Crónica en primera persona del asesinato de Sheila, la niña del peluche Hello Kitty

La calle Salguero parece tranquila. En la rotisería de uno de los 24 barrios que conforman el inmenso Trujui recuerdan a la tía de la niña asesinada con cariño. “Venía acompañada por su pareja que la controlaba de afuera pero era una buena mujer, cuidaba a sus tres hijos y estaba embarazada de un varón, no podemos creer lo que pasó. Debe haber sido él” dice la comerciante. Los vecinos de la cuadra aseguran que la convivencia con sus pares de “El Predio” era pacífica. Sin embargo, los que están ubicados al norte de esa inmensa hectárea tomada a la que todos asistían a bailar, 12 años atrás, opinan lo contrario: “Es un desastre. Hacen lo que quieren. Filman videos porno con niños, lo suben a Youtube y a Sheila la obligaron a pelear con otra nena” sentencia una vecina que es amiga de la madre de la niña muerta.

5 días estuvo desaparecida Sheila Ayala de 10 años de edad. Según los investigadores nunca salió del predio. “El Predio” tiene dos accesos -uno de ellos una especie de portón- y está pegado a una fábrica encargada de reciclar basura. Una década atrás, había un boliche de cumbia muy popular pero su dueño terminó muerto y los terrenos fueron usurpados por cinco familias que, con el correr del tiempo, se multiplicaron en diez. Los últimos meses llegaron los vecinos más “zarpados”, entre ellos, los tíos de Sheila y su padre biológico que había conseguido la tenencia de su hija una semana antes de su desaparición.

A Sheila la mataron tras un intento de abuso sexual sus propios tíos.

Fueron ellos quienes instalaron en los medios de comunicación la idea del secuestro de la menor y señalaron al entorno de su propia madre sin aportar precisiones. Estaban ganando tiempo. El cuerpo sin vida de la niña descansaba entre un peluche de Hello Kitty y un colchón destruido por el uso y los bichos. Las moscas sobrevolaban la precaria pieza en la que convivían adultos y menores. Por el balcón del precario departamento -El Predio sería con un conventillo que alcanza en algunas partes construcciones de tres pisos de altura- arrojaron al cuerpo sin vida de la niña desnuda. Al día siguiente de la detención de la tía y madrina de la niña asesinada, Leonela parió su cuarto hijo: un varón sietemesino.

A pesar de que los vecinos digan ante las cámaras que el barrio es tranquilo, Trujui posee una historia siniestra y truculenta. Por esas calles deambularon los secuestradores de Axel Blumberg 14 años atrás. La bailanta todavía funcionaba. Es la zona por la que los saqueos de 1989 afloraron tras su nacimiento en el Gran Rosario. https://www.youtube.com/watch?v=bbNSL5umYqM

En esas calles, punteros del peronismo y provocadores financiados por el ex intendente de Moreno, Mariano West, hicieron lo propio en las tomas y destrucciones masivas de supermercados en diciembre del 2001. Un canal de televisión local, registró al propio West al frente de los saqueos con concejales de Moreno y San Miguel. En Trujui, la tranquilidad es simplemente un vocablo que utilizan los vecinos para calmar las aguas cuando las cámaras se encienden. La venta de estupefacientes y el consumo indiscriminado de paco, “porro y merca” han hecho estragos a las parejas jóvenes del barrio. Las adolescentes quedan embarazadas antes de votar por primera vez. La discusión por el aborto seguro, libre y gratuito no llegó a barrios como Trujui. No hay pañuelos verdes ni celestes. No hay pañuelos. Sólo ranchadas, faso y cerveza. Las familias están desintegradas. El vicio carcome los bolsillos. La inflación golpea los hogares que viven en crisis económicas desde hace tres décadas. Pero la peor de las crisis es social, cultural y educativa.

Una semana antes de que la prensa conociera el rostro de Sheila Ayala, otra niña era degollada por su propia madre en el clasemediero barrio de Flores, en la capital del país. Los crímenes intrafamiliares son cada vez más comunes. Los abusos infantiles se reproducen. Según el fiscal de la provincia de Buenos Aires, Conte Grand, todos los días se reciben cinco denuncias de abusos. El 40% del país vive en la provincia de Buenos Aires. El 80% de ese 40% reside en el vasto conurbano bonaerense. Allí más de la mitad de sus niños son pobres y no terminan el colegio secundario. Las tardes en esas calles resultan interminables. Niños acostumbrados a observar peleas familiares, discusiones violentas, vicios, droga, alcohol y desesperanza.

Cada familia es un mundo y el Estado no puede evitar que un violador abuse de una niña o que la termine asesinando. Sin embargo, sí puede prevenir, educar, concientizar, colaborar con la justicia e instruir a las fuerzas de seguridad. Investigar y denunciar quienes fueron los responsables de Minoridad de darle la tutela a un padre ausente de una niña inocente de diez años. Un Estado que hizo la vista gorda en un predio tomado desde hace diez años, en el que rige la ley del más fuerte, lugar en que, según los vecinos, se prostituyen menores y se festejan peleas de niños como si fuesen gallos. Mito o realidad lo antes mencionado, sí es cierto que la venta de drogas está presente. De ese tema, los vecinos prefieren no mencionar. Por miedo o porque son parte del sistema.

El narcomenudeo fue la estrategia elegida por los grandes carteles sudamericanos del narcotráfico para obtener inmensas ganancias en países como la Argentina. Es el gran desafío que deberá afrontar nuestro país de una vez por todas para intentar evitar que casos como el de Sheila o el de Candela Rodríguez, diez años atrás, no ocurran con tanta frecuencia.

Crónica en Todas las Tardes. Canal 9 https://www.youtube.com/watch?v=6wiK-VSJw-c

Por Luis Gasulla

@luisgasulla

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