sáb. Ago 24th, 2019

Los amores de Di Monte, el obispo amigo de los K

Como en una novela de Dan Brawn, pero de poca monta, asistimos a las incoherencias de algunos miembros de la Iglesia, que sumado a las réplicas de algunos periodistas especializados, sólo llevan confusión a fieles desorientados, agnósticos perplejos y ateos sorprendidos o no tanto. Cierto es que se ha tratado de instalar como un nuevo postulado de esa fe que el convento y las monjas donde fue encontrado José López una madrugada de junio, revoleando bolsos, no son tales, aunque todos los caminos indiquen lo contrario. El conocimiento de las autoridades de la Iglesia de la existencia como algo que forma parte, es innegable, o sólo negable en una sociedad de corte medieval, que no sabe discernir entre las cuestiones espirituales y las personas. Monseñor Agustín Radrizziani, Arzobispo de Mercedes Luján, sucesor de Rubén Di Monte, pasó del reconocimiento público de la obra a desconocer como parte de su Iglesia al convento de las monjas Orantes y Penitentes de General Rodríguez. Los amores del arzobispo, la posición confusa de la Iglesia, la real pertenencia que indican los documentos. Exclusivo: el testimonio del personal doméstico de la casa de la familia de Di Monte.

La propia página de la Iglesia Católica en Argentina, que es oficial, publica la carta de despedida de Monseñor Radrizziani en las exequias de Di Monte, y dice textual que “el arzobispo mercedino afirmó que monseñor Di Monte ha regresado a Dios a quién amó y a quién sirvió” y detalló lo que consideró que fueron los “tres amores grandes” en la vida del prelado fallecido:
El primero es un amor grande a la Iglesia a la que sirvió y a la que amó; esta Iglesia de la cual fue designado también secretario ejecutivo en el Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) de la comisión de ministerios por 6 años; después en nuestra conferencia episcopal, fue presidente de Cáritas y presidente de la Comisión de Asuntos Económicos; “él vivió por la Iglesia y para la Iglesia”, aseguró.
“El segundo amor que tuvo en su vida ha sido la santísima Virgen……..Y por eso un gran tercer amor de su vida: la familia misionera, que cubrió tantos desvelos. Él, en cartas que me iba indicando todos los pasos que se iban dando, tuvo y tiene 8.500 miembros aproximadamente, 30 sacerdotes. Esta familia misionera que él fue acompañando a lo largo de 30 años y con este objetivo de ser todos misioneros, lo ha llevado a recorrer muchos lugares de nuestra patria”.  Imposible seguir desconociendo las actividades del Monseñor fallecido.

Según la Iglesia, para conformar una congregación, o una comunidad de fieles que luego sea una congregación hay que seguir los siguientes pasos:

El Obispo diocesano debe erigir una asociación pública de fieles, no privada como se viene diciendo.

El Papa aprueba las constituciones de la nueva congregación, para que esto se lleve a cabo hay que esperar muchos años y no ha sido una excepción Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que se encuentra en ese período, porque es normal, y no porque alguna vez se pusieran en duda las actividades de la misma.

Estos pasos son señalados también por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de vida Apostólica, que funciona en el Vaticano. Es competente para las asociaciones de vida consagrada con el fin de convertirse en Institutos de vida Consagrada, como es el caso del convento de General Rodríguez.

Siguiendo estos pasos, la Familia Misionera de Nuestra Señora de Fátima, nació en 1992, por iniciativa de un grupo de mujeres, en su mayoría uruguayas, la primera acta de la Asociación Hermanas Misioneras Nuestra Señora de Fátima data del 28 de abril de 1992. En diciembre de 1999 esta asociación fue reconocida como una institución de la iglesia por parte del gobierno, por resolución 229.1999 del 7 de diciembre, de la Secretaria de Culto, se aprobó como Instituto de Vida Consagrada, ya que cumplía los requisitos que mandaba la iglesia. En el expediente que se encuentra en la secretaria de culto, figuran los controles de la Inspección General de Justicia, aunque no los balances. Sí hay certificados de exenciones impositivas que habilita la ley, para instituciones que dependen de la Iglesia Católica.

En Uruguay, existe una extensión de esta familia misionera, de la que forman parte muchos sacerdotes, por lo que debe haber una contraparte de la Iglesia Uruguaya y culto al respecto. El mimbro Laico de Montevideo, Guillermo Sosa, con quién se comunico Periodismo y Punto, afirma que son muchos los devotos de madre Alba y Monseñor Di Monte, que su último viaje al vecino país fue en Enero de este año, que hay muchos sacerdotes y laicos de vida consagrada que forman parte de la Familia Misionera, pero al ser consultado por el lugar donde funciona, no quiso especificar, según Sosa, hasta que la Justicia se expida sobre los hechos ocurridos en la Provincia de Buenos Aires.

Existe también, un telegrama del Propio Papa Francisco a la hora de la muerte de Di Monte. Ese telegrama dice textualmente: “Al recibir la triste noticia del fallecimiento de monseñor Rubén Héctor Di Monte arzobispo emérito de esa arquidiócesis, su santidad el papa Francisco expresa a su excelencia su profundo sentimiento de pesar, rogándole tenga la bondad de trasmitirlo a sus familiares así como el clero comunidad religiosa y fieles de esa Iglesia particular Así mismo recordando a este abnegado pastor que con generosa fidelidad entregó su vida al servicio de Dios y de la Iglesia, el Santo Padre ofrece sufragios por el eterno descanso del difunto prelado, a la vez que como signo de fe y esperanza cristiana en el Señor Resucitado imparte con afecto la confortadora bendición apostólica a cuantos lloran tan sensible pérdida”.

Según la declaración testimonial de las dos hermanas orantes y penitentes realizada en el Juzgado del Juez Rafeas el viernes 22 de Julio y publicado en el Centro de Información Judicial, ambas, Marcela Albín y María Casas, señalan sus años de noviciado, su consagraciones con votos perpetuos, una de ellas, Marcela de clausura. Donde además señalan que Celia Inés Aparicio no es hermana sino Madres de las monjas de vida activa, las que se relacionan con la comunidad.

Es una atribución de los fundadores de la orden o congregación, la autorización del uso de un hábito determinado, esto tampoco es algo en lo que Di Monte se encontrara fuera de las normas de la iglesia.

Alba Día de España Martínez Fernández, madre Alba, procede de otra congregación, de la que nada pudimos saber, porque todo en torno a ella es un misterio, es la reverenda madre superiora de la Clausura. Que en los últimos años abandonaba cundo lo necesitaba, se supone que, autorizada por el arzobispo. Al respecto, el personal que atendía la casa de Lujan de la hermana de Monseñor Di Monte, Ana María Novara, “una monja vieja, acompañaba a veces al monseñor y llevaba limones y rosas para la Virgen que tenían allí”.

Ya siendo emérito, retirado de sus funciones de arzobispo, Di Monte tuvo otro amor, la casona de Lujan, en la calle Humberto Primo 874, que ocupaban su hermana y su marido. Allí se reunía periódicamente con otros obispos y arzobispos en reuniones herméticas y secretas, según el personal de servicio de la casa, en el comedor de pisos de madera. Según las mismas personas, cuando él estaba en Lujan y no en General Rodríguez, tras su retiro, paraba en esa casa, la de su hermana, pero que ellos creen era de él, porque la señora cuando sabia que vendría el monseñor, se ponía muy nerviosa ya que debía rendirle cuentas de todos los gastos y movimientos. Además Di Monte había hecho nombrar a hermana como directora de todos los colegios católicos de la zona de influencia de Mercedes Lujan, para tener un control de los fondos recibidos para esas escuelas. El personal consultado cree haber visto alguna vez entrar a esas reuniones al entonces arzobispo Jorge Bergoglio.

Una casa ostentosa con tres comedores, balcones, terraza, quincho y pileta, dónde llegaron a ver hasta seis altos dignatarios de la Iglesia juntos

Los aportes del servicio doméstico referidos al trato de parte de la hermana del monseñor a quienes llamaban “La Obispa” por ser una mujer pretenciosa y de malos tratos, no hablan de una persona que viviera en los preceptos cristianos. Los obligaba a usar uniforme, que les descontaba del sueldo, y pagaba mal y en negro. Sintiéndose no como empleados sino como siervos. En oportunidades de esas reuniones secretas dejaban todo preparado y ella, Ana María Novara, atendía a arzobispos y gente civil que no saben precisar si eran funcionarios, esperaban en la cocina y si ella necesitaba algo los llamaba con una campanita. Nunca supieron el porqué de los apellidos diferentes, Novara y Di Monte, siendo hermanos, “era una casa llena de secretos” apuntaron.

Ana María había vivido con su marido en una casa sencilla, hasta que se mudó a la calle Humberto Primero, dónde se vivía con mucha holgura, y el matrimonio Novara Piaggio, dueño de una distribuidora de cigarrillos, hacían frecuentes viajes al exterior. Poco antes de morir, Di Monte, siempre según los ex empleados del servicio domestico, vendió la casona de Luján y su hermana y marido se mudaron a una más modesta.

Más de ciento veinte millones de pesos recibió Di Monte para las remodelaciones de la Basílica de Lujan, en el transcurso de la década ganada, hoy todos reconocen su pasión por recaudar dinero que se remontan a épocas del menemismo. Esto no lo notó la iglesia en más de 30 años.

El lema parece ser: debes hacer el bien sin mirar a quién, ni de dónde procedía el dinero para llevarlo a cabo, aunque fuera del sobre – precio y la corrupción.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *