vie. Oct 18th, 2019

El “mago” de Lázaro Báez trabajó para el gobierno de la Ciudad

Aparece y desaparece. Maximiliano Goff Dávila o el “mago” del lavado, señalado por Leo Fariña como operador de negocios del empresario K Lázaro Báez, fue contratado de forma temporaria por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2012, según consta en el Boletín Oficial de aquel entonces. Un año antes, en 2011, había intervenido en la compra del campo uruguayo “El Entrevero”, por un proyecto inmobiliario de Lázaro. Esta maniobra millonaria motivó una investigación judicial en el país oriental.

El versátil Licenciado en Administración de Empresas, apodado Milhouse, aparece en diversos rubros como asesoría financiera y economía digital (bitcoins), entre otros emprendimientos, que intentó en Panamá y Estados Unidos

Personaje particular, si los hay, en la llamada “ruta del dinero K”, con pasado de inversiones, negocios fallidos y sociedades anónimas. El gran interrogante es si se trata de un genio financiero utilizado por el poder con una trama perfecta que terminó por derrumbarse o un simple “caza fortunas”, que va metiendo sus narices dónde puede para sacar algo de rédito. Lo cierto es que un año después de la compra de “El Entrevero”, en 2012, Goff Dávila figura como contratado en la Dirección General Políticas de Prevención del Delito dependiente del Ministerio de Justicia y Seguridad. Esta dependencia es “un canal mediante el cuál los vecinos pueden viabilizar sus problemas de seguridad en el ámbito local y encontrar siempre una respuesta por parte de los Coordinadores Comunitarios que actúan en los Centros de Gestión y Participación Comunales, los que canalizan tales inquietudes a la Policía Federal o a las distintas instancias del Gobierno local”, según informa la página web del GCBA. En la misma fecha también fue contratado su hermano, Juan Marcos. No es la primer “aventura” junto a su hermano. Con él, en Noviembre de 2011, constituyó Windsor Advisory Group, dedicada a servicios de asesoramiento en negocios de empresas.

En la “ruta del dinero K”, los implicados tienen múltiples actividades en el mundo empresarial, en Argentina y el extranjero. Aunque no implica que todas ellas sean ilícitas, en el contexto de una gran cantidad de creación de S.A. para adquirir propiedades y un intenso movimiento de dinero difícil de justificar, hace que cada aspecto de sus vidas “profesionales” sean puestas bajo la lupa. Rareza y paradoja, el hombre del lavado de Báez estaba previniendo el delito, al menos por unos meses, en la Ciudad de Buenos Aires.

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