sáb. Jul 20th, 2019

Stiuso: Crónica de la declaración más impactante del 2016

4 días después del asesinato de Natalio Alberto Nisman, el fiscal nombrado por Néstor Kirchner para investigar la causa judicial más importante de los últimos 25 años, dije que lo habían asesinado. Más allá de dichos, discursos y supuestas pruebas, el periodismo no debe traicionar su sentido común. 

La mejor manera de desinformar es con una sobredosis de información. Es lo que hizo el gobierno argentino mientras su Presidenta se victimizaba, jugaba a ser Sherlock Holmes y los servicios de inteligencia tiraban pescado podrido sobre el cadáver caliente. A veces, compramos. Otras, no. En el medio, una impresentable fiscal, integrante de ese invento de Gils Carbó llamado Justicia Legítima, decía que “lamentablemente” no había hallado pólvora en las manos de Nisman. Pisó sangre, se peleó con los testigos -desde Soledad Castro hasta la camarera de un resto de Puerto Madero- y le lloró sus penas a los periodistas especializados. Algunos de ellos tomaron como válida únicamente la voz oficial de Fein. Otros dirigentes la bancaron con buena fe como Elisa Carrió. El tiempo pasó. Inexorablemente.

La pista del misterioso contador Jiménez que había formado parte de sociedades vinculados a Jaime Stiuso, a la ex pareja de Sandra Arroyo Salgado, a tecnología nuclear y SIE, empresa de seguridad del Le Parc, no fue tenida en cuenta. Los llamados telefónicos, mucho menos. Se adulteraron pruebas y se borraron otras.

Diego Lagomarsino era crucificado por la Presidenta pero la justicia le daba los beneficios del martir. Su rol era inentendible. Un diputado nacional diría que el informático era el Telleldín del asesinato de Nisman. El punto oscuro. El dato que no cerraba. Ex integrantes de los servicios de inteligencia rompían el silencio. Jaime era el culpable de todo. De Dios al Diablo. De temido a defenestrado. Había periodistas que se le animaban. Las operaciones se multiplicaban.

Y Jaime volvió al país. Muchos creímos, por información ofrecida por otros espías, que Stiuso no diría nada relevante. Que estaba amenazado. Que había arreglado con CFK. Pero Jaime se despachó con 17 horas entre el sentido común, la contextualización y algunos datos novedosos.

Se fue como entró, como Houdini, delante de 50 periodistas que querían sacarle unas palabras. Los miró y nadie lo reconoció.

Nuestras fuentes nos iban relatando sus dichos en vivo y en directo. Así difundí en tuiter que Stiuso se estaba cargando a la fiscal Viviana Fein y, por ende, a la jueza. Que la causa terminaría en la justicia federal. Que estaba mencionando a Carlos “Chino” ZAnnini, a Oscar Parrilli, a Juan Martín Mena, a César Milani y a “Malena” Fernando Pocino. Es de manual que, en un país en el que los servicios de inteligencia -de una media docena de fuerzas de seguridad- son amo y señor, la justicia debía convocarlos a todos. Saber cómo no se pudo evitar el magnicidio o el suicidio en un baño de un hombre supuestamente desesperado.

Se dijeron mil pavadas. Se distrajo a la opinión pública. Pasó un año. Cambió un gobierno. La justicia comenzó a animársele a CFK. La herencia K quedó al descubierto. Carlos “Moro” Rodríguez, un ex PSA que era amigo de la familia Nisman-Arroyo Salgado, ofreció pruebas concretas de su relación y me aseguró en Perfil.com antes que en ningún otro medio:

“Alberto estaba desde el 2013 en una denuncia que, según él, se cargaría a Héctor Timmerman”

Stiuso fue por ese lado. A Nisman lo mataron por su denuncia. Era un “objetivo” de CFK y su entorno desde hacía un año. “Son monos con navaja” me dijo alguna vez una víctima de uno de los nuevos ricos de la política argentina. La muerte de Nisman fue la excusa perfecta para ir por la ex SIDE, justo a un año de la elección presidencial. En el Poder Judicial estaban armando un Gran Hermano que controlaría a toda la justicia federal. El plan era ambicioso. No pudo ser. La falta de tiempo y una minúscula diferencia de votantes entre Macri y Scioli, lo impidió. Y la mano vengativa de Jaime… Desde el norte.

En 17 horas, Stiuso habló de los planes secretos que escondía el tratado de entendimiento con Irán -el piripipí del Memorándum-. En Perfil.com indagué sobre la pista del uranio enriquecido. Me trataron de desquiciado. Nadie investigó ni llamó a mis fuentes, algunos de ellos testigos directos de la trama. Cristina, según Jaime, le pidió “terminar con el tema Nisman” en enero del 2014. Aníbal Fernández le dijo, según la declaración de Stiuso, “muerto el perro se termina la rabia”. Aníbal, inexplicablemente, fue candidato a gobernador de la provincia más populosa del país y fue bancado por la Presidenta tras la cámara de Lanata con una T a Lanatta con doble T en un penal.

En agosto del 2014 dije que a “CFK lo único que le importa es no terminar presa”. Si se ganaba, mejor. Pero se competiría con los hombres “nuestros”. La mafia no confía su poder en ningún sucesor que no sea un familiar o un cómplice. Sangre y sexo. Única forma de ascenso en la política argentina. Amantes, esposas, hijos, tíos o hermanos. La Cámpora con Máximo -su control en los servicios de inteligencia- y los cómplices que conocen los mil secretos y chanchullos del poder: Aníbal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *