lun. Mar 25th, 2019

La historia del “club del peaje” y la familia Macri

El juez federal Claudio Bonadio citó a indagatoria a Franco Macri y al hermano del Presidente de la Nación, Gianfranco, en la causa de los cuadernos K. Historia de los negocios de la Patria Contratista con la concesión de autopistas y rutas de la Argentina.

A comienzos de los años 90, el programa periodístico Tiempo Nuevo promediaba 40 puntos de rating en la caliente pantalla del naciente Telefé. Nadie pudo superar el fenómeno de audiencia del periodista Bernardo Neustadt, alguien que le hablaba al “círculo rojo” desde adentro, que coqueteaba con el poder y que era capaz de voltear un ministro. Mientras que se discutían las privatizaciones de las empresas públicas y, por primera vez, empleados de la denominada “Patria Contratista” asumían cargos relevantes dentro de un gobierno, el influyente periodista sentó al titular de SOCMA, Franco Macri, y a su hijo, la promesa del empresariado argentino: Mauricio. Hablaron de asumir el riesgo empresario y Neustadt pidió que le tomaran la fiebre.

El concepto de Patria Contratista había nacido quince años atrás, durante la última dictadura militar. Englobaba a un grupo de grandes empresas, todas ellas proveedoras del Estado, que habían aumentado sus patrimonios a través de jugosos contratos relacionados con la obra pública. Allí estaban Gregorio Pérez Companc, el grupo Techint de Paolo Rocca, Socma con Sideco Americana de Franco Macri, Bridas del fallecido Carlos Bulgheroni y, el kirchnerismo, sumaría a Carlos Wagner, con su firma Esuco mientras presidía la Cámara Argentina de la Construcción.

Mientras Cristina Kirchner declaraba en Noticias del 15 de junio de 1996 que había votado a Menem “en 1989 y en 1995 y no me equivoqué”, el riojano ex Presidente estaba acorralado por causas de corrupción. El lujo, las Ferraris, los nuevos ricos de la Argentina visibilizaban el lado oscuro de la transformación económica del país. El “club del peaje” sería una prueba ensayo de la carterización de la obra pública y su gran negociado durante el kirchnerismo. Según Guillermo Laura, conocido como “el inventor de las autopistas en la Argentina”, cuando Roberto Dromi, era ministro de Obras Públicas de Menem, habría cobrado siete millones de dólares para favorecer a determinadas empresas, que se terminarían quedando con las concesiones de las rutas 2, 3 y 205 por peaje. Laura fue presidente de Autopistas del Sol, firma investigada actualmente por Bonadio. Para Laura “ponían todos”. ¿Quiénes? Aldo Roggio, Techint, Dycasa de Fernando Bolinaga Hernández y Javier Balseiro.

Nada cambió durante el kirchnerismo, a pesar de los discursos contra la Patria contratista y el gran empresariado. Ninguna concesión se cayó. Aumentó la tasa de retorno según lo expresado por Claudio Uberti, el arrepentido, ex titular de OCCOVI- Órgano de Control de Concesiones Viales- . Ejemplo, 20 años después, Dycasa siguió controlando sus sociedades asociadas con Autopistas del Sol, Autovía 2, Covisur y Aunor. La coima siguió su camino. Dromi ya no asesoraba legalmente a la firma Dycasa Dragados y Construcciones SA sino que manejaba el principal ministerio de Menem. Durante el kirchnerismo, volvería a asesorar, en las sombras, a Julio De Vido.  

El kirchnerismo centralizó la coima en el mega Ministro Julio de Vido a través de cuatro grandes cajeros: el citado Uberti (concesiones viales, peaje al peaje), Ricardo Jaime (transporte), Roberto Baratta (minería y energía) y José López (vivienda y obra pública).

El llamado “club del peaje” consistió en la escandalosa concesión de 9.800 kilómetros de rutas de manera carterizada – a través de la ley 17.520-que regulaba el cobro de tarifas o peajes a favor de los contratistas de obra pública. La generosa Dirección Nacional de Vialidad menemista cedió las máquinas. Durante el gobierno de Cristina Kirchner, el diputado Carlos Comi denunció que todo seguía igual: Las empresas aún cobraban por rubros absurdos, como un millón de dólares diarios por cortar el pasto dentro de los terrenos concesionados y/o tapar baches. Es que, el gobierno de Menem heredaba una gestión que había olvidado mantener las principales carreteras del país. La solución fue cederle el poder al contratista. De un presupuesto de 800 millones de dólares durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón se había descendido a 150 millones de dólares durante el alfonsinismo. La recaudación por el impuesto a los combustibles terminaba en otras áreas debido al impresionante déficil fiscal de finales de los ochenta.

La “patria peajera” se repartió las rutas. Roggio se quedó con el 22%, Socma (17%) y Techint otro 11%. Franco Macri tejió políticamente para ser uno de los grandes ganadores. Ex directivos del Grupo formaban parte de la comisión vial del Ministerio de Obras Públicas de Dromi como Escofet, Ramallo, Fanelli Evans y Righini. A través de Servicios Viales SA, Socma consiguió la mayor concesión de rutas por peajes en la historia reciente argentina: rutas 9, 11 y 33. Tres años después, Socma de Franco Macri se asoció con Dycasa e Impregilo. Así nació Autopistas del Sol, hoy investigada por Bonadio. Ellos se quedaron con la licitación para reconstruir el Acceso Norte a Capital Federal. Teóricamente, se invirtieron 424 millones de dólares para una obra que duró dos años. Hasta 1996, el presidente de Autopistas del Sol, fue el denunciante Guillermo Laura. Dromi consiguió la financiación con el Citibank manejado por Guillermo Stanley. Le fue sincero y claro: “Con los peajes, ganamos todos”. El ex hombre fuerte del banco extranjero es el padre de la actual ministra de Desarrollo Social. Dromi tenía razón. Nunca imaginó que la tasa de rentabilidad se multiplicaría de la manera en que lo harían los Kirchner. Aprendices de Menem.

En esa época, Mauricio Macri ya estaba en otra cosa. Su padre no lo acompañaría en su sueño de cambiar la Argentina desde la política y menos desde el fútbol. En Boca Juniors, Mauricio se olvidaría de Socma y la Patria Contratista. 20 años después, los acuerdos “non sanctos” de su padre volverían a ser un enorme dolor de cabeza.

Por Luis Gasulla

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