Malvinas: la increíble historia del caído que nunca existió

Una Biblia con su nombre, hallada en el campo de batalla, fue usada para identificar erróneamente a otro soldado. Su destino de sufrimiento y pobreza  parece haber sido marcado por ese yerro original. Malvinas y los misterios del cementerio de Darwin: la increíble historia del muerto en combate que no existió.

En el informe británico de entierro que corresponde a la construcción del cementerio militar argentino de Darwin, llama la atención el nombre asignado a una tumba: “Morcileno Mansilo”. Es un nombre extraño. No suena a nada conocido. Peor aún, tampoco está en el listado de caídos argentinos durante la guerra de 1982 en las islas Malvinas.

Con ayuda de informes argentinos, llegamos a dar con un nombre real, Marcelino Mansilla. Es verdadero porque corresponde a un soldado, pero se trata de un veterano que volvió de la guerra. No hay ningún muerto con ese nombre.

Para encontrar la verdad histórica sobre la construcción de cementerio de Darwin, hay que ir a las fuentes, en este caso, el informe británico del enterramiento realizado en 1983. Allí se indica que los civiles contratados por ellos para la tarea de exhumación en 1983 no hablaban español, a pesar de lo cual hicieron los esfuerzos por identificar a los muertos según efectos que acompañaban a los cuerpos. Se deduce que pudieron cometer algunos errores de interpretación sobre escritos en esas pertenencias. En muchos casos, se desecharon objetos enviados desde el continente, para las identificaciones,  como estampitas, rosarios, que llegaban en grandes cantidades para acompañar a los soldados en sus horas más difíciles. Tampoco se consideraron las cartas cerradas y biblias, ya que no eran consideradas como “personales”; podría haber estado estar en tránsito en poder del caído en el momento de su muerte.

Sin embargo, una Biblia en particular, resultó ser el elemento identificatorio de la tumba A 2 8, donde según los sepultureros de Cardozo, coronel británico encargado de la logística de construcción de Darwin, nominaron a Morcileno Mansilo. Un error evidente de interpretación del nombre escrito en español en esa Biblia, o el producto del grado de alfabetización de quién era su verdadero propietario. El informe aclara al margen que el cuerpo fue identificado por “nombre en una Biblia“. Con ayuda de británicos que participaron en la construcción de cementerio  – y que al parecer se dieron cuenta del error y no lo revelaron – llegamos a Marcelino Mansilla.

 

Con ayuda de informes argentinos, llegamos a dar con un nombre real, Marcelino Mansilla. Es verdadero porque corresponde a un soldado, pero se trata de un veterano que volvió de la guerra. No hay ningún muerto con ese nombre.

Él era el verdadero dueño de esa Biblia, a la que puso su nombre en Malvinas.

Marcelino Mansilla vive en un paraje en la provincia de Jujuy. Su vida, al regreso de la guerra, fue un verdadero infierno. Perdió su casa en un incendio, luego a su hijo, su mujer lo abandonó, pagó con la cárcel un delito que no cometió. Hoy es el cuidador del pequeño cementerio del lugar donde vive.

Llegar a él fue un camino largo. Ayudaron otros veteranos; luego, el municipio del paraje donde vive. El objetivo final no era la mera curiosidad. Llegar a su Biblia, que según el informe británico le daba nombre al soldado de una de las tumbas de Darwin, significaría encontrar una pista de quién estaba realmente en esa tumba que lleva su nombre. Marcelino es un hombre reservado, poco dado a hablar. No se podía esperar otra cosa con la vida que tuvo, pero lo que tenía que decir lo dijo y bastó para seguir una pista. Durante la guerra, Marcelino Mansilla perteneció a la Fuerza Aérea, particularmente a la Base Aérea Militar Cóndor (BAM Cóndor), en el istmo de Darwin.

Contó que la Biblia era suya, y la entregó a un compañero. Ese soldado era el que la tenía al morir durante un bombardeo a la base, no él. Sin embargo, una cruz con su nombre estuvo emplazada en el cementerio de Malvinas  por 22 años.

Marcelino Mansilla vive en un paraje en la provincia de Jujuy. Su vida, al regreso de la guerra, fue un verdadero infierno. Perdió su casa en un incendio, luego a su hijo, su mujer lo abandonó, pagó con la cárcel un delito que no cometió. Hoy es el cuidador del pequeño cementerio del lugar donde vive.

La biblia de Marcelino, según pudimos saber,  no fue re-enterrada en la tumba, por no encontrarse en condiciones decorosas, aunque sí había servido para identificar erróneamente a un soldado. Fue enviada junto a otros muchos objetos encontrados, a la Oficina de Prisioneros de Londres. El camino que marcó la Biblia fue seguido por meses, y lo que fue una posibilidad se convirtió en certeza. El soldado de la Fuerza Aérea Luis Guillermo Sevilla, identificado recientemente en la tumba  A 2 8, es quién por años tuvo el nombre de Morcileno Mansilo. La biblia de Marcelino, lo acompañó hasta el final.

Quizás hoy Marcelino encuentre la  paz que no tuvo mientras una tumba llevó el nombre de su biblia en Darwin.

 

“Te encontrare soldado, y tu nombre será un grito.

Te encontrare soldado y tu alma se llenará de luz”

Anónimo, España, Segunda Guerra Mundial.

 

Alicia Panero

 

 

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