Auge y caída del club de la obra pública K. De cuadernos, perros y milagros

Causas y consecuencias. Si Oscar Centeno le hubiese permitido a su ex pareja, Hilda Horovitz, quedarse con Tyson y Buddy, la mujer de 53 años no se hubiese presentado en noviembre del 2017 a denunciar que el remisero de Roberto Baratta era su testaferro. Por ese entonces, la relación de nueve años entre el chofer de uno de los secretarios de Julio De Vido –especializado en la materia energética- y la ex empleada de Yacimientos Carboníferos Río Turbio estaba agotada. HH había aguantado infidelidades, violencia simbólica y física, desplantes de Centeno producto del alcohol y su obsesión por ese poder del que formaba parte y que lo excitaba como nada en el mundo. La codicia y el destrato lo condujo a un error fatal. Centeno le quitó a Horovitz sus dos grandes amores: Buddy y Tyson. El primero era un bello labrador y el segundo un cariñoso Beagle. El colmo del kirchnerismo es que Cristina podría terminar presa por culpa de dos perros.

Mucho antes de que el gran público conociese los cuadernos del obsesivo y detallista Centeno –producto de su educación en las fuerzas armadas, su frustrado deseo de convertirse en escritor y su obnubilación por el joven Baratta y el poder- Néstor Kirchner había diseñado un plan casi perfecto para gobernar la Argentina por 25 años y someter a los grandes contratistas de obra pública. Pero la vida es imprevisible y Néstor encontró una muerte inesperada en el momento menos oportuno. Sus amigos –flamantes empresarios-, al igual que Centeno también pecaron de avaros y comenzaron a dejar cabos sueltos. Del prolijo Ernesto Clarens, Lázaro Báez, prefirió al descontrolado Daniel Pérez Gadín y sus finanzas terminaron descontroladas. Cuando Cristina advirtió que la estaban mexicaneando, las lealtades de antaño entraban en terreno pantanoso. “Los acuerdos eran con mi amigo, no con la señora de mi amigo” dijo Báez. A Cristóbal López lo sometieron con la AFIP de Ricardo Echegaray y siguió aportando como la familia Eskenazi que durante la década ganada consiguieron el milagro de quedarse con una cuarta parte de la empresa estatal más importante del país sin poner un centavo. Milagro Argentino.

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El capitalismo argentino está viciado porque depende, en gran parte, del Estado. Por esa razón, los empresarios obedecen los caprichos de los gobiernos de turno. Kirchner fue astuto y audaz. Con sólo el 22% de los votos construyó poder repentinamente. Nacionalizó el modelo económico corrupto y recaudador de Santa Cruz. Concentró la obra pública, la infraestructura, la tecnología, el transporte público en un flamante ministerio de la planificación de la “recaudación”. Sin plata no se puede hacer política, se confesaba Néstor en su círculo rojo y Julio De Vido fue el elegido en esa titánica tarea de bolsos comprados en Once, cuadernos de almacenero y frescos dólares. Se reformó el estatuto de la Cámara Argentina de la Construcción para colocar al servicial Carlos Wagner titular de Esuco SA –gran enemigo de Báez y el otro ganador de los contratistas del sur-. De Vido tuvo cuatro valijeros: A Baratta lo enterró su chofer con sus cuadernos Gloria, a José López lo psicopatearon para que vaciase su casa en Dique Luján y se refugiase en un convento –no para rezar-, de Claudio Uberti ya nadie lo recuerda pero se hizo famoso acompañando a Antonini Wilson quien traía una maleta venezolana con 800 mil dólares para la Señora Presidenta Cristina y nos queda Ricardo Jaime. El detenido ex secretario de Transporte –según me confesó en mi libro “El negocio político de la obra pública” un afamado contratista- dejaba su oficina argumentando que lo esperaban sus amigos tenistas pero regresaba con las zapatillas sin polvo y el raquetero repleto de billetes. Los cuatro jinetes de De Vido salían semanalmente a recaudar.

Pero el plan de Néstor Kirchner sólo podía triunfar con la inteligencia y el látigo. A sus socios ocasionales en el saqueo –los contratistas- los “caminó” como hacía en Santa Cruz con los poquísimos hombres de negocios patagónicos con los que trataba. Para eso necesitó de la ayuda de la ex SIDE. Cuando conoció sus secretos, miserias, deseos y debilidades los apretó. “Nos dijo que nos metería presos a todos, que tenía carpetas de nosotros y aceptamos lo que nos planteó”, me confesó uno de los diez empresarios más importantes del país.

“Nos dijo que nos metería presos a todos, que tenía carpetas de nosotros y aceptamos lo que nos planteó”

Si durante el menemismo, la SIDE fue su caja político más importante, Kirchner planificó la recaudación en la obra pública. Sacó plata del negocio del juego, la pesca, las fuerzas policiales, entre otras, pero su base más importante de sustentación fue Vialidad Nacional y las oficinas de cada provincia.

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Los diez mandamientos del choreo K tuvieron su bautismo con la reforma de la Basílica de Luján. Allí se posicionó el fallecido obispo Rubén Héctor Di Monte –el amigo de José López-. Los fondos llovían del cielo. Simbolizaba la unión estratégica entre gran parte de la Iglesia Católica con el gobierno kirchnerista y la imagen de un país que superaba la crisis terminal de la Alianza. Es que, cuando faltaban pocos minutos para despedir el martes 13 de junio del 2000, la cruz de hierro de la Basílica de Luján se caía como un año y medio después se desplomaría el presidente Fernando De la Rúa. Kirchner destinó 4.550.000 pesos para restaurar la fachada. Pero saldría mucho más. Terminaría siendo la reforma de los 158 millones de pesos. Néstor no multiplicaba los panes como Jesús pero sí los fondos para Luján a través de Abel Fatala, un funcionario que oficiaba de nexo con la Iglesia y que sería el vocero del proyecto de Sergio Schoklender de construcción de viviendas sociales. Actualmente está procesado. La colaborada cercana a Amado Boudou ya no pasa a buscar información y algo más por el edificio de las Madres. Con la plata de las viviendas no realizadas, Bonafini autorizó la impresión de folletos y financió los carteles públicos para posicionar a Fatala como virtual candidato a jefe de gobierno porteño. El sueño se derrumbó como las casas de Sueños Compartidos.

En la Basílica de Luján participaron Crearban SA propiedad de Ángelo y Fabio Calcaterra y Teximco presidida por el cordobés Marcelo Roca. El primo de Mauricio Macri participó del proyecto del tren bala y del soterramiento del tren Sarmiento. Los resultados no fueron los esperados. Los contratistas resolvían, puertas adentro, cómo repartirse las grandes obras. Cuando Roberto Lavagna, en el 2005, les explicó en sus narices que eso se llamaba carterización, le señalaron la puerta y el ministro de Economía se tuvo que ir. Ejemplos sobran pero Lázaro Báez “no jugaba en Capital por respeto a Ángelo”. Negocios son negocios. pasa a buscar por el edificio de las Madres de Plaza de Mayo el sobre con información y algo más para Fatala. Con la plata de las viviendas no realizadas, Bonafini autorizó la impresión de folletos y financió los carteles públicos para posicionar a Fatala como jefe de gobierno porteño. El sueño naufragó como las casas de Sueños Compartidos.

La movilización permanente de personas, la escenografía triunfalista, la música, los artistas, el abrazo de los deportistas, los periodistas afines, los catering, las charlas, los congresos por el interior del país, las giras internacionales, la compra de medios, los anuncios en cadena, los discursos por la obra que comenzará, por la que está comenzando, por la que se está haciendo, por la que se inaugura y por la que se vuelve a inaugurar –no importa que sea la misma-. Todo cuesta muchísimo dinero. Fueron 12 años y medio de construir poder. Hubo ganadores: los contratistas y el gobierno de turno con sus miles de oportunistas, fanáticos y alcahuetes que se subieron al tren del “vamos por todo”. Y hubo perdedores: los que no conocen una cloaca, el agua potable, no tienen un techo digno o se acostumbraron al barro y a perder lo poco que tienen cuando llueve. Los cuadernos de Centeno grafican parte del mapa del inmenso negociado que construyó Néstor, Cristina, De Vido y sus cuatro valijeros con sus ocasionales socios: los contratistas cómplices del saqueo.

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