VIDEO: Menores armados por las calles de Buenos Aires. Inseguridad y cultura de la violencia 2.0

Como si fuese un juego más, menores de edad manipulan un arma a las 6 de la tarde en pleno barrio de La Boca. Compran algo en el kiosco con el dinero robado apenas hace minutos. Hacen un “acting” de robo con sus propios compañeros pero es la mejor escuela del delito: practicar y delinquir. No es la favela, no es ´Ciudad de Dios´, el filme brasilero. Es Buenos Aires. VIDEO.

PUBLICACIÓN CON IMÁGENES Y CONTENIDO SENSIBLE.

 

Jóvenes que cometen delitos, que se pelean por las redes sociales, que tienen a sus padres presos, que amenazan y glorifican a los “caídos” tras batallas con la policía. Una tarde fría de Julio, cruzan en banda a un joven de 30 años y le roban plata. Metros después la usan para comprar comida en un kiosco de la zona, en una calle cualquiera del pintoresco barrio de La Boca. Pero lo inesperado sucede, no es la policía: el joven asaltado vuelve, los reconoce y los increpa, pelea y los persigue. Todos se conocen, los vecinos los conocen. Asaltantes y asaltados. La historia harta a los habitantes del barrio: los detienen y los van a buscar los padres a la Comisaría porque son menores. Niños pero peligrosos.

Este grupo de chicos queda captado por una cámara de seguridad de un comercio. Y los vecinos están con miedo porque todo se repite: conocen perfectamente quiénes son. Gustavo, uno de ellos, posa en las redes sociales con amigos y su familia. Se amenaza con otros grupos vía Facebook, promete tiros para un “peruano”. Todo abiertamente en la red más popular del planeta.  Postea “Me quiero morir”. Le desea pronta libertad a su padre junto a una foto. Aparece con su hermano y en diversas fotografías con su grupo en los escenarios coloridos del barrio boquense. Con poses de futuro criminal: siempre apuntando con el dedo, simulando armas, que por cierto, las usa.

 

 

Jóvenes que cometen delitos, que se pelean por las redes sociales, que tienen a sus padres presos, que amenazan y glorifican a los “caídos” tras batallas con la policía.

“No te regales porque te meto un tiro”, lanza en un chat  a su contrincante el temible ´sub 21´ Gustavo, y lo que obtiene es una pronta respuesta de aceptar el desafío. Un mar de impulsos sin freno, casi viviendo una realidad ficcionada en la que no parece haber consecuencias, ayudada por la irrealidad que suele generar Internet. Seguro hay reglas y hay códigos: pero no son los de otras épocas, los del célebre ´Gordo´ Valor, los ´señores´ del delito, más emparentados con guapos del ´30, caballeros con fusil que roban con elegancia. Eso sí: si no te resistís. Y el choque generacional es tan abrupto que estos delincuentes clásicos se horrorizan con aquellos chicos que usan armas de fuego casi después de dejar el pañal y matan por un par de zapatillas. En la serie de la TV pública El Marginal, se describe de forma precisa la dura convivencia de los más jóvenes con los de la ´vieja escuela´ del crimen.

 

 

“No te regales porque te meto un tiro”, lanza en un chat a su contrincante el temible Gustavo, y lo que obtiene es una pronta respuesta de aceptar el desafío

Y es que es una generación – millenials o post millenials – atravesada por la inmediatez del mundo digital, la difusa línea de lo público y lo privado, pero enmarcada con el contexto de la Argentina actual, con marginalidad, desocupación y falta de oportunidades. Un combo volcánico, los más de 1 millón de “Ni Ni” (ni estudian ni trabajan), jóvenes azotados por el paco, por las drogas sintéticas, por familias pulverizadas, y por qué no, víctimas a veces de las fuerzas de seguridad. Dos – ó tres – generaciones sin chances de entrar al sistema, recluidos y con un condicionamiento y estigma social tan fuerte que genera que muy pocos, fruto de situaciones muy específicas, esfuerzo (sin duda) y características propias del individuo, logren salir de esa trampa.

 

 

Un combo volcánico, los más de 1 millón de “Ni Ni” (ni estudian ni trabajan), jóvenes azotados por el paco, por las drogas sintéticas, por familias pulverizadas

Historias anónimas y postales sangrientas. Oriundo de Soldati, cerca del barrio que vio el trágico transcurrir de la vida del músico Pity Álvarez. Una más de tantas. Jorge es interceptado por la policía con una moto robada y se produce un intercambio de disparos, por el cuál resulta abatido.

Su hermano lo despide en Facebook casi como un héroe. Y él mismo también ya conoce la cárcel y el mundo delictivo. Se despide en 2.0, como si nada. Jorge agoniza en una sala de terapia intensiva y no hay nada que hacer. Los amigos también empiezan con los comentarios a dar el pésame sin mucha explicación. Un tiempo después este perfil de Facebook desaparece, como la vida de Jorge, un Ni Ni más para la estadística.

 

Jorge agoniza en hospital tras enfrentamiento con policía.

A finales de los ´90 con la debacle menemista la revistas (todavía muchas) y medios hablaban de la inseguridad mucho más que nunca. Emergía como una problemática definitivamente instalada. De los secuestros violentos a famosos y robos a bancos, a las salideras bancarias y luego, cuándo estas no fueron posibles por las medidas de seguridad, se mutó a las ´entraderas´ en casas. Otras modalidades aparecían, al menos captadas por las cámaras, como robos piraña, secuestros express y al voleo, y secuestros para pasear por los cajeros automáticos a la víctima, esto referido más cercano a nuestros tiempos.

Pero a finales del ´menemato´ y principios del nuevo milenio, antes del colapso de 2001, se sumó el paco como droga letal que marcó parte de una generación, a los ´fantasmas´.  Posterior a 2000 eclosionaba también la “cumbia villera”, con una de sus máximas ´si tu viejo es zapatero, zarpale la lata´, en alusión a inhalar el vapor del pegamento. Y siguió Cromagnon, Time Warp (el exponente trágico de las drogas sintéticas que tiene hoy su apogeo) e innumerables tragedias evitables. Entender de dónde venimos para explicar un fenómeno: hoy los asaltantes de pañal tienen su protagonismo y  lo que antes era una excepción (el Petiso Orejudo,  famoso asesino precoz) ahora es una regla. Un país que no genera una política de contención y desarrollo de los jóvenes está condenado, al contrario de lo que diría el ex presidente Duhalde, al fracaso.

 

Sebastián Turtora

@sebiturtora

 

 

 

 

 

 

 

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