vie. Ago 23rd, 2019

Identidad robada, la desconocida historia rechazada por Abuelas

El robo de identidad, se dé en el contexto que sea, marca a las personas para toda su vida. Es una violación a los derechos humanos. Quiénes lo padecen se transforman en buscadores eternos, cuando lo saben, de ese lado de la vida, que les arrebataron a muchos, al mismo momento de nacer. Nuestro país tiene una trágica historia de identidades perdidas, el robo de bebes durante la dictadura fue el hecho más aberrante que nos toco vivir. Pero hay otras búsquedas de identidad robada, vinculadas a la temporalidad del desarrollo del proceso de reorganización nacional, que merecen ser resueltas, como todas.

Natalia llego a mi vida un viernes cualquiera, con un tío que venía a hablarme de la guerra. Nunca imaginé que me devolvería el recuerdo del aquel año 1983 de una manera tan extraña. Me habló de su familia, de un accidente aéreo que yo recordaba, porque ocurrió cuando mi marido estaba en su cuarto año de la Escuela de Aviación Militar. En aquella época nos conmovimos todos con la muerte de dos jóvenes, en un vuelo de instrucción, que terminó de manera abrupta y fatal. Grande fue mi sorpresa cuando nombre al cadete Walter Goy, quien perdiera la vida en esa ocasión y Natalia me dijera “ese, era mi papa”. En aquella época los cadetes de los institutos militares no podían tener hijos, si sus novias quedaban embarazadas eran dados de baja. No sé porque Natalia llego a mi vida, es algo que nunca tendrá una explicación, pero, como decía mi madre, las cosas pasan por algo. Y es mi firme compromiso que complete su vida. Desandamos la historia y encontré abandono, olvido, desencuentro, secreto, tragedia repetida y una búsqueda incansable.

El único vínculo de esa chica con su padre, era un avión y la Escuela de Aviación Militar, donde se detuvo su vida para siempre. Nunca estuve en presencia de alguien afectado por la falta de identidad, y puedo asegurar que me conmovió hasta los huesos.

Natalia Aveledo nació en Noviembre de 1983, hija de una estudiante de enfermería, que un día de marzo le dijo a su novio que estaba embarazada y nunca más lo vio. Él le había pedido que guardara el secreto, que faltaba poco para que se recibiera. Ella pensó que se había asustado.

El 24 de marzo de 1983, cuando aún faltaban meses para las elecciones que nos sacarían de la dictadura, el avión Mentor de entrenamiento de la Escuela de Aviación Militar de Córdoba, se estrellaba llevándose la vida de Walter Goy y su instructor, Hernán Calderón, que había participado en la Guerra de Malvinas, unos meses antes. El accidente, y aún me pregunto por qué, no se publico en ningún medio, en vano busqué en la web, los archivos de los diarios locales, llamé a las radios, buscando un dato de ese accidente, que por un tiempo largo, pareció un sueño. Hasta me comunique con el fabricante, que tampoco lo tenía registrado, porque el gobierno argentino de entonces, no informaba los incidentes ni los accidentes a ese fabricante, Beechcraft. No encontré un sólo dato sobre el instructor, Hernán Calderón, ni de sus misiones en la guerra, sólo existe en la nomina de pensiones del Ministerio de Defensa. No hay tampoco ninguna publicación que hable del joven piloto que volvió de Malvinas y pocos meses después perdió la vida en un vuelo de entrenamiento. Un verdadero misterio, que abre muchos interrogantes. ¿Estaría Calderón afectado por su participación reciente en la guerra? ¿Estaría en condiciones de instruir alumnos de vuelo?. ¿Fue sólo una fatalidad?. ¿Qué supo su familia de esto?. Son preguntas que algún día se deberán responder.

Finalmente, la periodista de la Voz del Interior Alejandra Conti, consiguió una escueta respuesta de la Fuerza Aérea Argentina, a su pedido de informes sobre el accidente. Un renglón breve, “confirmamos lo que nos pregunta, así ocurrió”.

Y la mama de Natalia, hasta muchos días después siguió pensando que el cadete se había asustado. Hasta que unos compañeros de Goy la encontraron y le dijeron lo que pasó.

Naty, tuvo una vida dura, con una abuela paterna que la aceptó de mala gana y que junto a su tía, se negaron a darle el apellido, nunca supo si cobro seguros de vida, si le correspondía una pensión, nunca supo si le robaron algo más que su identidad, porque jamás le dieron oportunidad de saber qué le habían robado. Nunca supo, si hubiera gozado del mismo beneficio de todos los hijos de aquellos que mueren en servicio, a quienes la Institución les da trabajo, si lo necesitan, no sé si está escrito, pero es así.

Los compañeros de aquella promoción de Goy, que conocían su existencia, nunca la buscaron, ella los encontró muchos años después, son su vínculo, el hilo rojo que la lleva hasta su padre.

Hoy es abogada, y tiene iniciada una demanda por la recuperación de su identidad, en el juzgado del Menor y la Familia del Doctor Marcelo Benítez, del Chaco donde vive su abuela, que se niega a las pruebas de ADN. En el expediente, bajo el numero 137/11, contiene las cartas intercambiadas entre su mama y Goy, que prueban la relación. La caratula es Aveledo, Natalia Azucena c/ herederos universales de Walter Goy. Con el patrocinio de la Doctora Diana Yael Daniel.

La mama de Natalia murió joven y trágicamente, el desamparo la cubrió hasta que su marido la rescato de allí. Hoy tiene una vida llena de amor, como no la tuvo su madre, pero no estará completa hasta que se hagan las pruebas.

Gracias a la intervención de la Sub Secretaria de Derechos Humanos de Chaco, y su titular, Héctor Ortega, este año se acelerarían los pasos de la prueba o de una exhumación.

Natalia recurrió a Abuelas de Plaza de Mayo, yo también lo hice cuando la conocí, nunca nos respondieron, ni se interesaron. Como dije, es una búsqueda de identidad diferente, pero vinculada a la dictadura, con los mismos obstáculos. Conseguir información de aquella época es difícil, no hay predisposición de parte de nadie para aminorar la espera, el dolor, la búsqueda lastimosa de una joven que da pelea sola.

Los compañeros de su padre que recuerdan el accidente, poco le informan, parece ser un tema del que no se debe hablar, o al menos, no desean hablar.

Natalia, además de su prueba de ADN, necesita reconstruir su historia, saber, los que tienen esa información deberían humanizarse y contarle todo lo que recuerdan, así, en silencio o con dilaciones solo suman misterio, al que hace su abuela al asegurar que recibió a su hijo muerto sin haberlo visto, con el féretro cerrado.

Esta es una historia desconocida, el accidente no aparece en ningún registro al que se pueda acceder, la prensa no lo publicó, porque no lo dieron a conocer. Encierra un gran misterio, que será tema de otra investigación, si Natalia Aveledo lo desea, cuando sea Natalia Goy.

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