sáb. Ago 24th, 2019

Exclusivo: Así pedía Schiavi a De Vido “reventar el lugar” durante el juicio por la tragedia de Once

Horas antes de que terminase el 2015, la constancia y lucha de un grupo de familiares de Once, encabezados por María Luján Rey y Paolo Menghini, lograban que la justicia argentina no mirase para otro lado como en tantas otras oportunidades. Aquella tarde, dos ex funcionarios de renombre como Juan Pablo Schiavi y Ricardo Jaime eran condenados por ser penalmente responsables de la muerte de 52 personas la mañana del 22 de febrero del 2012.

Los días previos a la sentencia dispuesta por el Tribunal Federal Oral Nº2, el condenado a ocho años de cárcel, Juan Pablo Schiavi le escribía a sus ex compañeros en el gobierno kirchnerista contándoles sobre su “cambio real en su vida”. Cero autocrítica, mucho menos, ningún tipo de atisbo de dolor por las víctimas de la tragedia.

Schiavi les explicaba a sus interlocutores que estaba más solo, “mas solitario y reservado” ya que estaba sufriendo y padeciendo “malos días” por “la crueldad de la situación no buscada”. “Nos acusan con la lógica de un programa de TV que de un juzgado” explicaba a Julio De Vido, entre otros funcionarios.

En el colmo del cinismo, Schiavi aseguraba que el juicio estaba enmarcado en “una presencia constante de algunos familiares de víctimas que, en estos días, como escuchan cosas que no le agradan, no concurren a las audiencias”. Consultada por Periodismo y Punta, Elisa Ojeda, tía del fallecido joven Carlos Garbuio, aseguró que “jamás faltamos el respeto a los acusados y luego condenados” y “soportamos estoicamente sus provocaciones yendo, cada día, a las audiencias en silencio y con nuestros carteles”.

Pero para Schiavi todo era “un disparate”. Por esa razón, según la información que accedió Periodismo Y Punto, a Julio De Vido “no estar solo, que seamos muchos además de mi familia los que puedan dar testimonio de quien soy”. A pesar de que confesaba sentir pudor por pedirle apoyo a sus ex compañeros en el gabinete kirchnerista, Schiavi lo pidió. La respuesta jamás llegó. Señalaba que, a pesar de todo, “he tenido que callar, vaya que lo he hecho”. ¿Por qué lo hizo? “No les pido que se coman todo el día pero vengan y que tratemos de reventar de gente el lugar”.

Pero cuando los jueces leyeron la sentencia, Schiavi no tuvo respaldo. Nadie reventó Comodoro Py. Sólo hubo llantos y lágrimas, entre la moderada satisfacción de haber logrado un imposible de los familiares y la infinita tristeza de volver a recordar, una vez más, que nunca más volverán a ver a sus seres queridos. Sólo Schiavi sabe qué sintió en ese momento y de qué le sirvió esa estúpida lealtad a vaya a saber qué ideal ni qué proyecto nacional y popular.

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