento social actual, era la única manera que tenía Macri de mantenerse vivo. 2020 será un año clave para la economía argentina.

Una nueva coalición de gobierno nace. Con más posibilidades de realizar reformas estructurales. Ya no hay excusas: Deberán enterrar definitivamente a los símbolos de la corrupción y la impunidad. El mundo no suele dar segundas oportunidades. Macri y el pueblo argentino podrán tener revancha si se despojan de las ropas con las que se vistieron durante el siglo XX. El mundo cambió.

Por Luis Gasulla

@luisgasulla

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